Los humanos tenemos tendencia a experimentar con nosotros mismos y seguir pautas dietéticas que, sin ninguna evidencia científica, prometen grandes mejoras en el organismo. Acostumbran a ser modas basadas en teorías y en observaciones a corto plazo. Hay un aparente beneficio al cabo de pocos días, incluso semanas, pero se ignora todo sobre los efectos que podría tener a medio o largo plazo, que podrían ser contrarios a lo que queríamos y tener efectos irreversibles.
A veces, aquello que se ha considerado dogma, al cabo de los años ha decaído. De pequeño oía que el aceite de oliva no era demasiado recomendable. También recuerdo cómo las margarinas cargadas de grasas trans se consideraban saludables. No hace tanto, se aconsejaba no tomar más de dos o tres huevos a la semana. La fruta solo era agua con azúcar. Ejemplos, encontraríamos un buen puñado.
Este comentario viene a raíz de la publicación en diferentes medios de las conclusiones de un póster presentado hace unos días en un congreso de cardiología. Se titula "Asociación de una alimentación restringida a 8 horas con mortalidad por todas las causas y por causas específicas". Los resultados de los investigadores indican que las dietas con restricción de tiempo (limitadas a un intervalo de 8 horas) se asocian a mayor riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular, concretamente un 91% superior. Es un estudio preliminar, dado que, entre otras cosas, no discrimina por tipo ni cantidad de comida, pero da que pensar. Aunque puede indicar alguna tendencia, no lo considero, ni mucho menos, definitivo. Sí que creo que sirve de alerta.
En vez de buscar un patrón racional, nos adherimos a modas que no están basadas en ninguna evidencia científica
Estos "experimentos", como el de comer en cortas ventanas horarias y ayunar la mayor parte del día o estar días sin comer, los hacemos en un intento de corregir algo, como puede ser el deseo de reducir peso o de rebajar la glucosa o los triglicéridos. En vez de buscar un patrón racional, nos adherimos a modas que no están basadas en ninguna evidencia científica. Seguramente sería más razonable adaptarse a un patrón de alimentación y vida más saludable y de acuerdo con la naturaleza humana. Por ejemplo, hacer ejercicio es bueno, pero no veo que lo sea comer más de lo que corresponde y después hacer un exceso de ejercicio para estar en forma. Querría recordar que tanto comer como hacer ejercicio crean adicción. Alguien puede pensar que el exceso de ambas cosas se compensa. Nada más erróneo. Si genero picos de insulina, ningún ejercicio revertirá el daño.
Querría recordar que tanto comer como hacer ejercicio crean adicción
Todos, los animales, diurnos y nocturnos, tenemos el metabolismo adaptado al ciclo luz – oscuridad siguiendo lo que se denomina ritmos circadianos. El metabolismo y la nutrición están relacionados con ellos, aunque los efectos de la hora de las comidas afectan al sistema circadiano humano, no son lo suficientemente conocidos. Existe una dependencia del ciclo luz – oscuridad en la secreción de algunas hormonas y muchos parámetros bioquímicos dependen de ello. Los humanos debemos comer hidratos de carbono, lípidos, especialmente grasas, y proteínas, así como vitaminas y minerales. Una dieta que reduzca o aumente demasiado cualquiera de ellos no será buena, por mucho que a corto plazo lo pueda parecer.
Lo más sustancial es ir a dormir con las secreciones digestivas hechas
Los datos de estudios en animales y, mucho más reducidos, en humanos avalan que el horario regular de las comidas y la alimentación alineada con el reloj circadiano puede mejorar el control metabólico y prevenir las alteraciones metabólicas derivadas de una alimentación poco saludable y patrones alimentarios erráticos. La evidencia creciente en humanos sugiere que comer temprano durante el día se asocia con un mejor control del peso corporal y la homeostasis metabólica.
Hay quien apunta que deberíamos comer entre las ocho de la mañana y las seis de la tarde. Es cierto que cenar más temprano de lo que habitualmente hacemos sería bueno, pero la hora de tomar la primera comida por la mañana dependería más de la hora de levantarse. Lo más sustancial es ir a dormir con las secreciones digestivas hechas. Cuesta porque es un cambio cultural.
El Dr. Enric I. Canela es Catedrático Emérito de Bioquímica y Biología Molecular de la Universitat de Barcelona.
