Esta semana hemos seguido conociendo detalles sobre la trama de supuesta corrupción en el negocio de las mascarillas. Estoy segura de que esto es la punta del iceberg y nos queda muchísimo más por ver. No solamente sobre los cubrebocas, donde también se han abierto investigaciones en Galicia, Canarias y Baleares, sino que también llegará el momento para los respiradores, para los test covid, y finalmente, para las mal llamadas vacunas. 

Y mientras todo esto nos abruma, el Supremo decide abrir la investigación por terrorismo contra los líderes independentistas. Llega de nuevo nuestro querido Manuel Marchena, que promete darnos momentos inolvidables. Se trata ahora de ver cómo son capaces de sostener una acusación contra el president por su carisma, nada más y nada menos. Por no haber impedido que la gente se manifestara, a pesar de que la manifestación en el aeropuerto del Prat, organizada por Tsunami Democràtic no conllevase ningún tipo de notificación por incidencia alguna. 

Una manifestación que pasará a ser analizada como terrorismo, donde se acusa a una persona que ni estaba allí ni nada tenía que ver con lo que no sucedió. Pasamos a una nueva dimensión del Derecho, que consistirá en condenar a la gente por no influir en otros para que no hagan lo que no hicieron. Bienvenidos al absurdo inexplicable. Bienvenidos al derribo de los pilares del Estado de derecho.