El nivel de afiliación sindical en España ha experimentado un descenso progresivo desde los inicios de la década de los 2000, pasando de un porcentaje alrededor del 15% de los asalariados, una cifra ya de por sí relativamente baja en el contexto europeo, hasta situarse en la actualidad en una franja entre el 12% y el 13%. Estos datos, que provienen de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), miden la tasa de afiliación sindical como el porcentaje de personas asalariadas que están afiliadas a un sindicato. El análisis de estas cifras ha sido recogido en la última edición del Focus on Spanish Society, una publicación editada por Funcas que examina periódicamente diversos indicadores sociales del país.
La trayectoria seguida por España en este ámbito contrasta de manera notable con la de otros países de su entorno. En Suecia, por ejemplo, aunque la afiliación también ha disminuido en las últimas décadas, las tasas se mantienen en niveles muy elevados, alrededor de dos tercios de la población asalariada. En Italia, el fenómeno presenta una estabilidad notable, con cifras cercanas al 30% que se mantienen constantes en el tiempo. Alemania, por su parte, ocupa una posición intermedia, con un descenso que la ha llevado desde más del 20% hasta aproximadamente el 14% actual.
Más allá de la función institucional que los sindicatos ejercen en los procesos de negociación colectiva y en la defensa de los derechos de los trabajadores, el grado de afiliación refleja el nivel de identificación de los trabajadores con estas organizaciones y la capacidad que tienen para atraer nuevos miembros y fidelizar a los existentes. En los últimos años, diversos estudios académicos e institucionales han puesto de manifiesto un proceso generalizado de debilitamiento de la afiliación sindical en muchas economías avanzadas. Esta pérdida de peso es especialmente acusada entre los trabajadores más jóvenes y aquellos que tienen trayectorias laborales más inestables o intermitentes. Los expertos han vinculado este fenómeno a una transformación estructural del mercado de trabajo, caracterizada por el incremento de la temporalidad, una rotación más elevada en el empleo y la profunda transformación de las relaciones laborales tradicionales.
El informe Focus on Spanish Society también pone el foco en los datos proporcionados por el International Social Survey Programme (ISSP), correspondientes a las oleadas realizadas entre 2022 y 2024. Estas cifras sitúan a España en una posición relativamente más favorable cuando se compara con otros países de Europa occidental. Según esta fuente, en el año 2024 la tasa de afiliación sindical alcanzaba el 18% de la población asalariada menor de 65 años. Aunque esta cifra se sitúa por debajo de la de los países nórdicos y de Austria, es similar a la registrada en Alemania, Italia o los Países Bajos. Al mismo tiempo, el estudio destaca el elevado porcentaje de asalariados que nunca se han afiliado a un sindicato, que llega al 66%, un dato que apunta a la limitada integración sindical de segmentos amplios del mercado laboral español.
Brecha generacional y contractual en la afiliación
Los datos de la publicación permiten ir más allá y analizar en qué medida la afiliación varía en función de la edad de los trabajadores y de su posición en el mercado laboral, distinguiendo entre los empleados a tiempo completo y los que lo hacen a tiempo parcial. Si se diferencian los asalariados de 25 a 44 años de los de 45 a 64 años, y también por tipo de jornada, se observa que la afiliación sindical es sustancialmente menor entre los trabajadores jóvenes que entre los de más edad, incluso cuando solo se consideran los empleados a tiempo completo.
En España, entre los trabajadores de 25 a 44 años, el 18% de los empleados a tiempo completo está afiliado a un sindicato, un porcentaje que desciende hasta el 10% entre aquellos que trabajan a tiempo parcial. En cambio, entre los trabajadores de más edad, la brecha según el tipo de jornada casi desaparece. En el grupo de 45 a 64 años, la afiliación es del 24% en los empleados a tiempo parcial y del 26% en los que trabajan a jornada completa. Este contraste sugiere que, una vez alcanzada cierta estabilidad laboral y acumulada una experiencia significativa en el mercado de trabajo, la diferencia entre unos y otros pierde relevancia en cuanto a la decisión de afiliarse.
Esta realidad española difiere sustancialmente de la de los países nórdicos como Suecia, Noruega o Islandia. En estas sociedades, las diferencias por tipo de jornada son reducidas incluso entre los trabajadores más jóvenes, lo que refleja un modelo sindical de carácter inclusivo que consigue captar miembros con independencia de su situación contractual. En estos contextos, la afiliación depende menos de la posición laboral que ocupa la persona. Por el contrario, en buena parte de Europa central y oriental se observan patrones más irregulares y heterogéneos, en un marco general de tasas de afiliación bajas y modelos de relaciones laborales en transformación.
Un reto para la representatividad futura
El diagnóstico que se desprende del informe de Funcas dibuja un panorama en el que los sindicatos en España mantienen una presencia relativamente más sólida entre los trabajadores con trayectorias estables y consolidadas, pero afrontan dificultades crecientes para integrar a los nuevos entrantes al mercado de trabajo y a aquellos que ocupan posiciones más vulnerables o precarias. Este patrón supone un desafío de primer orden para la sostenibilidad de la representación sindical a medio plazo.
La baja afiliación en los segmentos más jóvenes y en los colectivos con contratos a tiempo parcial o temporales limita la necesaria renovación generacional de las organizaciones sindicales y puede contribuir al envejecimiento progresivo de su base social. Además, esta dinámica incrementa el riesgo de que una parte muy sustancial de la población asalariada quede poco representada o tenga una presencia débil en los mecanismos de diálogo social y en la defensa colectiva de sus intereses laborales, lo que puede acabar repercutiendo en la calidad de las condiciones de trabajo y en la capacidad de negociación del conjunto de los trabajadores.