El comisario de la Unión Europea para las carteras de Vivienda y Energía, Dan Jorgensen, ha lanzado un aviso contundente sobre el impacto que tendrá el conflicto bélico en Irán en el mercado energético europeo durante los próximos meses. Según Jorgensen hay que prepararse para un verano "bastante duro", dado que el mercado mundial está sometido a una presión extrema que afectará directamente a los consumidores y las empresas del continente. El comisario ha advertido que los ciudadanos europeos tendrán que hacer frente a un encarecimiento significativo del transporte aéreo.
"Volar será más caro y, en algunos casos, incluso podríamos ver cancelaciones", ha afirmado el comisario, que ha enmarcado esta situación en el contexto de la escalada de las tensiones geopolíticas y el impacto sobre el precio del combustible. A su parecer, esta situación debería ser una gran llamada de atención para los Estados miembros y para las instituciones comunitarias. "Nos tiene que mostrar que la transición hacia fuentes de energía renovables es absolutamente necesaria", ha insistido.
Precios altos durante meses o años, incluso si se declara la paz
El comisario, en una entrevista en La Vanguardia, ha sido taxativo en sus previsiones sobre la evolución de los precios energéticos. Según su análisis, los precios se mantendrán altos durante un período considerable. "Incluso si mañana se declara la paz, nos esperan semanas, meses y hasta años difíciles en cuanto a los precios de la energía", ha explicado. El motivo de este largo plazo de recuperación es el deterioro que ha sufrido la infraestructura de gas natural de Orient Mitjà, especialmente la de Qatar, uno de los principales proveedores mundiales de gas licuado. Esta infraestructura, según Jorgensen, tardará años en recuperarse de los daños sufridos durante el conflicto.
Preguntado por si augura la misma situación para el mercado del petróleo, Jorgensen ha matizado que esta es una realidad diferente. A su parecer, la producción de crudo puede recuperarse más rápidamente que la de gas, y ha situado el plazo en cuestión de semanas, no de años. Esta diferencia de tiempo de recuperación refleja las características específicas de cada infraestructura energética y su mayor o menor vulnerabilidad ante impactos físicos o tensiones geopolíticas. No obstante, el comisario ha querido enfatizar que el problema de fondo no se resuelve con una recuperación puntual, sino con un cambio estructural del modelo energético europeo.
20.000 millones de euros desde el inicio de la guerra
Jorgensen ha aprovechado la entrevista para poner cifras al impacto económico del conflicto sobre las arcas comunitarias y los consumidores europeos. Según ha explicado, desde que comenzó la guerra en Irán, la Unión Europea ha pagado más de 20.000 millones de euros adicionales por energía respecto a lo que habría pagado en un escenario de precios estables. Este sobrecoste, que afecta tanto a los hogares como a las empresas, pone de manifiesto la vulnerabilidad estratégica de una Europa que continúa dependiendo de las importaciones de combustibles fósiles procedentes de regiones convulsas.
El comisario ha concluido su intervención con una reflexión de fondo sobre el modelo energético europeo. "Mientras importemos más de 370.000 millones de euros anuales en combustibles fósiles, seremos demasiado vulnerables", ha sentenciado. Esta dependencia energética, que se ha puesto de manifiesto con crudeza a raíz de la guerra en Ucrania primero y del conflicto en Irán después, es para Jorgensen el verdadero problema estructural que Europa debe abordar con urgencia.
Su receta exige acelerar la transición hacia fuentes renovables, reducir la dependencia de terceros países y fortalecer la resiliencia del sistema energético europeo ante futuras crisis geopolíticas. El verano que se acerca, con sus precios disparados y las posibles afectaciones al transporte y la industria, será una prueba de fuego para un continente que aún no ha completado su transición energética.
