El catalán es la lengua habitual dentro de la mayoría de entidades del tercer sector social y también la más utilizada para iniciar la atención a los usuarios. Sin embargo, la necesidad de garantizar que las personas entiendan el servicio provoca a menudo el cambio al castellano o, en casos concretos, a otras lenguas. Así lo recoge el informe Usos lingüísticos en el tercer sector, presentado este miércoles por el CIEMEN, que describe como "predominante" la presencia del catalán en la comunicación interna de las organizaciones.
Un uso mayoritario, pero poco formalizado
Aproximadamente tres cuartas partes de las entidades encuestadas afirman que trabajan internamente sobre todo en catalán, un porcentaje que llega al 80% si se incluyen las que también lo sitúan por encima del castellano. En cambio, cerca de una quinta parte utiliza preferentemente el castellano. Esta presencia del catalán, sin embargo, no acostumbra a estar regulada: menos de la mitad de las organizaciones dispone de un protocolo lingüístico escrito, mientras que el resto no lo tiene, desconoce su existencia o todavía lo está elaborando.
El 60% inicia la atención en catalán
En el contacto con los usuarios, un 60% de las entidades empieza habitualmente la conversación en catalán, un 20% lo hace en castellano y el 20% restante combina las dos lenguas o se adapta directamente a la de la persona atendida. Cuando el usuario no entiende el catalán, seis de cada diez organizaciones intentan mantenerlo si hay una comprensión mínima, mientras que dos de cada diez pasan inmediatamente al castellano para asegurar una atención fluida. Según el estudio, el cambio se debe principalmente a la voluntad de garantizar la comprensión y solo puntualmente a los hábitos o al perfil lingüístico de los profesionales.
Las entidades valoran positivamente el catalán como una herramienta de inclusión y de acceso a oportunidades sociales y laborales, pero también reconocen que priorizarlo puede dificultar la atención inmediata en determinadas situaciones. La afirmación que genera menos acuerdo es que el catalán tenga que ser siempre la lengua inicial en la acogida. El informe también constata una distancia entre las directrices de la administración y la realidad cotidiana: pocas organizaciones conocen la normativa lingüística y la mayoría asegura que no recibe orientaciones específicas o que las indicaciones son insuficientes y poco aplicables.
Falta formación para mantener el catalán
A pesar de esta falta de apoyo, muchas entidades actúan como puente entre las personas recién llegadas y los recursos para aprender catalán, especialmente a través de derivaciones al Consorci per a la Normalització Lingüística. La mayoría de los profesionales, sin embargo, no ha recibido formación en gestión lingüística y reclama herramientas para afrontar el multilingüismo sin abandonar automáticamente el catalán. Los autores advierten que la muestra no es representativa de todo el tercer sector catalán: Barcelona concentra el 40% de las entidades participantes y Olot el 20%, mientras que el resto se distribuye entre diversos municipios y ámbitos como la primera acogida, el asilo, los servicios sociales y el acompañamiento sociolaboral.