La playa parece un paisaje inmutable. Cada verano volvemos, plantamos la sombrilla más o menos en el mismo lugar y nos metemos en el mismo mar. Pero bajo la toalla hay un territorio que nunca deja de moverse. La arena avanza, retrocede, desaparece bajo el agua y vuelve a emerger; los ríos aportan arena nueva, los temporales se la llevan mar adentro y puertos, espigones y presas pueden interrumpir su viaje. Una playa, en realidad, es una fotografía momentánea de un paisaje en movimiento. Miradas así, las playas dejan de ser solo una franja de arena donde pasar el verano. Son el archivo de una lucha permanente entre tierra y mar. Cada grano explica de dónde venimos; cada espigón, cada presa y cada paseo marítimo explican qué hemos hecho nosotros. Y la línea que hoy parece separar perfectamente la arena del agua es, probablemente, la más provisional de todas.
Busca tu playa y viaja hasta 1945
Ahora es posible comprobarlo casi con los mismos ojos y sin necesidad de ser geólogo. El Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya (ICGC) permite comparar la Catalunya actual con la de 1945 y 1956 mediante L'Ull del temps, y descubrir que ocupaba exactamente el lugar donde estamos hoy. La herramienta utiliza, entre otras imágenes, los vuelos fotogramétricos que la Fuerza Aérea norteamericana hizo sobre Catalunya a mediados del siglo XX. Desplazando el cursor basta para ver cómo era hace ocho décadas la playa donde hoy tomamos el sol, pero también qué había antes de los paseos marítimos, urbanizaciones, puertos o carreteras que ahora parecen haber existido siempre.
📷 Visor 'L'ull del temps': permite consultar cómo era y cómo es el territorio de Catalunya y, también, el lugar exacto en el que os encontráis
El ICGC ofrece, además, un visor específico de evolución de playas, que calcula cuánto ha avanzado o retrocedido la línea de costa durante los últimos 68 años y expresa la variación en metros por año. Hay también mapas sobre dunas y sedimentos, el impacto de los temporales, la futura inundación permanente causada por la subida del nivel del mar o las zonas con riesgo de desprendimientos y deslizamientos.
Las playas se están encogiendo
Buena parte de las playas catalanas se están encogiendo. Una diagnosis de vulnerabilidad climática basada en datos del ICGC sobre el periodo 1956-2019 señala que aproximadamente el 65% de las playas analizadas han sufrido regresión, frente a un 35% que han crecido. Las zonas con más playas afectadas se concentran especialmente en el Alt y el Baix Empordà, el Baix Camp, el Tarragonès y la Selva.
Una costa remodelada por puertos y espigones
La transformación es especialmente visible en algunos tramos intensamente urbanizados. El comportamiento de la arena explica una paradoja habitual: una playa puede crecer mientras la del municipio vecino retrocede. Las corrientes dominantes transportan la arena paralelamente a la costa. Cuando encuentran un puerto o un espigón, una parte del sedimento queda atrapada a un lado de la infraestructura, mientras que al otro puede faltar. En el Maresme, este fenómeno resulta especialmente claro. Estudios de la Generalitat han situado algunos de los tramos con más erosión entre Arenys de Mar y Barcelona, donde se han llegado a calcular retrocesos de entre 2,5 y 4,8 metros anuales en determinados sectores. La misma documentación apunta que el 74% de la extensión de las playas de la demarcación de Barcelona analizada presentaba retroceso. La situación es todavía más delicada en el litoral tarraconense y, sobre todo, en el delta del Ebro, un territorio construido precisamente por los sedimentos que el río ha ido depositando durante siglos. La reducción de estas aportaciones, la subsidencia del delta y el aumento del nivel del mar forman una combinación especialmente complicada.
¿Pero de dónde sale toda esta arena?
La respuesta, en muchos casos, está lejos de la playa. Una parte importante de la arena del litoral ha llegado al mar después de un viaje que puede haber durado miles de años. La lluvia erosiona las montañas y los cursos fluviales arrastran los fragmentos de roca río abajo. Cuando estos sedimentos llegan al mar, las olas y las corrientes los van redistribuyendo a lo largo de la costa. Por eso la arena no es igual en todas partes. El color, el tamaño y la composición de cada grano explican la geología de la zona de donde procede y el trayecto que ha seguido. Una playa de arena fina, una de grano grueso o una cala de guijarros son el resultado de procesos geológicos diferentes. Pero esta cinta transportadora natural se ha modificado. Las presas retienen en los embalses una parte de los sedimentos que antes bajaban hasta el mar, mientras que los puertos y espigones interrumpen la circulación lateral de la arena por el litoral. Las urbanizaciones han eliminado, además, muchos sistemas dunares que funcionaban como auténticos almacenes naturales de sedimento.
📷 Visor de la geomorfología de la costa: muestra la información sobre la arena, las dunas y los diferentes tipos de costa para ayudar a conocer mejor la evolución del litoral
La playa continúa bajo el agua
Hay otra parte de la playa que casi nunca vemos. La línea donde rompen las olas no marca su final: la playa continúa bajo el mar. Esta playa sumergida es decisiva para entender qué pasa en la superficie. Su inclinación determina si el agua gana profundidad de golpe o si podemos caminar muchos metros mar adentro. También condiciona la manera como rompen las olas y cómo se mueve la arena.
Esto ayuda a explicar un fenómeno aparentemente misterioso. Después de un fuerte temporal, podemos encontrarnos una playa reducida a la mínima expresión y tener la sensación de que el mar se ha tragado la arena. Pero a menudo no ha desaparecido: se ha desplazado hacia zonas sumergidas. Cuando vuelve un periodo de menor energía, parte de este sedimento puede volver progresivamente hacia tierra. No siempre pasa, sin embargo. Si el sistema ya sufre déficit de sedimentos, si hay infraestructuras que dificultan su retorno o si los temporales se suceden demasiado rápidamente, la playa puede no recuperar la anchura anterior.
📷 Visor del litoral: información sobre la morfología de la zona costera disponible en el ICGC. Incluye la batimetría, la ortoimagen y la línea de la costa
El día que el Gloria movió la costa
Los grandes temporales permiten observar en cuestión de horas procesos que normalmente pasan de manera lenta. El temporal Gloria, en enero de 2020, dejó una fotografía espectacular del fenómeno. Imágenes aéreas comparadas por el ICGC calcularon retrocesos inmediatos de la línea de costa de entre 80 y 90 metros en la isla de Buda, en el delta del Ebro; de 20 a 25 metros en la Marquesa; de unos 25 metros en la Pineda, en Vila-seca, y en Castelldefels, y de unos 15 metros en la playa Llarga de Tarragona o en Platja d'Aro. Una parte de estos retrocesos se recuperaría posteriormente, porque las fotografías se tomaron solo días después del temporal, pero las cifras muestran hasta qué punto una playa puede transformarse en pocas horas.
📷 Visor comparador de la costa de Catalunya: comparación de ortoimágenes generadas a partir de fotografías aéreas captadas con anterioridad y con posterioridad a los temporales
📷Visor del impacto de los temporales: muestra las cartografías de las superficies inundadas por temporales marítimos que han impactado la costa en los últimos años
Las dunas no son decoración
También es más fácil entender por qué en muchas playas se han instalado cordones, vallas y pasarelas de madera que impiden atravesar las dunas. Una duna es una reserva de arena y acoge especies de flora y fauna adaptadas a estos entornos. Durante los temporales puede ceder sedimento a la playa y actuar como una primera barrera ante el oleaje. Después, el viento puede volver a transportar la arena hacia el interior y reconstruirla. Pisar repetidamente estos espacios elimina la vegetación que fija la arena y facilita que el sistema se degrade. Por eso proteger las dunas no es solo una cuestión de conservar plantas o animales: también es una manera de dar a la playa más capacidad para defenderse.
Y ahora el mar también sube por el cambio climático
A todos estos factores se añade uno que ganará peso durante las próximas décadas: el aumento del nivel del mar, uno de los grandes desafíos para la costa catalana en las próximas décadas a causa del cambio climático. La Generalitat señala que en L'Estartit el nivel del Mediterráneo ha subido aproximadamente 10 u 11 centímetros desde 1990 y estima que hasta un 70% del litoral catalán podría llegar a presentar una vulnerabilidad muy elevada ante las inundaciones antes de 2060. No significa que en 2060 haya desaparecido el 70% de las playas. Significa que una costa ya muy ocupada y alterada tendrá menos margen para adaptarse a un mar más alto y a temporales que actuarán desde una cota superior. Y aquí aparece otro problema. Una playa natural, ante la subida del nivel del mar, puede tender a desplazarse tierra adentro. Una playa atrapada entre el Mediterráneo y un paseo marítimo, una carretera, una vía de tren o una urbanización no tiene adónde ir.
