Plataforma per la Llengua ha celebrado este domingo una serie de ponencias en la Casa de Convalescència de Barcelona con tres ponentes que han analizado la historia de la catalanofobia, los discursos a través de los cuales se perpetúa en los medios de comunicación de forma cotidiana y las respuestas que se pueden dar para construir un nuevo consenso social que vaya en favor de la lengua catalana. Según el catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat Pompeu Fabra, Josep Pich, la catalanofobia es una construcción histórica del Estado, ya que los catalanes han sido "el principal enemigo interior de España" desde el siglo XVIII. Más de 150 personas han participado en el seminario "Catalanofobia y discurso de odio: del diagnóstico a la acción", que forma parte de Semicercles, la marca que agrupa el trabajo de generación de discurso e ideas de la entidad catalanista. La apertura de las ponencias ha contado con la presencia del presidente de Plataforma per la Llengua, Òscar Escuder, y del conseller de Política Lingüística del Govern, Francesc Xavier Vila, que ha intervenido en la bienvenida de la jornada.
En su discurso, el conseller ha destacado que existe "un caldo de cultivo ideal para que aparezca el insulto, el trato discriminatorio, el discurso del prejuicio, el racismo, la xenofobia y los discursos de odio" que la irrupción de la inteligencia artificial en nuestro día a día agrava. "Constatamos cotidianamente que los discursos contra la lengua apelan a la ofensa y la demagogia, son tremendamente agresivos e incitan a un odio irracional, y una gran parte se basa en argumentos falaces. Analizar la catalanofobia nos debe servir para identificar estos discursos de odio y rebatirlos", ha remarcado Vila antes del inicio de las ponencias.
La catalanofobia ha afectado la percepción del catalán
En este contexto, la vicepresidenta de la entidad, Mireia Plana, ha explicado, antes de dar paso a los ponentes, que "la catalanofobia ha afectado profundamente la lengua y sus hablantes y ha generado históricamente un odio y una represión que explican, al menos en parte, fenómenos tan importantes como el hábito de los catalanohablantes de cambiar de lengua". En este sentido, ha afirmado que la catalanofobia ha invertido "el rol de agresor y agredido" para acabar presentando la lengua castellana como la víctima de las políticas públicas impulsadas para proteger el catalán. Con todo, las actitudes catalanófobas han "debilitado el prestigio social del catalán", cosa que dificulta "el uso normalizado en determinados ámbitos" y refuerza los procesos de sustitución lingüística.
Los tres ponentes han hecho un repaso a la historia de la catalanofobia, su supervivencia en la actualidad en los medios de comunicación y las estrategias que se pueden seguir para construir una base social que la rechace. El catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat Pompeu Fabra, Josep Pich, ha explicado que la hostilidad contra la lengua y la cultura catalanas es una realidad histórica vinculada a los proyectos políticos que han defendido una España centralizada y culturalmente uniforme y al reparto del poder en las estructuras estatales que se han ido construyendo.
Los catalanes, ha explicado el profesor, han sido "el principal enemigo interior de España" desde el siglo XVIII, razón por la cual no se han construido movimientos parecidos de galaicofobia ni vascofobia a pesar de la diversidad lingüística del Estado. La continuidad de la identidad catalana durante los siglos y la voluntad de combatir la concepción centralista y homogénea de España de algunos sectores han sido determinantes para explicar la persistencia de la catalanofobia.
Privilegio histórico del castellano sobre el catalán
El Estado ha privilegiado históricamente el castellano, mientras que el catalán ha sido perseguido o relegado a una posición jurídica inferior. En este sentido, Pich ha sostenido que esta desigualdad ha contribuido a la minorización de la lengua catalana y ha favorecido la percepción de que el castellano es la única lengua plenamente legítima en el espacio público. Por su parte, el coordinador de la cátedra UNESCO sobre Políticas Lingüísticas para el Multilingüismo de la Universitat Pompeu Fabra, Vicent Climent-Ferrando, ha presentado los resultados de una investigación sobre los discursos lingüísticos de la prensa catalana y española entre 2015 y 2026.
Con el análisis de 11.000 titulares y 300 artículos, Climent-Ferrando ha explicado que los diarios españoles tienden a presentar el castellano como la lengua común, cohesionadora y objeto de protección, mientras que el catalán se caracteriza asociándolo con la imposición, el conflicto o la división social a la hora de establecer jerarquías entre las dos lenguas.
Así, ha mostrado que las medidas orientadas a garantizar el uso del catalán o los derechos de sus hablantes son a menudo presentadas por una parte de la prensa española como una amenaza para el castellano o una limitación de la libertad individual. Esta contraposición entre un castellano "cohesionador" y un catalán "impuesto" favorece, dice, a normalizar la idea de que el castellano es la lengua por defecto, mientras que la presencia del catalán se tiene que justificar constantemente. Ante todo esto, la doctora en sociolingüística por la UOC, Marina Massaguer, ha argumentado que es necesario construir nuevos consensos para impulsar el catalán porque los que lo hicieron en el pasado ya no operan con la misma fuerza a causa de los profundos cambios demográficos, sociales, políticos y tecnológicos de las últimas décadas.
La "Catalunya bilingüe" refuerza el dominio del castellano
Massaguer ha examinado diversas líneas discursivas hoy predominantes, como la idea de que las lenguas son solo herramientas de comunicación, la defensa de una supuesta libertad individual de elección lingüística o la creencia de que el mercado puede regular por sí solo las relaciones entre lenguas, a menudo ignorando las desigualdades de poder existentes entre las comunidades lingüísticas. En este contexto, asegura que determinados imaginarios sobre el supuesto bilingüismo de Catalunya, o la diversidad o la neutralidad lingüística, pueden acabar reforzando la posición dominante del castellano en el país.
Ante esto, ha planteado las bases de un nuevo consenso social a favor del catalán, fundamentado en el reconocimiento de las desigualdades lingüísticas existentes y en la necesidad de actuar para corregirlas. La investigadora ha reivindicado el catalán como un recurso clave para garantizar la igualdad de oportunidades y el empoderamiento personal.
