En la primera parte de esta serie, analizamos a los gigantes del software empresarial como Salesforce y consultoras como Accenture y cómo levantan muros y cambian nombres para proteger sus imperios ante la amenaza de la Inteligencia Artificial (IA). Pero si nos movemos del mundo corporativo al mundo del consumidor y los creadores, la "ansiedad corporativa" toma un matiz mucho más dramático.
Aquí no se trata solo de proteger márgenes de ganancia; para muchas empresas, se trata de una lucha por la supervivencia. Cuando tu producto principal es algo que la IA ahora hace gratis, o cuando llegaste tarde a la carrera tecnológica y necesitas recursos desesperadamente, las decisiones corporativas se vuelven erráticas y, a veces, invasivas.
Analicemos dos manifestaciones críticas de este fenómeno: el pánico existencial y la apropiación de datos.
El caso Chegg: el canario en la mina
El ejemplo más brutal de cómo la IA destruye un modelo de negocio de la noche a la mañana es Chegg. Esta empresa era, hasta hace poco, una herramienta indispensable para estudiantes universitarios en Estados Unidos. Su negocio consistía en cobrar una suscripción mensual a cambio de ayuda con las tareas, tutorías y soluciones a las preguntas de los libros de texto. Era un negocio sólido y rentable.
Entonces llegó ChatGPT. De repente, los estudiantes tenían en su bolsillo una herramienta que no solo respondía sus preguntas de física, historia o matemáticas al instante, sino que además lo hacía gratis y de forma conversacional. La propuesta de valor de Chegg se evaporó.
El impacto fue inmediato y público. El CEO de Chegg admitió en una llamada con inversores que la adopción de ChatGPT estaba dañando su crecimiento. El mercado reaccionó con pánico: las acciones de la compañía se desplomaron casi un 50% en un solo día. Lo que vemos aquí es pánico existencial. Chegg no hizo nada "mal" en términos tradicionales; simplemente, su servicio se volvió obsoleto.
Desde entonces, la empresa intenta pivotar desesperadamente, anunciando sus propias herramientas de IA y tratando de convencer a los estudiantes de que su "IA especializada" es mejor y más precisa que la general de OpenAI. Sin embargo, es una batalla difícil. Este caso demuestra que en la era de la IA, la lealtad del consumidor es frágil cuando aparece una alternativa que ofrece lo mismo, pero gratis y más rápido.
El caso Adobe y Zoom: la apropiación silenciosa
Finalmente, existe un tipo de ansiedad que lleva a las empresas a traicionar la confianza de sus usuarios. Esto ocurre con herramientas creativas y de comunicación como Adobe, los creadores de Photoshop, y Zoom. Estas compañías se dieron cuenta, quizás demasiado tarde, de que la competencia como Microsoft o Midjourney les gana terreno en la capacidad de generar contenido mediante IA.
Para competir, necesitaban entrenar sus modelos de IA. Pero esta necesita "combustible", es decir, millones de datos, imágenes y conversaciones para aprender. ¿Y dónde estaba ese combustible? En los archivos privados de sus clientes.
Ambas compañías, en momentos distintos del último año, actualizaron sus Términos de Servicio con un lenguaje ambiguo y complejo. En esencia, la letra pequeña sugería que se reservaban el derecho de utilizar el contenido de los usuarios tales como sus diseños en Photoshop o sus videollamadas en Zoom para entrenar a sus modelos de IA.
Fue un movimiento nacido de la desesperación por no quedarse atrás, pero fue un error de cálculo garrafal. Los creativos y las empresas se rebelaron ante la idea de que las herramientas por las que pagan los estuvieran espiando para crear robots que, eventualmente, podrían reemplazarlos. La reacción fue tan negativa que ambas empresas tuvieron que retractarse públicamente y aclarar sus políticas.
Conclusión: el nuevo mapa de riesgos
Lo que une a Salesforce, Accenture, Chegg, Adobe y Zoom no es la malicia, sino el miedo a la obsolescencia en un cambio de paradigma tecnológico.
Estamos en una fase de transición dolorosa. Para el usuario y el cliente, la lección es clara: hay que estar atentos. Cuando un gigante tecnológico siente ansiedad, su primera reacción suele ser transferir ese riesgo al cliente, ya sea mediante subidas de precios encubiertas o peajes de datos, servicios reempaquetados o maquillajes; o cambios en la privacidad con la apropiación de datos. En la era de la IA, entender la desesperación de tu proveedor es tan importante como entender su tecnología.
Las cosas como son.