Una empresa ha retomado una idea surgida en la década del noventa, según la cual es posible "vender luz solar bajo demanda". Esta semana, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos aprobó el lanzamiento de Eärendil-1, el primer satélite de la startup californiana Reflect Orbital.
La autorización actual contempla únicamente un satélite experimental. En esta primera fase, Reflect Orbital busca demostrar que es factible captar la luz del Sol en el espacio exterior y rebotarla hacia puntos específicos de la Tierra donde ya es de noche.
Un espejo de 18 metros y miles de dólares la hora
El Eärendil-1, cuyo nombre toma de inspiración a un legendario marino de la mitología de J.R.R. Tolkien, volará en una órbita de 625 km de altura y desplegará un espejo ultradelgado de 18 por 18 metros. Estas dimensiones le permitirán iluminar un círculo de aproximadamente 5 kilómetros de diámetro en la superficie durante períodos acotados.
Reflect Orbital tiene previsto realizar el lanzamiento de prueba durante el próximo semestre. De concretarse con éxito, la empresa proyecta lanzar más de 1.000 satélites para 2028 y hasta 50.000 espejos hacia 2035.
El plan de la startup rescata la idea central del proyecto Znamya, lanzado por la agencia espacial rusa Roscosmos en 1993. En febrero de aquel año, Rusia desplegó un espejo gigante en el espacio para redirigir rayos solares a la Tierra; aunque la prueba inicial demostró que era técnicamente posible, los desafíos de escalabilidad y costos marcaron su fin.

Reflect Orbital promociona su proyecto como una solución logística clave para situaciones de emergencia, permitiendo iluminar zonas afectadas por terremotos, inundaciones o apagones sin depender de generadores locales. También propone su uso en obras de construcción nocturnas o para permitir que los parques fotovoltaicos sigan generando energía eléctrica tras el atardecer. En cualquier escenario, el costo estimado para contratar esta "luz a demanda" rondará los 5.000 dólares por hora.
El efecto de privatizar la oscuridad
A pesar de los beneficios que exaltan sus creadores, la comunidad científica advierte sobre riesgos que podrían alterar el entorno natural. La noche no es solo un período de sombra, sino un regulador biológico fundamental. Alterar la iluminación natural desde el espacio podría provocar severas perturbaciones en los ritmos circadianos de la fauna nocturna, las rutas migratorias de las aves y el equilibrio de los ecosistemas locales.
El temor se extiende de igual manera entre los astrónomos. La presencia de una constelación masiva con decenas de miles de espejos amenazaría la observación astronómica desde la Tierra, arruinando las imágenes del espacio profundo debido al brillo artificial constante.
A esto se suma el inicio de un debate ético y legal inédito sobre la propiedad de la noche, la soberanía del espacio aéreo y la regulación de la luz orbital. Si bien Eärendil-1 representa una proeza de ingeniería comercial, la iniciativa nos fuerza a reflexionar sobre el límite entre la innovación energética y la necesidad de preservar la oscuridad natural del planeta.