El telescopio espacial Hubble lleva más de 35 años observando el universo, pero su futuro depende de un problema que no puede resolver por sí mismo: está perdiendo altura lentamente. Aunque continúa realizando observaciones científicas, la NASA calcula que podría reentrar en la atmósfera terrestre entre 2033 y 2034, lo que pondría fin a una de las misiones más importantes de la astronomía moderna.
La agencia espacial estadounidense está estudiando cómo evitar ese desenlace. El pasado 29 de octubre abrió una convocatoria dirigida a empresas privadas para conocer qué tecnologías podrían utilizarse para elevar la órbita del telescopio, llevar a cabo trabajos de mantenimiento o preparar su retirada cuando termine su actividad.
Todavía no existe una misión de rescate aprobada, pero el tiempo disponible empieza a ser un factor importante. La NASA considera que una intervención para elevar la órbita del Hubble tendría que realizarse previsiblemente antes de 2032, un plazo que obliga a evaluar las posibles soluciones durante los próximos años.
El Hubble pierde altura y podría caer a la Tierra en 2034
Desde su lanzamiento en abril de 1990, el Hubble ha permanecido en una órbita terrestre baja que le permite observar el espacio sin las interferencias de la atmósfera que afectan a los telescopios situados en la superficie. Esa ubicación ha sido fundamental para obtener algunas de sus imágenes más conocidas, pero también hace que su trayectoria cambie lentamente con el paso del tiempo.
Incluso a cientos de kilómetros de altura quedan pequeñas cantidades de gases atmosféricos. Aunque su densidad es extremadamente baja, esas partículas ejercen una ligera resistencia sobre los objetos que se desplazan a gran velocidad. Con los años, el efecto provoca una pérdida de energía orbital que hace que los satélites desciendan progresivamente.
El problema es que Hubble no cuenta con motores capaces de elevar su propia órbita. Durante las misiones de mantenimiento realizadas con los transbordadores espaciales, los astronautas pudieron reparar instrumentos, sustituir componentes y prolongar su vida útil. La última visita tuvo lugar en 2009 y, desde entonces, el observatorio no ha recibido nuevas intervenciones.
La NASA lleva tiempo estudiando las consecuencias de este descenso. De hecho, las estimaciones sobre el riesgo de que Hubble termine cayendo a la Tierra ya habían puesto sobre la mesa la necesidad de preparar su futuro, especialmente por las incertidumbres asociadas a una reentrada no controlada.
Según los cálculos actuales, el telescopio podría alcanzar las capas más densas de la atmósfera entre 2033 y 2034 si no recibe ayuda. No es una fecha definitiva, porque su evolución orbital depende de factores como la actividad solar, que modifica la densidad de la atmósfera superior y puede acelerar o reducir el descenso.
Esto tampoco significa que el Hubble esté a punto de dejar de funcionar. El observatorio continúa trabajando y el problema inmediato que preocupa a la NASA no es una avería concreta, sino el tiempo que podrá permanecer en una órbita adecuada para seguir realizando observaciones.
La NASA estudia enviar una nave privada para rescatarlo
La convocatoria publicada el 29 de octubre es una solicitud de información dirigida a la industria espacial. Con ella, la NASA pretende averiguar qué empresas disponen de tecnologías capaces de acercarse al telescopio y trabajar con él en órbita, así como el coste y las dificultades que tendría una operación de este tipo.
Una de las posibilidades consiste en enviar una nave que se acople al Hubble o interactúe con él de forma controlada para impulsarlo hacia una órbita más elevada. Al alejarlo de las capas atmosféricas más densas, el telescopio perdería altura más lentamente y podría disponer de varios años adicionales para continuar su actividad científica.
La agencia también está abierta a estudiar propuestas de mantenimiento y mejoras de sus sistemas. Una intervención de ese tipo podría resultar más compleja que elevar la órbita, porque implicaría trabajar sobre componentes de un observatorio que fue diseñado para recibir visitas de los transbordadores espaciales, retirados del servicio en 2011.
La tercera opción contempla el final de la misión. Si prolongar su funcionamiento no resulta viable, la NASA quiere conocer las tecnologías disponibles para retirar el Hubble de manera segura, ya sea mediante una reentrada controlada en la atmósfera o mediante otra solución de disposición orbital.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, ha señalado que el telescopio todavía tiene trabajo científico por delante y que merece la pena examinar alternativas innovadoras que permitan aprovecharlo durante más tiempo. Sin embargo, la agencia deberá determinar si las propuestas son técnicamente viables y si sus costes se justifican frente a los beneficios esperados.
Las empresas interesadas tienen hasta el 30 de noviembre de 2026 para responder a la solicitud de información. Esta fase no supone la adjudicación de un contrato ni garantiza que alguna de las soluciones termine convirtiéndose en una operación de rescate.
La posibilidad de intervenir sobre observatorios que ya están en el espacio no es completamente nueva. En 2026 también se conocieron los planes de la NASA para evitar la caída del telescopio espacial Swift mediante una misión de rescate, aunque los requisitos técnicos de ambos proyectos son diferentes.
En el caso del Hubble, uno de los mayores desafíos será realizar cualquier maniobra sin comprometer su integridad. Una nave tendría que aproximarse al telescopio, controlar sus movimientos y efectuar la operación prevista sin dañar una estructura que lleva más de tres décadas expuesta a las condiciones del espacio.
Por ahora, la NASA quiere conocer qué puede ofrecer la industria antes de tomar una decisión. Las propuestas recibidas ayudarán a determinar si existe una solución suficientemente segura y asequible para intervenir dentro del plazo previsto.
Por qué la NASA quiere mantener operativo el Hubble
El Hubble fue lanzado el 24 de abril de 1990 y se convirtió en uno de los observatorios más importantes de la historia. Sus imágenes y mediciones han permitido estudiar la formación de estrellas, analizar galaxias lejanas y mejorar nuestro conocimiento sobre la expansión del universo.
A pesar de su antigüedad, el telescopio sigue siendo útil para los astrónomos. Sus instrumentos permiten realizar observaciones en luz visible y ultravioleta que complementan las del telescopio espacial James Webb, especializado principalmente en longitudes de onda infrarrojas.
Esta combinación permite estudiar los mismos objetos desde perspectivas diferentes. Mientras Webb puede observar estructuras ocultas por el polvo y detectar objetos muy distantes mediante su radiación infrarroja, Hubble continúa aportando información sobre otros procesos físicos y características de las estrellas y galaxias.
El observatorio sigue produciendo resultados e imágenes científicas. Entre sus trabajos recientes se encuentran las observaciones de estrellas antiguas que destacan sobre el fondo oscuro del universo, una muestra de que el telescopio todavía puede aportar información valiosa después de más de tres décadas en funcionamiento.
Otro de sus puntos fuertes es el registro acumulado durante todos esos años. Los astrónomos pueden comparar observaciones realizadas en diferentes momentos para estudiar cambios en objetos celestes, algo especialmente útil cuando los fenómenos evolucionan durante periodos prolongados.
Sin embargo, elevar la órbita no resolvería todos los problemas relacionados con su envejecimiento. Los instrumentos, los sistemas electrónicos y los componentes mecánicos también tienen una vida útil limitada, por lo que cualquier misión deberá considerar el estado técnico del observatorio antes de intentar prolongar su funcionamiento.
La NASA tendrá que valorar cuánto tiempo adicional podría ganar el telescopio y qué trabajos científicos sería capaz de realizar durante ese periodo. También deberá garantizar que, cuando llegue el momento de retirarlo, su reentrada o disposición final se efectúe de manera segura.
Las respuestas de las empresas permitirán conocer las alternativas disponibles, pero todavía quedarán por delante los estudios técnicos y la posible aprobación de una misión. Si la agencia decide elevar su órbita, tendrá que hacerlo previsiblemente antes de 2032, varios años antes de la fecha estimada para su reentrada.
Después de más de 35 años observando el universo, Hubble sigue teniendo una misión científica que cumplir. La cuestión que la NASA intenta resolver ahora es si las nuevas tecnologías espaciales podrán darle más tiempo para continuarla.
