El bajo nivel generalizado entre el alumnado ha sido uno de los debates candentes en la educación, especialmente después de los malos resultados en pruebas internacionales como el informe PISA. La cuestión, además, se ha cruzado recientemente con otra problemática que mantiene a los docentes alerta: la delegación del trabajo por parte de los estudiantes en herramientas de inteligencia artificial, que se suma al eterno debate sobre si se deben usar pantallas en las aulas o no. Ferran Ballard, especialista en técnicas de estudio, tiene una academia de refuerzo universitario por la cual han pasado miles de alumnos durante una década. Los últimos años ha constatado que muchos le llegan con carencias, y que estudiantes con muy buenas notas en la ESO y Bachillerato y un 13 de 14 en la selectividad, después "se dan un golpe muy fuerte" al llegar a la universidad.

Ballard diagnostica en algunos casos la ausencia de una buena base de conocimientos y, sobre todo, la falta de buenos métodos de estudio. El especialista explica en declaraciones a este diario que a veces muchos estudiantes suyos han alcanzado la secundaria "nadando como un perrito, con las manos". "Quizás para la secundaria les llega para ir apañándose de punta a punta de la piscina, pero cuando llegas a la universidad te tiran a mar abierto y allí o nadas a crol o te ahogas", apunta. Así, a partir de su experiencia y de la consulta de investigación académica, el docente plantea un conjunto de claves para salir adelante: esfuerzo, conocimientos, memoria, esquemas, repaso en voz alta y no tener miedo de fallar y frustrarse. 

"Lo que funciona es adquirir conocimiento, que es la base de todo", asevera Ballard, para añadir que "cuanto más tienes, más puedes enlazar nuevos". Así, señala que la evidencia científica muestra que tener una biblioteca grande en casa es un predictor del éxito escolar de los hijos, a la vez que admite que a menudo esto es una cuestión de código postal. "Tu mundo se limita al vocabulario que tienes. Cuanto más vocabulario tienen los padres, el hijo tiene más palabras para poder aprender, para conectar y para absorber conocimiento", apunta, parafraseando a Wittgenstein. El especialista señala que el pensamiento crítico y la creatividad vienen de tener una base de conocimiento, y que "no puedes ser crítico ni creativo sin conocimientos". 

Asimismo, Ballard reivindica para ello la memoria, "que está muy injuriada". "Cuando sabes algo de memoria, crece contigo. Te lo pueden quitar todo, pero tus recuerdos no te los pueden quitar, es lo más arraigado y conectado a ti posible; y es lo que te permite hacer crecer más conocimiento", asevera. En este sentido, el docente lamenta que a menudo se "confunde lo que es nuevo, con lo que es bueno" y sostiene que es un "fracaso" si la escuela "se deja llevar" por corrientes contrarias al uso de la memoria para aprender, porque "no hacen que el alumno aprenda de verdad". En este sentido, Ballard critica algunas tendencias como la educación en proyectos y modelos como el escocés, que considera que "no funcionan" y, explica, algunos padres le admiten que se equivocaron al llevar a sus hijos a centros especializados en ello.

Ballard lamenta que la educación a menudo "se pierde mucho buscando aquella solución o técnica definitiva que nos ha de salvar a todos", y pone el ejemplo de Innovamat con las matemáticas. Por el contrario, él sostiene que lo que hace falta es "revisar la base" y asegurarse de que los alumnos "aprenden bien" y tienen un buen método de estudio. "Los mejores estudiantes no tienen un don como mucha gente piensa, y se consuela diciéndoselo, que no tiene las capacidades de esta gente. No depende tanto de las capacidades de las personas, sino de cómo aprenden", sostiene. 

Fotos Ferran Ballard©Carlos Ruiz B.k. 06
Ferran Ballard / Foto: Cedida

Esquemas, explicar en voz alta y ponerse a prueba sin miedo a la frustración

El método que él propone, y que ha recogido en un libro, se basa fundamentalmente, explica, en el esfuerzo del estudiante y en el pensamiento reflexivo. Ballard señala que rechaza las soluciones mágicas que prometen resultados haciendo el mínimo trabajo. Sus soluciones son las clásicas, "las bases que hacen un aprendizaje efectivo que ya se conocen desde hace años y las han utilizado los grandes filósofos y científicos", e implican trabajo e incar codos.

Su propuesta incide en la importancia de hacerse esquemas, en tanto que "nuestro cerebro no memoriza todo literalmente, sino que coge conceptos y construye un esquema". Ballard afirma que el cerebro funciona generando esquemas de manera natural, que son las conexiones del cerebro, y sostiene que para estudiar va bien ofrecerle lo mismo: asociar ideas y hacer un esquema adecuado con las palabras clave. Después, el especialista apunta que es clave explicarlo en voz alta. De esta manera, el contenido que se estudia se articula en ideas y es donde vemos qué sabemos y qué se ha digerido y qué no.

Finalmente, Ballard sostiene que se necesita un cambio de mentalidad para tolerar la frustración. Anima a ponerse a prueba para repasar llegado el momento sin los apuntes delante y hacer hasta donde se pueda; y no consultar los apuntes hasta que ya llega la frustración por no saber más. El especialista apunta que si cuando se repasan los apuntes en voz alta se mira la solución cada vez que no se sabe una cosa, el cerebro no ve incentivos para aprenderla, porque no lo ve necesario, ya que cada vez que necesita esta información se le es dada. Después, sin embargo, en el examen no lo tendrá para consultar. "Por eso cuando sales del examen y miras la respuesta de lo que no sabías se te graba a fuego", señala. Ballard sostiene que la evidencia de la psicología cognitiva es que hay una diferencia relevante entre los alumnos que practican esto y los que no. El autor lamenta que este paso necesario de frustración cuesta mucho "en una educación que elimina la fricción de la incomodidad al alumno" y critica lo que denomina "actitud de príncipe que estamos creando" en el alumnado.

Ballard critica que la mentalidad de "cada maestrillo tiene su librillo" y sostiene que las herramientas que defiende son aplicables a todos los alumnos, porque "los mecanismos de aprendizaje del cerebro son los mismos para cualquier persona, igual que el funcionamiento de otros órganos como el riñón o el corazón".