Uno de los mayores terremotos de la historia provocó una onda de rebote que movió Japón de su posición

Han pasado 15 años y todavía seguimos encontrando consecuencias del terrible terremoto Tōhoku que afectó a Japón en el año 2011. Un terremoto de magnitud 9,1, de los más potentes jamás registrados, que generó un tsunami devastador y la crisis nuclear de Fukushima. Además de ocasionar 15.859 muertos, 2.556 desaparecidos y 6.152 heridos. Pero ahora se ha encontrado algo más, una onda que rebotó en las capaz profindas de la Tierra y que desplazó Japón varios milímetros.

Japón pudo desplazarse entre 5 y 6 milímetros por una onda que rebotó en el interior de la Tierra

A la espera del peor terremoto jamás registrado que podría suceder muy pronto, Japón sufrió uno de los más importantes nunca registrados hace solo 15 años. Un terremoto que tuvo terribles consecuencias, tanto materiales como personales. Sin embargo, lo que no se sabía hasta ahora es que el propio país se pudo haber desplazado unos milímetros. Y no por el propio terremoto en sí.

Según el análisis de la Universidad de Chicago, liderado por la sismóloga Sunyoung Park, una onda sísmica que viajó hasta las profundidades de la Tierra y volvió a la superficie terrestre. Se estima que habría descendido unos 2.900 kilómetros hasta la frontera entre el manto terrestre y el núcleo externo, donde el interior del planeta cambia de comportamiento, y allí no siguió avanzando, sino que rebotó hacia la superficie.

Tras su recorrido, la onda habría regresado a Japón con la fuerza suficiente para provocar un pequeño desplazamiento del terreno hacia el este, de unos 5 a 6 milímetros. Puede parecer una cantidad insignificante a simple vista pero es importante en términos geológicos, ya que lo habitual es que el suelo oscile tras una onda sísmica y vuelva a su posición original.

La explicación más probable es que la onda reflejada habría actuado como un empujón tardío sobre una falla que ya estaba cargada de tensión. Es decir, no habría provocado otro gran terremoto, sino un deslizamiento muy repartido en la zona de contacto entre placas tectónicas.

El movimiento habría liberado una energía comparable a la de un terremoto de magnitud 7,5, pero sin comportarse como una ruptura concentrada. Al estar distribuido sobre una superficie enorme, el resultado en superficie fue mucho más discreto: milímetros en las mediciones, no una nueva sacudida que habría sido devastadora.