Se supone que las tres cosas principales que hay que hacer en la vida son tener un hijo (o hija), escribir un libro y plantar un árbol. La primera de las tres todo el mundo sabe cómo se hace y qué implica y la segunda, gracias a las numerosas opciones de autoedición que hoy existen están al alcance de cualquiera. La tercera opción, quizá la más sencilla, es la que menos interés genera. Si no eres capaz de encontrar razones para hacerlo ahí van unas cuantas:

Amortiguan ruidos y retienen partículas de polvo
Las masas boscosas amortiguan el ruido que generan grandes infraestructuras como autovías, vías férreas o, incluso, centros logísticos. Al tiempo, retienen las partículas de polvo en suspensión, lo que resulta muy interesante en un momento en el que las alergias están a la orden del día y cada vez afectan a más personas.
Liberan vapor de agua y convierten CO2 en oxígeno
Los árboles liberan vapor de agua en el ambiente y, con ello, lo refrescan y humedecen. También convierten el CO2 en oxígeno mediante la fotosíntesis y, por eso, empresas como Hunosa plantan bosques sobre antiguas escombreras dentro de un proyecto al que denominan minería inversa. Cada árbol funciona también como un ecosistema en pequeño que alberga insectos y otros animales y protege el suelo de la erosión. Su papel en el ciclo del agua es clave, ya que retienen el agua de lluvia y devuelven parte de ella mediante la evaporación. Cada árbol que se siembra garantiza agua para hasta tres personas.