El servicio de estudios de BBVA ha actualizado sus proyecciones para la economía catalana y sitúa el incremento del producto interior bruto regional en el 2,8% durante el ejercicio de 2025. Esta cifra, que aún debe confirmarse con la publicación de las cuentas definitivas, se sitúa en línea con la estimación de crecimiento para el conjunto de España y consolida un ritmo de expansión superior al registrado históricamente por la economía catalana en el periodo comprendido entre 1995 y 2019, cuando el avance medio anual se situó en el 2,2%.

La entidad ha presentado estas conclusiones en la edición correspondiente al primer semestre de 2026 de su informe monográfico Situación Catalunya, en un acto en el que han intervenido el economista jefe para España y Portugal de BBVA Research, Miguel Cardoso, y el director territorial de la entidad en Catalunya, José Ballester.

El documento de la entidad financiera no solo hace una revisión al alza del cierre del año pasado, sino que también avanza las previsiones para los ejercicios en curso y próximos. Así, para el conjunto de 2026, el equipo de análisis del BBVA pronostica un aumento del PIB catalán del 2,4%, mientras que para 2027 la expansión estimada sería ligeramente superior, del 2,5%. En caso de cumplirse estos porcentajes, la economía regional llegaría el año que viene a superar en 15,6 puntos porcentuales el nivel de producto interior bruto que tenía el territorio en 2019, el año anterior al estallido de la crisis sanitaria de la covid-19, que provocó una contracción sin precedentes en décadas.

El dinamismo de la demanda interna

El estudio del BBVA atribuye este comportamiento positivo a dos grandes vectores. Por un lado, el dinamismo del conjunto de la demanda interna, que ha mantenido una tracción constante en los últimos trimestres gracias a la fortaleza del consumo de los hogares y a la aceleración del gasto público. Por otro, el impulso de dos sectores estratégicos: los servicios privados y los servicios públicos, que han actuado como locomotoras del empleo y de la actividad económica en general. Estos factores han sido capaces de compensar la debilidad persistente del sector exterior, especialmente en lo que se refiere a las exportaciones de bienes, que muestran un comportamiento más apagado y no consiguen arrastrar el crecimiento con la intensidad de etapas anteriores.

En cuanto al mercado laboral, el informe dibuja un horizonte de mejora progresiva. La tasa de paro podría reducirse hasta situarse en una media del 6,8% en el año 2027, una cifra que, en caso de confirmarse, representaría mínimos históricos para la economía catalana en las series comparables. Además, la entidad financiera calcula que entre los ejercicios de 2025 y 2027 se podrían crear alrededor de 175.000 nuevos puestos de trabajo, un volumen que permitiría absorber parte de la población activa que aún no se ha incorporado al mercado laboral o que busca un empleo.

A pesar de las buenas cifras, el servicio de estudios del BBVA advierte que la economía catalana se enfrentará a una cierta desaceleración en el tramo final del periodo proyectado. Esta ralentización, que no supondría una contracción sino una moderación del ritmo de crecimiento, está condicionada por un entorno internacional marcado por las tensiones geopolíticas, un nivel elevado de incertidumbre en las políticas económicas de las principales potencias y un incremento reciente del precio del crudo en los mercados internacionales. Estos factores, que afectan especialmente a las economías abiertas y con un alto grado de integración comercial como la catalana, podrían erosionar progresivamente el margen de maniobra de las empresas y los hogares.

No obstante, el informe matiza que hay varios elementos que continuarán sosteniendo la actividad a pesar de esta coyuntura adversa. Destacan el impulso de las exportaciones de servicios, un sector donde Catalunya tiene un peso relevante en ámbitos como el tecnológico, el consultivo o el logístico. A esto se añade el incremento continuo de la fuerza laboral, alimentado por una llegada sostenida de población inmigrante, lo cual amplía la base productiva del territorio. También jugarán a favor el aumento de las rentas salariales, que refuerza la capacidad de consumo, la caída progresiva de los tipos de interés decidida por el Banco Central Europeo y la aceleración de la inversión pública, especialmente en infraestructuras y transición energética.

El peso determinante de la inmigración 

El estudio pone énfasis en el papel central que está ejerciendo la inmigración en el dinamismo del mercado laboral catalán. Según las estimaciones del BBVA, cerca del 70% del empleo creado desde 2021 corresponde a personas de nacionalidad extranjera, un porcentaje que evidencia la dificultad de ciertos sectores para cubrir vacantes con población autóctona y la necesidad de mano de obra inmigrante para sostener actividades intensivas en trabajo como la hostelería, la construcción, la agricultura y determinados servicios. En este contexto, la entidad financiera señala que el proceso de regularización de personas inmigradas en situación administrativa irregular que está tramitando el Govern español podría afectar aproximadamente a 150.000 personas en Catalunya, lo cual tendría efectos directos sobre la afiliación a la Seguridad Social y la recaudación de cotizaciones.

En cuanto a los datos ya consolidados de 2025, el informe destaca que la afiliación a la Seguridad Social en Catalunya aumentó un 2,1% durante el año pasado. Una de las novedades más relevantes es que este crecimiento se ha extendido con intensidad a las demarcaciones de Tarragona y Girona, que han acelerado la creación de empleo a un ritmo superior al de la provincia de Barcelona en determinados meses. Este comportamiento refleja una cierta desconcentración de la actividad económica y una capilaridad más elevada del crecimiento en el conjunto del territorio.

Por sectores, el estudio señala que los principales motores de la afiliación continúan siendo los mismos que han impulsado el empleo desde 2019: la administración pública, el comercio, las actividades profesionales y científico-técnicas, y el sector de la comunicación y las finanzas. Estas ramas de actividad no solo han consolidado sus niveles de empleo después de la pandemia, sino que continúan avanzando a un ritmo sostenido. En cuanto al consumo de los hogares, el informe concluye que continúa mostrando fortaleza, apoyado en el incremento de las rentas disponibles y en un clima de confianza que, de momento, resiste las señales de incertidumbre externa.