Se ha descubierto en las ruinas de la, primero, fortaleza militar y, después, ciudad romana de Novae, en Bulgaria, data del siglo I y es poco más que un recipiente hecho con placas de cerámica hundido en el suelo, pero se le considera ya el primer refrigerador del que se tiene noticia en una instalación militar romana. Lo ha descubierto un equipo de arqueólogos de la Universidad de Varsovia.

Campamento de Novae
Campamento de Novae

Más bien, una fresquera

En realidad, más que como una nevera, debería definirse como una fresquera similar a la que utilizaban nuestros bisabuelos, aunque con una diferencia: en lugar de ser una jaula de tela metálica y madera colgada del techo o apoyada en una pared, era un recipiente enterrado el que había, incluso, espacio para un cuenco en el que se supone que se depositaba algún líquido o material destinado a ahuyentar a los insectos. En el interior de este antiguo precedente de las neveras actuales se localizaron fragmentos de vasos y huesos de carne que había sido sometida a algún tipo de cocción, por lo que se entiende que estamos ante un espacio para conservar alimentos perecederos junto a, muy probablemente, hielo o nieve.

Nevera romana
Nevera romana

Poco frecuentes

Aunque se tiene constancia de que los romanos utilizaban este tipo de estructuras, es muy extraño localizarlas con el grado de conservación que tiene la del campamento de Novae y tampoco es habitual encontrarlas en recintos militares. En este caso, estaba en las dependencias reservadas para el cuerpo de mando. El campamento cuenta también con una completa red de abastecimiento de agua que surtía a unas termas públicas y a diferentes letrinas. La presencia de este tipo de equipamientos y la de la antigua nevera, de la que se supone debieron existir más ejemplares, da buena muestra de la preocupación que los antiguos romanos tenían por la salubridad.