La IA, como cualquier otra tecnología, puede utilizarse para aquello que su usuario decida. Es, en definitiva, como un cuchillo, que sirve tanto para untar una tostada como para otros menesteres. El mismo Bill Gates lo advertía hace nada y, ahora, los particulares usos que los amigos de lo ajeno están dando en China y Estados Unidos a esta herramienta lo confirman: en el gigante asiático y en norteamérica son habituales las videollamadas en las que conocidos o familiares que acaban no siéndolo piden ayuda monetaria. Los estafadores, por supuesto, no son ajenos a la revolución tecnológica.

descarga (3)

 

Sistemas capaces de replicar caras y voces

En la deepweb, desde hace meses, existen herramientas capaces de replicar voces y caras de particulares mediante las que grupos organizados perpetran las mismas estafas que antes se realizaban a través del correo electrónico. Sabedores de que una imagen o una voz dan veracidad a cualquier petición, articulan relatos en los que personas concretas con nombre y apellidos relatan encontrarse en un aprieto y contactan con familiares o amigos del suplantado. En China echan mano de WeChat, una apliación muy popular allí y similar a Whatsapp. Y en Estados Unidos, como explica The Washington Post, este tipo de estafas (perpetradas mediante clonación de voces o de voces e imágenes) está a la orden del día. De hecho, si ya es posible hasta crear a partir de fotos antiguas vídeos en los que nos hablan personas fallecidas ¿cómo no va a ser posible hacerlo con personas vivas?

descarga (2)

 

Precauciones

Ante estos intentos de estafa, que más pronto o más tarde llegarán a nuestro país, no queda otra que lo de siempre: ser precavido. Conviene, por tanto, desconfioar de cualquier petición inusual que nos llegue a través de las redes y, por supuesto, contrastar cualquier contacto que se acometa hacia nosotros con una llamada de voz -mediante el teléfono, no a través de una aplicación- con quien se supone que nos realiza la petición. En China, los estafadores clonan voces y caras a partir de los vídeos que las víctimas potenciales comparten en la red. Que se empiece a hacer lo mismo en España es cuestión de tiempo.