Los arqueólogos creen haber encontrado el naufragio más antiguo del mundo: se hundió hace 4.500 años

Hace aproximadamente 4.500 años, cuando los antiguos egipcios construían las grandes pirámides, una embarcación comercial navegaba por las aguas del Mediterráneo oriental transportando mercancías en grandes recipientes de cerámica. Su viaje terminó frente a la costa de la actual Turquía, donde parte del cargamento quedó atrapado entre las rocas del fondo marino.

Los restos encontrados cerca de Kekova, al oeste de Antalya, podrían corresponder al naufragio más antiguo descubierto hasta ahora. Los arqueólogos calculan provisionalmente que el barco se hundió entre los años 2700 y 2400 a. C., una antigüedad que superaría la del conocido naufragio de Dokos, en Grecia, fechado hace aproximadamente 4.200 años.

El yacimiento fue descubierto en 2024 por un equipo dirigido por Hakan Öniz, de la Universidad de Akdeniz. Aunque la madera de la embarcación ha desaparecido, sus recipientes de cerámica ofrecen pistas sobre la época en la que navegó y las mercancías que pudo transportar. El hallazgo podría ayudar a reconstruir las conexiones comerciales que existían entre distintas regiones del Mediterráneo durante la primera Edad del Bronce.

Un barco de la Edad del Bronce que desapareció frente a Turquía

El yacimiento se encuentra en aguas poco profundas de la costa de Kekova, una región conocida por la abundancia de restos arqueológicos submarinos. Los objetos aparecieron dispersos sobre una pendiente rocosa situada entre dos islas, donde permanecieron durante milenios expuestos a las condiciones del fondo marino.

Hakan Öniz llevaba décadas investigando naufragios en esta parte del Mediterráneo cuando, siguiendo indicaciones de navegantes locales, localizó los restos del cargamento. Del barco no se conserva una estructura de madera reconocible, pero numerosos recipientes permanecieron atrapados entre las rocas y fueron recuperados durante los trabajos de excavación.

Una de las explicaciones que manejan los investigadores es que la tripulación intentó refugiarse en una zona protegida durante una tormenta. La embarcación pudo chocar contra las rocas y perder parte de su cargamento, aunque todavía no se conoce con certeza qué provocó el accidente ni cuál era su destino.

La antigüedad propuesta convierte el descubrimiento en un candidato especialmente importante para la arqueología naval. Hasta ahora, uno de los principales referentes para estudiar los naufragios de la Edad del Bronce era el barco de Dokos, encontrado frente a las costas de Grecia y datado aproximadamente hace 4.200 años.

Si los análisis confirman la cronología de Kekova, el nuevo yacimiento podría adelantar varios siglos la evidencia arqueológica de una embarcación comercial hundida en el Mediterráneo. Sin embargo, los investigadores reconocen que la fecha todavía está en estudio y que los resultados definitivos podrían situarlo algo antes o después del periodo inicialmente propuesto.

La arqueología submarina ha demostrado que incluso un cargamento fragmentado puede aportar información sobre barcos desaparecidos. En el Mediterráneo, por ejemplo, el análisis de las ánforas de un naufragio romano en las islas Formigues permitió identificar restos de resina, una pista sobre los materiales utilizados para transportar y conservar productos en la Antigüedad.

Las vasijas de cerámica recuperadas del fondo marino podrían revelar qué mercancías transportaban los barcos comerciales del Mediterráneo durante la Edad del Bronce.
Las vasijas de cerámica recuperadas del fondo marino podrían revelar qué mercancías transportaban los barcos comerciales del Mediterráneo durante la Edad del Bronce.

Las vasijas de cerámica son la principal pista sobre su antigüedad

La ausencia del casco dificulta fechar directamente la embarcación. Por eso, los investigadores han centrado buena parte de su trabajo en la cerámica recuperada, cuyas formas y técnicas de fabricación permiten establecer comparaciones con piezas encontradas en otros yacimientos.

Entre los objetos aparecen grandes recipientes de cuerpo ovalado, base plana y dos asas. Algunos presentan una franja horizontal de arcilla en relieve alrededor de su parte más ancha, una característica que permite relacionarlos con determinados tipos de vasijas utilizados en el Mediterráneo oriental durante la Edad del Bronce.

La arqueóloga Karin Sowada, especializada en el estudio de las relaciones entre el antiguo Egipto y sus vecinos, participó en el análisis de estos materiales. Las semejanzas con recipientes conocidos llevaron al equipo a proponer una datación entre 2700 y 2400 a. C., aunque todavía se están evaluando otras posibilidades cronológicas.

La cerámica es especialmente útil para estudiar sociedades antiguas porque sus características cambiaron a lo largo del tiempo. La forma de los recipientes, los materiales empleados y los métodos de fabricación pueden ayudar a identificar su procedencia y el periodo en que fueron utilizados, incluso cuando solo se conservan fragmentos.

Los investigadores creen que algunas de las vasijas, o al menos la arcilla utilizada para fabricarlas, podrían proceder del valle central del Jordán. De confirmarse, sería una pista importante sobre el origen de una parte de las mercancías, aunque no demostraría por sí sola que el barco hubiera iniciado allí su recorrido.

También se han identificado residuos visibles en algunos recipientes. Todavía no se ha determinado su composición, pero podrían corresponder a productos habituales en el comercio de la época, como aceite, vino o resinas vegetales. Los análisis químicos pendientes serán necesarios para comprobar qué contenían realmente las vasijas.

La posibilidad de que el cargamento procediera de varios lugares tampoco está descartada. El barco pudo haber recogido mercancías en diferentes puertos antes de llegar a la costa de Anatolia, una hipótesis compatible con las redes de intercambio conocidas en el Mediterráneo oriental, aunque todavía no puede reconstruirse una ruta concreta.

El hallazgo puede revelar cómo comerciaban las primeras civilizaciones

El naufragio pertenece a un periodo del que se conservan muchas menos evidencias marítimas que de épocas posteriores. Durante el tercer milenio antes de Cristo ya existían intercambios entre Egipto, el Levante mediterráneo y otras regiones, pero todavía quedan importantes preguntas sobre los recorridos de los barcos y la organización de aquellas redes comerciales.

El antiguo Egipto desempeñaba un papel destacado en estos contactos. Durante la época de las grandes pirámides, sus gobernantes obtenían del exterior materiales como madera de cedro, metales, resinas, plata y piedras semipreciosas que no estaban disponibles en cantidades suficientes dentro de su territorio.

Uno de los principales centros de intercambio era Biblos, en la costa del actual Líbano. Desde allí circulaban mercancías hacia Egipto y otras zonas del Mediterráneo, aunque resulta difícil determinar si los productos viajaban directamente entre sus lugares de origen y destino o pasaban por diferentes intermediarios.

La importancia de las rutas acuáticas también se aprecia en el propio territorio egipcio. Las investigaciones sobre un antiguo brazo del Nilo que pudo facilitar el transporte de materiales utilizados en la construcción de las pirámides muestran hasta qué punto los ríos y las vías navegables resultaban fundamentales para mover mercancías y personas.

En el Mediterráneo, esos intercambios podían abarcar distancias considerables. Los análisis de objetos de plata encontrados en contextos egipcios de alrededor del año 2600 a. C., por ejemplo, apuntan a materiales procedentes de las minas de Laurión, cerca de la actual Atenas.

Esto no significa necesariamente que los barcos egipcios realizaran todo el recorrido. Las mercancías podían pasar por distintas embarcaciones y puertos antes de llegar a su destino, y el naufragio de Kekova podría representar uno de los eslabones de ese sistema de distribución.

Su importancia también reside en lo poco que se conoce de las embarcaciones comerciales de aquel periodo. La madera suele desaparecer con el paso de los siglos, mientras que los recipientes de cerámica pueden conservarse durante milenios, ofreciendo información sobre las mercancías y los contactos entre comunidades.

En otros lugares del Mediterráneo, el descubrimiento de un barco del siglo XV bajo el antiguo Mercat del Peix de Barcelona ha permitido estudiar técnicas de navegación y construcción naval de una época mucho más reciente. El interés de Kekova está en que podría aportar información sobre un periodo del que apenas se conservan restos directos del transporte marítimo.

Los arqueólogos todavía deben completar el estudio de la cerámica, analizar los residuos y publicar sus conclusiones en una revista científica revisada por pares. Hasta entonces, la identificación como el naufragio más antiguo del mundo sigue siendo provisional, aunque la datación inicial lo sitúa entre los candidatos más antiguos conocidos.

Si se confirma, el cargamento de Kekova permitirá investigar cómo circulaban las mercancías por el Mediterráneo cuando las primeras grandes civilizaciones mantenían contactos comerciales a larga distancia. Las vasijas recuperadas podrían revelar de dónde procedían algunos de aquellos productos y qué papel desempeñaban las embarcaciones que conectaban los puertos de la Edad del Bronce.