Francia lleva años aplicando la política antitabaco más estricta de Europa. El paquete de cigarrillos llega a los 12–13 euros, los paquetes son genéricos sin marcas visibles, y la publicidad está prácticamente prohibida. Pero hay un problema: el 37–38% del tabaco que se consume en el país es de contrabando, el porcentaje más alto de toda la Unión Europea, según el último informe de KPMG. Francia es, paradójicamente, el mercado negro más elevado de tabaco del continente. Ante esta realidad, una de las redes sanitarias más importantes del país ha decidido cambiar de enfoque. La Red de Prevención de las Adicciones (RESPADD), que agrupa más de 600 centros sanitarios, hospitales, residencias de personas mayores y dispositivos sociosanitarios, acaba de publicar un documento de referencia basado en evidencia científica que llega a una conclusión clara: el vapeo es una herramienta eficaz para dejar de fumar.

El documento, titulado "Vape: l'essentiel sur la vape", no es una declaración de amor a la industria del tabaco. Es una publicación sanitaria que asume que el vapeo no es inocuo, pero afirma que es claramente menos nocivo que el tabaco fumado y que, en el contexto de un fumador adulto que quiere dejarlo, el beneficio supera el riesgo. La conclusión se apoya en el consenso de 87 expertos francoparlantes en tabaquismo convocados por la Sociedad Francófona del Tabaco. Sus conclusiones: el vapeo es eficaz para el abandono del tabaco con tasas de abstinencia sostenidas de seis meses o más, presenta un balance beneficio-riesgo favorable y reduce muy probablemente los riesgos asociados al tabaquismo cuando el fumador deja completamente los cigarrillos tradicionales.

Las cifras que cambian el debate

Los estudios recogidos en el documento apuntan que hacer uso del vapeo con nicotina incrementa en un 59% las posibilidades de éxito en un intento de dejar de fumar, y que es más eficaz que los sustitutos de nicotina clásicos —parches, chicles— o el acompañamiento conductual por sí solo.

Desde el punto de vista toxicológico, la diferencia clave es la ausencia de combustión: mientras el cigarrillo produce humo con miles de sustancias químicas y numerosos carcinógenos, el aerosol del vapeo contiene esencialmente cuatro componentes básicos y no tiene monóxido de carbono ni alquitrán, los principales responsables de las enfermedades cardiovasculares y del cáncer asociados al tabaco. Public Health England estimó en 2015 que vapear es aproximadamente un 95 % menos perjudicial que fumar. La agencia francesa de seguridad sanitaria ANSES coincide, y añade que, según el conocimiento científico actual, no se ha identificado ningún caso confirmado de cáncer en humanos asociado al vapeo.

La trampa de la prohibición total

El caso francés es un aviso para navegantes. Cuando la regulación se endurece sin ofrecer alternativas menos nocivas a los fumadores, el resultado no es menos tabaco: es más contrabando. El mercado ilícito no tiene controles de calidad, no paga impuestos y no sigue ninguna normativa sanitaria. En contraposición, el modelo sueco —centrado en eliminar la combustión y no en prohibir todas las formas de nicotina— ha conseguido las tasas de tabaquismo más bajas de Europa.

La conclusión de RESPADD es pragmática: el vapeo debe entenderse como una herramienta de reducción de daños, no como un producto de consumo recreativo, y su uso debe enmarcarse siempre en un objetivo claro: dejar de fumar y, posteriormente, abandonar también el vapeo.