Los acontecimientos que hemos vivido esta semana, en el inicio del curso legislativo, evidencian que la situación política del estado español ha cambiado mucho en comparación a lo que venía siendo, donde las grandes mayorías pasaban su rodillo y, con el "trágala", imponían su criterio. 

Ahora, los escaños no consiguen sumar lo suficiente como para imponer, mediante decretos del gobierno, su parecer. 

Esta primera sesión del miércoles ha sido la evidencia de que, ahora, al gobierno le tocará sentarse a negociar, dialogar, comprender y respetar que hay otros puntos de vista y que no viven solos. Es, precisamente, el mejor reflejo de la sociedad del Estado: donde los territorios tienen retos bien distintos, objetivos muy diferentes y maneras de entender las soluciones a los problemas diversas. 

Por eso, lo sucedido el miércoles merece una reflexión profunda. Sobre todo, basada en el respeto. No hay que menospreciar a nadie, por muy "pequeño" que sea. 

El independentismo catalán de los de Puigdemont ha dado una lección de política, y no es la primera vez. La cuestión ahora es si estamos preparados para ello.