Los Mossos d’Esquadra investigan quién convirtió una convocatoria difundida por redes sociales en una tarde de saqueos y caos en el centro de Barcelona. La investigación tiene dos direcciones: identificar a más participantes en los asaltos del sábado, 24 de octubre, y aclarar quién reclutó a los vándalos, los trasladó a grupos de mensajería y dio las instrucciones para atacar comercios y enfrentarse a la policía. Todo ello, con otra fecha marcada en el calendario: el sábado, 31 de octubre, la noche de la Castanyada, para la que ya circulan nuevas llamadas a colapsar el centro de Barcelona y generar disturbios con el objetivo de robar y saquear.
Un equipo conjunto de investigación, con efectivos de Barcelona y de la Comisaría General de Información, trabaja para reconstruir esta cadena, según ha podido saber ElNacional.com. La policía analiza los perfiles de los detenidos —más de la mitad, menores de edad—, sus posibles conexiones y los mensajes que precedieron a los incidentes. El objetivo es llegar a los autores materiales que todavía no han sido identificados, pero también determinar si detrás de la amplificación de las convocatorias había personas que las dirigían. La primera valoración del Govern, el sábado por la noche, describió a los participantes como grupos "desorganizados". La información que ahora se analiza dibuja una realidad más compleja: podían actuar dispersos en la calle, sin una cabecera ni un recorrido, pero habían recibido llamadas e instrucciones por canales digitales. Que no hubiera una organización visible no implica que no existiera una preparación previa, aseguran los Mossos, que trabajan para averiguar qué esconde y qué hay de real detrás de Blocus.
De TikTok a los grupos donde se dan las instrucciones
Blocus es el nombre que aparece en buena parte de este ecosistema. La palabra francesa significa bloqueo y remite a las movilizaciones estudiantiles en los institutos de Francia, una referencia que las convocatorias han utilizado para atraer público joven. La difusión se hizo sobre todo desde perfiles anónimos de TikTok, con enlaces y códigos QR que derivaban a los usuarios a grupos de WhatsApp y Telegram. En estos espacios se concretaban indicaciones para participar en las concentraciones. En Barcelona, este circuito sirvió para movilizar a jóvenes que después atacaron establecimientos del centro. La investigación debe determinar hasta dónde llegaba la coordinación y qué responsabilidad tenía cada uno: quién publicaba un cartel, quién lo reproducía, quién administraba los grupos y quién instigaba directamente a cometer delitos.
Ahora mismo, Blocus no tiene ningún cabecilla visible conocido. El nombre funciona como una etiqueta que diferentes cuentas pueden reproducir, adaptar y utilizar para convocar en ciudades diversas. Circulan carteles elaborados con inteligencia artificial, vídeos con música trap y mensajes casi idénticos que van cambiando de perfil y de plataforma. Unos usuarios lanzan la llamada; otros la amplifican. En los grupos de mensajería, personas que se presentan como organizadores dan instrucciones sin que el resto conozca necesariamente su identidad. Este funcionamiento dificulta distinguir una convocatoria con capacidad real de movilización de un cartel que solo acumula visualizaciones. También complica seguir su rastro: hay cuentas que desaparecen, conversaciones que se borran y grupos que se cierran o se rehacen. El principal canal de Barcelona, donde se cree que se organizó la sublevación criminal del sábado, ha desaparecido.
Identificar a los instigadores y cerrar los canales
Los Mossos monitorizan los grupos conocidos y analizan las conexiones entre los perfiles que difunden las convocatorias. El trabajo debe permitir anticipar posibles incidentes, pero también conservar y relacionar los indicios que ayuden a identificar a los instigadores. Cuando entreguen el atestado al juzgado de instrucción número 14 de Barcelona, los investigadores pedirán autorizaciones para intentar poner nombre a algunos de los usuarios más activos, según las fuentes consultadas. La posibilidad de llegar a ello dependerá del rastro disponible y de la colaboración de las plataformas tecnológicas. Un alias puede permitir seguir una conversación; acreditar quién lo utilizaba y qué hizo es un paso más difícil. La consellera de Interior, Núria Parlon, ha anunciado este lunes que el departamento instará judicialmente al cierre de los grupos utilizados para incitar a la violencia. También ha explicado que se pedirán las identidades de las personas que dieron instrucciones y reclutaron jóvenes. La misma consellera ha reconocido la dificultad de este trabajo porque muchos actúan con nombres falsos.
La investigación también debe separar los indicios de las interpretaciones políticas. Desde el PSC se ha señalado a la extrema derecha como instigadora de los incidentes, mientras que Parlon ha evitado atribuir públicamente la autoría y ha pedido dejar trabajar a la policía. Por ahora, esta vinculación no es una conclusión acreditada de la investigación. Especialistas en el análisis de movimientos sociales consultados apuntan que han detectado conocimientos tecnológicos elevados en las fases iniciales de difusión. Este elemento, sin embargo, no permite atribuir las convocatorias a una injerencia extranjera ni a una operación de grupos radicales con fines electorales. Aclarar si hay un núcleo que dirige el movimiento, varios promotores que se copian o una combinación de ambas cosas es precisamente una de las incógnitas. ¿Un nuevo sistema de protestas que no son protestas y que esconden intentos desestabilizadores con cómplices para crear el caos, o violencia gratuita por violencia gratuita?
El reto policial: grupos pequeños con muchos objetivos
En la calle, los Mossos también revisan la respuesta. Las fuentes policiales consultadas advierten que las recetas habituales de orden público tienen límites ante este fenómeno. No hay necesariamente una manifestación que avanza, se disuelve y deja un grupo violento concentrado en un punto. Hay grupos pequeños que se dispersan, encuentran un comercio vulnerable, lo atacan y se marchan. Los hechos del sábado ya dibujaban este escenario: los incidentes se extendieron por varias calles del centro y obligaron a movilizar equipos de orden público y agentes de paisano de diferentes distritos. Estos últimos captaron imágenes e intervinieron en detenciones durante los saqueos. La policía había detectado la convocatoria y había reforzado el dispositivo, pero la intensidad de los incidentes superó la previsión.
Ante una posible repetición el día 31, fuentes policiales apuntan a la necesidad de reforzar especialmente a los agentes de paisano. Los equipos de orden público seguirán siendo necesarios para proteger espacios, contener ataques y apoyar las intervenciones, pero detectar los grupos que se mueven entre los comercios e identificar a los autores de los asaltos tendrá un peso central. Parlon ha defendido el dispositivo del sábado y ha recordado que, antes de los disturbios, ya se hicieron registros e identificaciones y se retiraron objetos sospechosos. Estas actuaciones, ha explicado, aportan información a los investigadores.
El 31 de octubre, entre la amenaza y el ruido de las redes
Los mensajes que los Mossos analizan confirman que hay usuarios promoviendo un nuevo encuentro en el centro de Barcelona para el 31 de octubre. Aparecen comercios y policías como objetivos, pero las indicaciones todavía son poco concretas y conviven con carteles y comentarios de procedencias diversas. Las llamadas para repetir los saqueos durante Halloween también se extienden a otras ciudades. La policía es prudente a la hora de traducir este volumen de mensajes en una previsión de asistencia. Este domingo ya circularon convocatorias en Girona y Granollers que no reunieron participantes. También se han detectado en Mataró, donde se desplegaron varias unidades policiales para evitar incidentes. En ninguno de estos casos se reprodujo un escenario similar al de Barcelona.
Los antecedentes del sábado obligan, a la vez, a valorar el riesgo de manera diferente. Los Mossos trabajan coordinadamente con la Fiscalía de Menores, la Fiscalía Superior de Catalunya y la judicatura. Según las fuentes consultadas, una parte de los detenidos que han quedado en libertad tienen prohibiciones de participar en concentraciones. Un eventual incumplimiento puede comportar una nueva detención y una petición de medidas más restrictivas, que deberá resolver la autoridad judicial en cada caso. La policía considera que estas medidas pueden contribuir a reducir la participación.
El análisis de los arrestados también debe servir para ajustar la respuesta. Según fuentes policiales, predominan los adolescentes y los jóvenes de entre 14 y 25 años, mayoritariamente sin antecedentes por desórdenes públicos. Las mismas fuentes señalan que muchos son de origen extranjero y que una gran parte tienen nacionalidad española. Este perfil, sin embargo, no resuelve la pregunta que centra la investigación: quién impulsó las llamadas y cómo llegaron a transformarse en asaltos. Los Mossos contrastan la situación con Francia y trabajan a la vez en dos direcciones: evitar que el centro de Barcelona vuelva a convertirse en un escenario de pillaje e intentar aclarar la cadena entre los primeros mensajes y las escenas de disturbios del sábado por la noche. Si se hace rápido y los resultados son concluyentes, quizás también se podrá evitar que se repita la historia la noche de la Castanyada.
