El Vaticano ha confirmado este jueves la excomunión de los cuatro nuevos obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X —más conocidos como "lefebvrianos"—, el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier, así como de los dos consagrantes, el español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay. Con las consagraciones que se hicieron este miércoles en Écône (Suiza) ante 15.000 personas, esta congregación ultraconservadora hizo caso omiso del Papa, rompió con Roma y consumó el cisma con la Iglesia católica. Pero, ¿quiénes son los lefebvrianos, los ultraconservadores que han desafiado a León XIV?
La Fraternidad fue fundada oficialmente en 1970 en Friburgo (Suiza) por el arzobispo francés Marcel Lefebvre como reacción a las reformas introducidas por el Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965, que veían como una ruptura con la tradición doctrinal y litúrgica de la Iglesia. Entre las reformas que rechazaban, se encuentran la celebración de la misa en lenguas vernáculas, la apertura al diálogo ecuménico o el incremento de la participación de los fieles. También apostaban por el retorno al latín, así como a las liturgias y los rituales previos al Concilio Vaticano II —es decir, el rito tridentino, adoptado en el Concilio de Trento (1545-1563). El objetivo de la congregación era formar capellanes según la liturgia y la teología anteriores a las reformas conciliares, motivo por el cual se creó en 1969 el seminario de Écône.
El cisma de 1988
Lefebvre publicó en 1974 un documento en el que se oponía a la orientación "modernista" en la Iglesia, y al año siguiente ordenó tres capellanes en Écône sin el permiso del papa Pablo VI. Ante la rebelión, el pontífice lo suspendió "a divinis" en 1976, lo que le impedía ejercer legítimamente su ministerio episcopal y sacerdotal. En 1982, Juan Pablo II encargó al prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger —posteriormente, Benedicto XVI—, que intentara encontrar una salida al conflicto con los ultraconservadores.
No sería fácil reconducir la situación. En 1983, Lefebvre ordenó a 23 sacerdotes nuevos, mientras que en 1987 envió una carta a las autoridades vaticanas en la que decía que "la cátedra de san Pedro y los lugares de autoridad de Roma están ocupados por anticristos". A pesar de todo, parecía que el conflicto se iba a resolver en el año 1988 mediante un acuerdo por el cual el líder de la Fraternidad aceptaba el Concilio Vaticano II y reconocía a la Santa Sede el papel de la tradición en la Iglesia católica, a cambio de algunas medidas para regular la situación canónica de la congregación. Pero el acuerdo saltó por los aires y el arzobispo francés ordenó sin autorización papal a cuatro obispos, que fueron excomulgados junto con el propio Lefebvre y el obispo brasileño Antonio de Castro Mayer, que asistió a la ceremonia. Y así se produjo el cisma.
Sin acuerdo doctrinal
Lefebvre murió en marzo de 1991 sin reconciliarse con Roma, y uno de los obispos ordenados en 1988, el mencionado Fellay, fue elegido como superior de la Fraternidad en el año 1994. Unos 6.000 lefebvrianos visitaron el Vaticano en el año 2000 con motivo del Jubileo, y Juan Pablo II recibió a Fellay unos meses después. Tras la muerte del pontífice en el año 2005, los intentos de acercamiento continuaron con Benedicto XVI, que en el año 2007 rehabilitó oficialmente la celebración de la misa en latín y que alentó el diálogo del Vaticano con la congregación ultraconservadora. En enero del 2009, el Papa revocó las excomuniones a los cuatro obispos lefebvrianos y les exigió los "pasos necesarios" para alcanzar la plena unidad con la Iglesia, reconociendo el Concilio Vaticano II.
Sin embargo, nunca llegó a alcanzarse un acuerdo doctrinal, a pesar de que Francisco también dio pasos para la reconciliación —como reconocer la validez de las confesiones hechas ante sacerdotes de la Fraternidad o que los sacerdotes lefebvrianos pudieran celebrar matrimonios—. Eso sí, el pontífice argentino introdujo restricciones duras a la celebración de la misa en latín con su texto "Traditionis custodes", hecho que no gustó a los seguidores de la congregación. Ahora, los ultraconservadores han vuelto a tirar por la calle de en medio y han consumado un nuevo cisma en la Iglesia católica, bajo el papado de León XIV. Actualmente, disponen de 733 sacerdotes, 250 religiosas, 145 religiosos y 264 seminaristas; superan los 1.500 miembros consagrados y tienen unos 500.000 fieles, con presencia en más de 60 países.