En un mundo hiperconectado, los cruceros concentran durante semanas a personas de decenas de países en espacios cerrados, con interacciones constantes, movilidad internacional y exposición simultánea a ecosistemas radicalmente diferentes. Hace pocos días, el crucero inmovilizado en Burdeos por un brote gastrointestinal volvía a evidenciar hasta qué punto estos barcos funcionan como auténticos "experimentos epidemiológicos" involuntarios. Tanto si se trata de un norovirus relativamente habitual como el de un hantavirus extraordinariamente raro, estos episodios muestran cómo los cruceros pueden convertirse en laboratorios flotantes que permiten observar la propagación de agentes infecciosos cuando la globalización, el turismo de expedición y la biología coinciden en un mismo espacio. Hoy hablaremos sobre el brote que, durante las últimas semanas ha ido escalando silenciosamente hasta ocupar titulares en todo el mundo.

El 1 de abril de 2026, el MV Hondius, un barco de expedición bautizado en honor del cartógrafo que bautizó el estrecho de Drake, salió de Ushuaia (Argentina) hacia la Antártida. A bordo, 147 personas de 23 países: pasajeros privilegiados que se adentran en ecosistemas que la mayoría de los humanos nunca verá. Uno de ellos, probablemente durante una excursión de observación ornitológica, entró en contacto con un roedor infectado. El paciente cero de un brote que, semanas después, debería implicar a organismos sanitarios de cuatro continentes.
El primer muerto se produjo el 11 de abril. El cuerpo fue desembarcado en Santa Helena el día 24. Dos días más tarde, su mujer moría en un hospital de Johannesburgo. Un tercer pasajero moría a bordo. A raíz de la llegada del barco a Tenerife el 10 de mayo, después de que en Cabo Verde le negaran la entrada, las autoridades ya habían confirmado once casos, nueve de ellos positivos. Tres muertos. Pacientes hospitalizados en Sudáfrica, los Países Bajos, Alemania, Santa Helena, España, Francia y Suiza.
El virus que vive en los márgenes del mundo
El hantavirus no es nuevo. No es una amenaza emergente en el sentido clásico. Los científicos lo conocen desde hace décadas y su comportamiento está, en términos generales, bien documentado. Pertenece a una familia de virus transmitidos principalmente por roedores: las personas se infectan cuando entran en contacto con orina, saliva o excrementos de animales infectados. La transmisión entre humanos es, en la mayoría de las variantes, prácticamente inexistente. Lo que hace especial el brote del MV Hondius es que la variante identificada no es cualquiera. Es el virus Andes, endémico de Sudamérica y con una característica que lo distingue de casi todos los demás hantavirus: es la única variante en la que se ha documentado, en determinadas circunstancias, transmisión de persona a persona. No de manera eficiente, no por el aire de manera casual, en principio se necesita un contacto estrecho y prolongado con una persona. Esto lo cambia todo, en términos de gestión del brote.
Los efectos de la infección por el hantavirus impresionan. El síndrome pulmonar por hantavirus (HPS), la forma que afecta a los pulmones y que es la más prevalente en el continente americano, tiene una tasa de mortalidad aproximada del 38% entre las personas que desarrollan síntomas respiratorios graves, según la CDC y la OMS. En Europa y Asia, los hantavirus provocan principalmente la fiebre hemorrágica con síndrome renal (HFRS), que afecta a los riñones y la mortalidad puede alcanzar el 10–12% según informes del ECDC.
Un virus con una mortalidad alta, pero una transmisión baja es epidemiológicamente más fácil de contener.
Los síntomas iniciales del HPS parecen una gripe fuerte: fiebre, cansancio, dolores musculares, dolor de cabeza, problemas gastrointestinales. El problema es que, en algunos pacientes, al cabo de pocos días aparece una fase mucho más grave: los pulmones se llenan de líquido y la situación se deteriora rápidamente. Esta evolución repentina es una de las razones por las que la enfermedad puede ser tan peligrosa, y por las que la detección precoz es tan importante.
La gran diferencia con la COVID-19
El punto de comparación inevitable es la pandemia del coronavirus. Y hay que abordarlo, porque tanto el miedo irracional como la tranquilidad excesiva pueden ser peligrosas. Uno de los aspectos más relevantes del brote del MV Hondius es precisamente la respuesta coordinada. El brote implicó inmediatamente a organismos de salud pública de al menos cuatro continentes, y se está abordando con cooperación entre gobiernos de colores políticos muy diversos.
Otra diferencia principal entre el hantavirus y el SARS-CoV-2 no es la mortalidad que también. El coronavirus tenía una mortalidad muy inferior por caso, si no la eficiencia de la transmisión. El coronavirus se transmitía por el aire, incluso desde personas sin síntomas, en cualquier espacio interior. Esto le permitía propagarse de manera exponencial antes de que nadie supiera que estaba enfermo. El hantavirus, incluso en su variante más transmisible entre humanos, el virus Andes, requiere un contacto estrecho y prolongado o eso es lo que se conoce hasta el momento.
Un virus con una mortalidad alta, pero una transmisión baja es epidemiológicamente más fácil de contener. El riesgo de una pandemia radica en la combinación de transmisión eficiente y movilidad global, no en la mortalidad por caso aislado. La COVID-19 tenía la primera condición en grado extremo. El hantavirus no.
La lección de fondo: One Health
La pandemia del coronavirus puso de manifiesto la conexión entre la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas. El brote del MV Hondius lo reafirma. El Consejo General de Colegios de Biólogos del Estado ha emitido un comunicado pidiendo que se avance hacia protocolos preventivos basados en el enfoque One Health (una sola salud), que entiende la salud humana, animal y ambiental como una misma realidad biológica.
El turismo de expedición, las visitas a ecosistemas remotos y el cambio climático están modificando de manera acelerada la interacción entre personas, animales y medio ambiente. El contacto con fauna silvestre en entornos donde los animales no han coevolucionado con la presencia humana constante crea oportunidades para saltos interespecíficos que en otras circunstancias no se producirían. Lo que sí habría que hacer es aprender la lección de fondo: la prevención de las futuras zoonosis no depende únicamente de hospitales o sistemas sanitarios. Depende de cómo gestionemos la relación con los ecosistemas, de qué espacios humanos decidamos adentrarnos y de cómo lo hagamos. El MV Hondius no es una anomalía. Es un aviso.
Dra. Núria Coll Bonfill, divulgadora científica y directora de 7Ciències