El accidente ferroviario de Urda, en Toledo, ha vuelto a poner sobre la mesa la seguridad de los viajeros de los trenes de alta velocidad. Una de las preguntas que se hacen muchas personas antes de subir a un AVE es si el lugar donde se sientan puede influir en las consecuencias de un posible choque. La posición del vagón, la orientación del asiento y los elementos que hay alrededor pueden tener un papel importante en el momento de un posible evento fatídico.
¿Los vagones centrales son más seguros?
Las consecuencias de un accidente dependen de diversos factores. Una colisión frontal, un impacto por detrás o un descarrilamiento generan fuerzas diferentes y pueden provocar deformaciones desiguales en los vagones. Por eso, las recomendaciones sobre dónde sentarse se deben interpretar teniendo en cuenta las circunstancias de cada accidente.

Una de las recomendaciones más extendidas es escoger un asiento en un vagón situado en la parte central del tren. La lógica es que estos coches se encuentran más alejados de los extremos y, por lo tanto, del punto inicial de un posible impacto frontal o posterior. En una colisión frontal, los primeros vagones están más expuestos, mientras que en un choque por detrás esta situación afecta especialmente a los últimos.
Sin embargo, esto no significa que los coches centrales sean siempre más seguros. También pueden descarrilar, volcar o sufrir daños importantes, según cómo se transmitan las fuerzas y las características del accidente. Los estudios de la Administración Federal de Ferrocarriles de los Estados Unidos (FRA) analizan especialmente dos riesgos. El primero es la deformación de la estructura del vehículo, que puede reducir el espacio disponible para los pasajeros. Paralelamente, el segundo son los golpes que pueden recibir los ocupantes contra los elementos interiores.
Viajar de espaldas puede reducir los riesgos
La orientación del asiento también puede influir en la protección de los pasajeros. Cuando un tren sufre una desaceleración repentina, el cuerpo continúa moviéndose por inercia. Si la persona viaja de espaldas al sentido de la marcha, tiende a quedar apoyada contra el respaldo.
En cambio, cuando mira hacia adelante, puede salir proyectada contra el asiento anterior u otros elementos del interior del vagón. Por este motivo, algunos estudios de seguridad han analizado los asientos orientados hacia atrás como una posible manera de limitar los desplazamientos del cuerpo en determinadas colisiones. Esta protección, sin embargo, depende también de la resistencia del respaldo y de sus anclajes. Además, no se puede aplicar de la misma manera en un impacto posterior o en un descarrilamiento.

¿Es mejor sentarse en el pasillo o en la ventana?
Tampoco hay una respuesta definitiva sobre si es más seguro viajar al lado de la ventana o en el pasillo. Estar más alejado del cristal puede reducir la exposición directa a los fragmentos en determinadas circunstancias, pero esto no garantiza una protección superior. La deformación del vagón, el movimiento de los pasajeros y los objetos del interior condicionan las consecuencias de cada impacto. Por lo tanto, no se puede afirmar que el pasillo sea siempre la opción más segura.
Más allá del asiento escogido, hay medidas que pueden ayudar a reducir riesgos. Una de las principales es colocar las maletas en los espacios habilitados y evitar dejar objetos en los pasillos o cerca de las puertas. También es importante prestar atención a los avisos del personal ferroviario, conocer la ubicación de las salidas y seguir las instrucciones de emergencia en caso de incidencia. Con todo esto, podemos decir que no existe una combinación infalible de vagón central, asiento de pasillo y orientación concreta. La seguridad depende de muchos factores y, ante una situación de emergencia, las indicaciones de la tripulación son siempre la mejor referencia.