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¿Qué hace que una persona se sienta y se reconozca como quien es? La identidad de género es el resultado de un proceso complejo en el que intervienen el cerebro, el cuerpo, la biología, las experiencias y el entorno. Esta es una de las cuestiones que estudia Emilia Redolar, profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigadora del Cognitive NeuroLab, que acaba de publicar el libro Lo que somos bajo la piel, el primer libro en castellano que explica de forma divulgativa qué hay detrás de la identidad de género.

Antes de entrar en el cerebro, hay que diferenciar tres conceptos que a menudo se confunden. El primero es el sexo, que hace referencia a características biológicas como los cromosomas, las gónadas, las hormonas o los órganos sexuales. El segundo es la identidad de género, entendida como la experiencia interna que tiene una persona sobre su propio género. Y finalmente, la orientación sexual, que hace referencia a la atracción afectiva o sexual. Por lo tanto, tener unos genitales determinados no determina por sí solo la identidad de género. "Los genitales son un estímulo tan evidente que ofuscan la comprensión de que la identidad de género es la consecuencia de un largo proceso", explica Redolar.

Lo que nos explica realmente el cerebro

Clarificados los conceptos, si entramos en el cerebro, sabemos que no queda completamente definido al nacer, sino que se modifica a lo largo de la vida en función de las experiencias, el aprendizaje y la interacción con el entorno. Esta complejidad también cuestiona la idea de que haya un cerebro "masculino" y un cerebro "femenino" perfectamente diferenciados al nacer. Los estudios encuentran diferencias estadísticas entre grupos, pero también una gran superposición entre individuos. Este hecho se conoce como cerebro mosaico: un mismo cerebro puede combinar características que estadísticamente son más frecuentes en hombres, en mujeres o comunes a ambos.

Algunos estudios de neuroimagen, por su parte, han detectado diferencias estadísticas en determinadas características cerebrales entre personas cis y trans. Un metaanálisis del consorcio ENIGMA, con 803 participantes que no habían iniciado tratamiento hormonal, encontró diferencias en diversas regiones de la corteza cerebral y en estructuras subcorticales. Sin embargo, esta diferencia entre grupos no permitía identificar a una persona concreta debido a la coincidencia de la señal; por lo tanto, una resonancia magnética sola no puede decir si una persona es trans.

Además, estos estudios tampoco permiten determinar fácilmente qué causa qué, ya que una diferencia cerebral puede estar relacionada con múltiples factores. Así pues, no existe un único marcador biológico de la identidad de género, sino que el cerebro construye el sentido del yo integrando información del cuerpo, las emociones, la memoria y las experiencias. Por ello, más que buscar "dónde está la identidad de género dentro del cerebro, la neurociencia intenta entender cómo se construye el sentido de quiénes somos", concluye la investigadora Redolar.