El ARN abre nuevas perspectivas en la investigación del cáncer de mama

Cada año, el Día Mundial del Cáncer de Mama nos recuerda la importancia de la detección precoz, el acompañamiento a las pacientes y la investigación que hace posibles los nuevos tratamientos. Este año, hablamos de una de las líneas de investigación que está generando más expectativa, la tecnología que entró en nuestras vidas durante la pandemia: el ARN mensajero.

El ARN mensajero es, simplificando mucho, el mensaje temporal que lleva a las células las instrucciones para fabricar una proteína. Las vacunas contra la covid-19 lo usaron para que el cuerpo reconociera una proteína del coronavirus. Hoy, la misma tecnología permite silenciar genes concretos, sustituir proteínas que el cuerpo no fabrica bien y entrenar el sistema inmunitario contra tumores.

Una historia diferente para cada tumor

Cada tumor acumula alteraciones genéticas propias, y algunas generan proteínas anómalas que las células sanas no tienen, los neoantígenos. Esta es una de las ideas en que se basan las vacunas personalizadas. Primero, se secuencia el tumor de cada paciente, se identifican estos neoantígenos y se fabrica una vacuna de ARNm que enseñe al sistema inmunitario qué debe buscar. Básicamente, este proceso permite escribir unas "instrucciones" para eliminar el tumor por cada persona.

El melanoma es el tipo de cáncer donde esta estrategia ha ido más lejos. El ensayo de fase 3 INTerpath-001 que se publicó este verano, ha alcanzado el objetivo principal, la supervivencia libre de recaída, y un objetivo secundario clave, la supervivencia libre de metástasis a distancia. Participaron 1.137 pacientes con melanoma cutáneo de alto riesgo que habían sido operados y no habían recibido ningún tratamiento sistémico previo. Según los promotores, es la primera lectura positiva de fase 3 para una terapia de neoantígenos individualizada y para un tratamiento oncológico basado en ARNm. Aunque de momento solo se han publicado los resultados preliminares y los datos detallados de eficacia todavía no se han presentado públicamente, y el estudio continuará evaluando otros objetivos, como la supervivencia global.

¿Y en el cáncer de mama?

En febrero de este año, la revista Nature publicó un primer ensayo con una vacuna de ARN personalizada en cáncer de mama triple negativo, un tipo de tumor bastante agresivo que a menudo reaparece. Catorce mujeres la recibieron después de la cirugía y del tratamiento habitual. Casi todas generaron defensas nuevas contra el tumor, que en muchos casos continuaron activas durante años, y la vacuna se toleró bien.

Aunque tres de las pacientes tuvieron una recaída, se están investigando y esto ayuda a los investigadores a entender cómo los tumores esquivan el sistema inmunitario. El estudio es pequeño, pero demuestra que estas vacunas a medida se pueden fabricar y aplicar en un futuro, y abre el camino a estudios más grandes.

Una apuesta de país: el caso del Reino Unido

La potencialidad de esta tecnología ha hecho que no sea solo una cuestión de laboratorios y empresas farmacéuticas. Algunos países han empezado a convertir las vacunas contra el cáncer en una prioridad estratégica de investigación e innovación, y el Reino Unido fue uno de los primeros en hacerlo.

En 2023, el gobierno británico anunció una alianza con BioNTech para impulsar ensayos de terapias personalizadas contra el cáncer y puso en marcha el Cancer Vaccine Launch Pad, una iniciativa del sistema público de salud británico para identificar pacientes que pudieran participar en estos ensayos. El objetivo era acelerar el desarrollo de inmunoterapias personalizadas basadas en ARNm y facilitar que llegaran a los pacientes.

Todavía estamos lejos, pero los progresos en esta tecnología capaz de fabricar tratamientos a partir de las características moleculares de cada tumor son especialmente interesantes para el cáncer. Todavía, sin embargo, el mensaje de hoy sigue siendo el de siempre: participar en los programas de cribado, conocer el propio cuerpo y consultar cualquier cambio con el profesional sanitario. La detección precoz sigue siendo lo que más vidas salva.