Con el lanzamiento de la misión Artemis II, el interés por las misiones espaciales ha crecido, poniendo sobre el tapete detalles inimaginables para la mayoría. Uno de ellos es el hecho de que los astronautas no solo orbitarán la Luna, sino que regresarán a nuestro planeta habiendo experimentado un envejecimiento ligeramente más lento que el de quienes nos quedamos en la superficie. El fenómeno responde a una realidad física medible.

Einstein es la respuesta

La base científica de este "viaje al futuro" se encuentra en el legado de Albert Einstein. Su teoría de la relatividad general rompió con la idea de que el tiempo es una constante universal, introduciendo el concepto del espacio-tiempo: un tejido maleable que puede ser deformado por la materia y la energía. En el espacio, los astronautas están sujetos a dos fuerzas que compiten entre sí para alterar sus relojes biológicos:

  • Dilatación del tiempo gravitacional: según Einstein, la gravedad curva el espacio-tiempo. Cuanto más cerca se está de un objeto masivo (como la Tierra), más lento transcurre el tiempo. Bajo esta lógica, los astronautas deberían envejecer más rápido al estar lejos del centro de gravedad terrestre.

  • Dilatación del tiempo por velocidad relativa: aquí es donde el fenómeno se invierte. El tiempo también se ralentiza a medida que un objeto se mueve más rápido. Dado que naves como la Estación Espacial Internacional (EEI) orbitan a unos 28.000 km/h (8 kilómetros por segundo), este efecto de velocidad es mucho más potente que el gravitacional.

El resultado neto es que, al moverse a velocidades tan extremas, el reloj de los astronautas "atrasa" respecto a los relojes en la Tierra. Por ejemplo, tras seis meses en órbita, un astronauta es apenas 0,005 segundos más joven.

Scott y Mark Kelly: evidencias en el ADN

Pero la física no es la única protagonista en esta historia; la biología también ofrece sorpresas. Investigaciones realizadas por la NASA, especialmente el famoso estudio de los gemelos Scott y Mark Kelly, revelaron cambios inesperados a nivel celular.

Los científicos observaron que los telómeros de Scott Kelly —las estructuras que protegen los extremos de los cromosomas y que normalmente se acortan con la edad y el estrés— se alargaron durante su estancia de un año en el espacio. Experiencias similares se notaron incluso en misiones cortas, como la Inspiration4 de SpaceX en 2021, donde los tripulantes mostraron este alargamiento tras solo tres días.

Según ha comentado Scott Kelly en una entrevista para The Observer:

Mis telómeros resultaron ser más largos que los de Mark. Es lo contrario de lo que esperaban los científicos, dado el entorno desafiante en la ISS".

Aunque gran parte de este efecto biológico se revierte al volver a la gravedad terrestre, el estudio confirmó que el cuerpo humano reacciona a la última frontera de formas que apenas estamos empezando a comprender.

Además de los efectos físicos del viaje, la tecnología permitirá que esta experiencia sea compartida con una nitidez sin precedentes. Gracias a una colaboración innovadora, la misión Artemis II se verá como nunca con cámaras inmersivas y Apple Vision Pro. Así, quienes nos quedamos en la Tierra también podemos sumergirnos en la inmensidad del cosmos casi de la misma forma que los astronautas que están desafiando el paso del tiempo.