Las obras de rehabilitación del Mas Montjoi de Baix, en Roses, han permitido descubrir los restos de dos iglesias de origen visigodo datadas entre los siglos VII y IX d.C., un hallazgo arqueológico inédito hasta ahora a pesar de que estos edificios ya aparecían documentados en textos históricos. Los arqueólogos responsables de la intervención aseguran que la zona aún podría esconder nuevas estructuras y quedan pendientes de la redacción de un plan director que determine cómo se deben conservar y museizar los restos. La intervención en el Mas Montjoi de Baix comenzó hace seis años a raíz de la rehabilitación de la finca, propiedad de un particular, ya que el espacio está protegido como bien cultural de interés local y existían indicios previos de presencia arqueológica. El yacimiento se encuentra en el corazón del Parque Natural del Cap de Creus.
Según ha explicado el director de la intervención arqueológica, Marcel Pujol, una de las iglesias descubiertas habría continuado activa tanto en época visigótica como carolingia. Los restos humanos encontrados en su entorno incluyen un enterramiento del siglo VII y dos infantes datados en el siglo IX, hecho que, según el arqueólogo, demuestra que el templo "estuvo en activo antes de la llegada de los musulmanes y después". En cambio, la segunda iglesia, construida en el siglo VIII, correspondería a un edificio destruido durante la invasión musulmana que ya no se volvió a levantar. "Ligaríacon las fuentes documentales que nos hablan de una iglesia totalmente arrasada por los musulmanes", ha afirmado Pujol. Las dataciones de los templos se han podido establecer principalmente gracias a pruebas de carbono 14 efectuadas sobre las tumbas localizadas alrededor de las estructuras, ya que en el yacimiento prácticamente no se han encontrado restos cerámicos que permitieran concretar su cronología.
Además de las dos iglesias, los arqueólogos también han localizado una gran cisterna de agua dividida en tres compartimentos. La primera de las iglesias se descubrió muy cerca de este depósito, después de que los investigadores detectaran en una de las terrazas una estructura de mortero de cal que les hizo sospechar. La segunda, en cambio, apareció de manera inesperada durante los sondeos previos a la construcción de un depósito de aguas residuales. “Nos apareció el ábside”, ha explicado Pujol. Los trabajos arqueológicos continúan abiertos porque los expertos creen que el subsuelo aún podría conservar nuevas estructuras vinculadas tanto al monasterio como al antiguo núcleo habitado. “Un monasterio no solo es una iglesia. Puede haber dependencias anexas, cementerios, viviendas de los monjes, cocinas o almacenes”, ha recordado Pujol. Ahora, los técnicos esperan la redacción de un plan director que determine las futuras excavaciones y fije los criterios de conservación, restauración y musealización del yacimiento.
