La economía china ha mostrado signos de debilidad en el último mes, con un comportamiento de las ventas al por menor que ha roto una racha de más de tres años sin retrocesos interanuales. Según los datos publicados este martes por la Oficina Nacional de Estadística del país asiático, las ventas del comercio al por menor de bienes de consumo experimentaron en mayo una caída del 0,38% respecto al mes anterior y del 0,6% en comparación con el mismo período del año pasado.

Este último dato supone el primer descenso interanual desde diciembre de 2022, cuando China todavía estaba saliendo de las restricciones por la pandemia. El indicador, que mide la evolución del consumo privado, es uno de los termómetros más fiables de la salud de la economía china. Su primer retroceso en cuarenta y dos meses ha sido interpretado por los analistas como una señal de que la recuperación del consumo, que había sido uno de los motores del crecimiento del país en los últimos años, se está ralentizando más de lo previsto. El dato llega en un contexto de debilidad del sector inmobiliario y de inversión, que continúa arrastrando a la baja el conjunto de la actividad económica.

A pesar de la caída del mes de mayo, el balance acumulado de los cinco primeros meses del año ofrece una imagen menos negativa, aunque también refleja una moderación significativa del ritmo de crecimiento. Entre enero y mayo, las ventas minoristas de bienes y servicios aumentaron un 2,8% interanual, una cifra que se explica por un comportamiento desigual entre los diferentes segmentos. Por un lado, la comercialización de servicios creció un 5,4%, mientras que la de bienes lo hizo solo un 1,2%.

Esta diferencia entre bienes y servicios refleja un cambio en las preferencias de los consumidores chinos, que están destinando una proporción creciente de su gasto a actividades relacionadas con el ocio, el turismo y la restauración, mientras que las compras de productos físicos, especialmente aquellos de carácter no esencial, se están ralentizando. Los analistas señalan que esta tendencia, que ya se había observado en meses anteriores, se ha acentuado en mayo, posiblemente debido a la incertidumbre económica y a la pérdida de confianza de los consumidores.

La inversión en activos fijos cae y el sector inmobiliario se desploma

Otro indicador que refleja la debilidad de la economía china es el de la inversión en activos fijos, que disminuyó un 4,1% interanual hasta el mes de mayo. Esta cifra, sin embargo, esconde un comportamiento muy diferente entre las diversas categorías de inversión. Cuando se deduce la inversión en desarrollo inmobiliario del cálculo, la caída se modera hasta el 1,2%, lo cual indica que el resto de sectores, como la industria o las infraestructuras, mantienen un ritmo de inversión relativamente estable.

En cambio, la inversión inmobiliaria sufrió un desplome del 16,2%, una caída que refleja la crisis profunda que atraviesa el sector de la construcción en China. La combinación del exceso de oferta de vivienda, el endeudamiento de las promotoras y la caída de la demanda ha provocado una contracción sin precedentes de la inversión inmobiliaria, que arrastra a la baja el conjunto de la economía. El gobierno chino ha intentado estabilizar el sector con diversas medidas de estímulo, pero de momento no ha conseguido revertir la tendencia.

En el comunicado que acompaña la publicación de los datos, la Oficina Nacional de Estadística de China ha ofrecido una lectura prudente de las cifras. El organismo ha señalado que, en términos generales, la economía nacional se mantuvo estable en mayo, demostrando una vez más su resiliencia en el desarrollo. No obstante, ha advertido que el entorno externo es cada vez más complejo y volátil, una referencia a las tensiones geopolíticas, a la guerra comercial con Estados Unidos y a la incertidumbre que rodea la economía global.

El organismo también ha reconocido que el desequilibrio interno entre una oferta fuerte y una demanda débil es agudo. Esta es una de las primeras veces que una institución oficial china admite de manera tan explícita que la economía del país sufre un problema estructural de demanda interna insuficiente. El exceso de capacidad productiva en muchos sectores, combinado con un consumo privado que no acaba de reactivarse, está generando tensiones deflacionistas que dificultan la recuperación económica.

Las tensiones comerciales con Estados Unidos

El retroceso de las ventas al por menor y de la inversión inmobiliaria se produce en un contexto de creciente incertidumbre comercial. Las tensiones entre China y Estados Unidos, que han escalado en los últimos meses con la aplicación de nuevos aranceles y restricciones tecnológicas, están afectando las expectativas de empresas y consumidores chinos. Las exportaciones, que habían sido uno de los pocos sectores que se mantenían firmes, también empiezan a dar muestras de debilidad ante la ralentización de la demanda en las economías desarrolladas.

El gobierno chino ha respondido a esta situación con un paquete de medidas de estímulo que incluyen rebajas de impuestos, incremento del gasto en infraestructuras y facilidades crediticias para las empresas. Sin embargo, los analistas señalan que estas medidas pueden no ser suficientes para contrarrestar las tensiones estructurales que afectan a la economía china, especialmente la crisis inmobiliaria y la debilidad del consumo privado. La recuperación económica de China, que había sido uno de los motores del crecimiento global en las últimas décadas, podría ser más lenta y desigual de lo que se preveía inicialmente.

De cara a la segunda mitad de 2026, las perspectivas para la economía china están sujetas a un alto grado de incertidumbre. La recuperación del consumo privado, que es clave para la sostenibilidad del crecimiento a largo plazo, dependerá en gran medida de la confianza de las familias, que a su vez está condicionada por la evolución del mercado laboral y de los precios de la vivienda. La crisis inmobiliaria sigue siendo el principal factor de riesgo, ya que afecta tanto a la riqueza de los hogares como a la capacidad inversora de las administraciones locales.

El gobierno chino ha reiterado su compromiso de alcanzar el objetivo de crecimiento del 5% para el año 2026, un hito que se presenta cada vez más difícil de conseguir. Los analistas prevén que las autoridades chinas continuarán desplegando medidas de estímulo en los próximos meses, tanto en el ámbito fiscal como monetario, para intentar reactivar la actividad. Sin embargo, la eficacia de estas medidas podría verse limitada por las tensiones estructurales que arrastra la economía china y por el entorno externo cada vez más adverso. Los datos del mes de mayo son un recordatorio de que la recuperación económica de China no es un proceso lineal y que todavía quedan importantes retos por superar.