La polémica está servida. El programa La gran aventura de la lengua española emitido en La 2 de RTVE afirma que la conquista española no impuso a los amerindios el aprendizaje del castellano. Presentado por el periodista Iñaki Gabilondo, aseguran que "la utilización de la lengua castellana no fue obligatoria en ninguno de los virreinatos, capitanías o audiencias del nuevo mundo, ni tampoco proscribió la utilización de las lenguas indígenas, sino que llevó a cabo la más importante tarea de conservación y salvamento que se ha producido en toda la historia de las colonizaciones". Estas afirmaciones han encendido la polémica en las redes sociales y ha comportado un extenso debate sobre si la lengua fue impuesta en las colonias españolas de América o no. Pero, ¿qué dicen los expertos?
✍️La conquista española no impuso a los amerindios el aprendizaje del castellano.
— La 2 (@la2_tve) June 22, 2026
No te pierdas el programa completo de 'La gran aventura de la lengua española', con Iñaki Gabilondo.https://t.co/lKRs94Xh3G pic.twitter.com/9F4vMxMVOX
De la evangelización a la Real Cédula de Carlos III
Para entender cómo los territorios americanos adoptaron la lengua española, primero hay que apuntar que la castellanización de los pueblos indígenas no fue un proceso lineal ni uniforme. De hecho, los expertos distinguen entre dos etapas muy diferenciadas: la primera en los siglos XVI y XVII con una cierta tendencia a favorecer la diversidad de las lenguas para promover la evangelización de la población indígena; y la segunda a partir de 1770 con la aplicación de la Real Cédula, que empezó a considerar el castellano como un instrumento de unificación y control del imperio. Así, las políticas lingüísticas del imperio español hacia sus colonias cambiaron según los intereses religiosos, políticos y administrativos de cada momento.
De esta manera, en la primera mitad de la época colonial española, los siglos XVI y XVII el interés de la Corona recayó en la evangelización de la población indígena. Durante aquellas primeras dos décadas de la colonización, los poderes eclesiásticos favorecieron la utilización de lenguas indígenas generales para evangelizar y administrar los territorios americanos, según explica la mexicana Dorothy Tanck de Estrada en un artículo publicado en la Enciclopedia de la literatura en México (ELEM). En el marco de esta política relativamente tolerante con las lenguas indígenas, los sacerdotes debían conocerlas y a menudo la catequesis se impartía en estas lenguas, como por ejemplo, el náhuatl, el quechua o el guaraní, ya que se consideraba la mejor vía para evangelizar a las poblaciones americanas.
Si bien es cierto que esta política de evangelización de América favoreció la diversidad, todo cambió a partir de 1770. Aquel año, la aplicación de la Real Cédula de Carlos III comportó un punto de inflexión para las lenguas indígenas. Pues a finales del siglo XVIII y principios del XIX, la castellanización adquirió un carácter más político, según Tanck de Estrada. En este momento, el castellano se empezó a considerar un instrumento de unificación y control del imperio y tanto el arzobispo Francisco Antonio de Lorenzana como el rey Carlos III, defendían que la diversidad lingüística podía favorecer la desobediencia y dificultar el gobierno de los territorios americanos.
Así, cuando comenzaron los procesos de independencia de los países de América Latina, a principios del siglo XIX, la castellanización ya no tenía marcha atrás. De hecho, el filólogo hispánico Ignacio Ahumada explica en un artículo publicado en la revista Káñina, de la Universidad de Costa Rica, que la nueva orientación influyó posteriormente en las políticas lingüísticas de los estados independientes hispanoamericanos, que reforzaron aún más la centralidad del castellano.
Una de cada tres lenguas se encuentra en riesgo de desaparición
Los datos son escalofriantes. Se estima que en América había alrededor de 1.200 idiomas diferentes hablados por cerca de 60 millones de personas, según Charles C. Mann, autor del libro 1491-Una nueva historia de las Américas antes de Colón. De estos, había 24 millones de hablantes de lenguas nativas en Mesoamérica y 25 más en América del Sur. En la actualidad, solo quedan 556 lenguas indígenas en América Latina y el Caribe y, de estas, el 38,4% se encuentran en riesgo de desaparición, tal como señala una información de la Secretaría General Iberoamericana.