Gracias a un hallazgo liderado por Yingtian Chen de la Universidad de Michigan, se confirmó la existencia de 87 candidatos a ríos estelares que se asocian a cúmulos globulares. El uso de un algoritmo denominado StarStream, aplicado a los datos de la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea, fue de vital apoyo para lograr este esfuerzo.
Es un descubrimiento sumamente especial, ya que podrían analizarse las huellas de las fuerzas gravitatorias que han existido durante millones o miles de millones de años. Podría ayudar a ejemplificar la masa de la Vía Láctea y la distribución del halo en la materia oscura.
Un descubrimiento que ilustrará cómo es la Vía Láctea
Respecto a los ríos estelares, resulta que no todos son finos y rectos, sino que tienen cambios en su forma; pueden ser más anchos o desalineados respecto a la órbita de su origen. Para poder hablar de esto es necesario saber qué es un río estelar. Mejor conocido como corrientes estelares, se forman cuando un cúmulo globular, que es un grupo compacto de estrellas, atraviesa el campo de gravedad de la Vía Láctea. Para darte un ejemplo, Oleg Gnedin, que es el coautor del estudio, lo ejemplifica de una forma tan básica: lleva una bolsa de arena agujereada en bicicleta y lo que vayas dejando en el aire, eso es lo que ocurre con este fenómeno.
En el terreno espacial, esto no es tan sencillo, ya que cada corriente tiene información sobre la gravedad y todo lo que ha sufrido desde su origen. La forma, grosor y orientación pueden darnos la idea de cómo está distribuida la masa de la galaxia. Los astrónomos indican que son herramientas que pueden ayudar a rastrear la arquitectura invisible del halo galáctico, esa parte de materia oscura que no se puede ver, pero que existe y sostiene a cada una de las galaxias.
Lo que se rescata del estudio es que existen algunas corrientes vinculadas a cúmulos que aún sobreviven y es ahí donde se compara su rastro con el cuerpo de origen. De esta forma, es posible comprender el proceso gravitatorio con una mejor precisión. Después de poder estudiarlo, los astrónomos se percataron de algo inesperado. Las agrupaciones parecen perder estrellas a un ritmo muy alto. Algunas estarían en una fase final que podrían desaparecer y transformarse en una especie de cicatrices de luz.
Así se aplicó el algoritmo para descubrir los hallazgos
La mayor parte de corrientes en las galaxias pudieron detectarse de una forma muy casual o al hacer búsquedas basadas en intuiciones visuales. Gracias a la existencia de StarStream, es posible buscar mediante un modelo físico el comportamiento de las estructuras. Se pueden detectar las configuraciones que no son perfectas y las que son menos evidentes. El algoritmo se aplicó a los datos de Gaia, que pudo cartografiar las posiciones y movimientos de las estrellas entre el 2014 y 2025.
De 20 corrientes que ya se conocían, se encontraron las 87 mencionadas. Es ahí cuando los astrónomos pueden hacer un mejor trabajo: buscar patrones, comparar familias de corrientes y refinar sus propios modelos. La Vía Láctea es un abanico de información para ellos, por lo que podrán saber cómo han ido absorbiendo sistemas que son más pequeños.
De los 87 candidatos, no todos serán fieles; algunos podrían ser una simple contaminación de estrellas que no van acorde a una corriente real. Se someterán a un estudio donde será posible ver su comportamiento, si sufrió de alguna ondulación, desviación o ensanchamiento. También permitirá poder analizar todo el pasado de la Vía Láctea y cómo fue construida hasta los últimos hallazgos que se relacionan con ella.
