Un 10,2% de los hombres reconoce haber mantenido conductas sexuales con niños y adolescentes

Un estudio de la Universitat de Barcelona ha descubierto que hasta un 10,2% de los hombres adultos del Estado reconoce haber mantenido, al menos una vez en la vida, alguna conducta de violencia sexual que implica a menores de 18 años. Este es uno de los resultados de la investigación que este martes presenta el Grup de Recerca en Victimització Infantil i Adolescent (GReVIA) de la UB en Madrid y que es el primer estudio que cuantifica en España la atracción sexual hacia personas de menos de 16 años y las conductas de violencia sexual contra niños y adolescentes. El estudio se ha realizado con entrevistas a 6.010 hombres adultos residentes en España y diferencia por primera vez estas dos realidades asociadas, pero no equivalentes. De esta manera, dicen, se puede identificar dónde y cuándo se puede intervenir para evitar que haya víctimas de estas conductas, que suponen una vulneración de derechos humanos y un problema estructural de salud pública.

Una de las aportaciones principales del estudio es que mide de forma separada dos fenómenos que el debate público tiende a confundir: la atracción sexual hacia personas de menos de 16 años, por un lado, y la perpetración de conductas de violencia sexual contra niños y adolescentes, por el otro. El estudio los ha evaluado a ambos de manera independiente, lo que, para el equipo investigador, hace abordable el problema y no lo minimiza. Los resultados de la investigación que ha coliderado Pablo Romero, del Grup de Recerca en Victimologia Empírica i Aplicada (VICRIM) de la Universitat Oberta de Catalunya, indican que un 22,2% de los participantes declara que ha sentido algún grado de atracción sexual hacia personas de menos de 16 años desde que llegaron a la edad adulta.

En la mayoría de los casos, sin embargo, el estudio indica que "se trata de una atracción poco frecuente y secundaria a la atracción hacia personas adultas", ya que el 12,3% sitúa esta atracción en "casi nunca" y solo el 1,9% afirma que la experimenta la mayor parte del tiempo o casi siempre. La atracción exclusiva hacia personas menores de edad, sin atracción hacia personas adultas, es muy minoritaria: solo el 0,3 % de la muestra. Sin embargo, y como ocurre con el resto de datos resultantes del estudio, los investigadores precisan que, al tratarse de conductas muy estigmatizadas en la sociedad, es esperable que "estén infrarreportadas" y que, por lo tanto, las estimaciones resultantes "se deben leer como conservadoras".

Un 10,2% reconoce las conductas contra menores

En cuanto a los participantes del estudio que han actuado en estas atracciones, el 10,2% reconoce haber llevado a cabo, al menos una vez en la vida, alguna conducta sexual con menores de 18 años. Esta cifra baja hasta el 2,8% cuando se restringe a niños y adolescentes de menos de 15 años y hasta el 1,7% cuando se refiere a menores de 12 años. Los datos del estudio también confirman la asociación entre la atracción y las conductas violentas, ya que quienes la declaran presentan una probabilidad significativamente más alta de reportar violencias sexuales, pero los investigadores indican que no es determinista.

El 72,8 % de los hombres que declaran atracción sexual hacia personas de menos de 16 años no reportan ninguna conducta de violencia sexual contra la infancia o la adolescencia. "Que la mayoría de las personas que refieren atracción no haya cometido ninguna conducta de violencia sexual no rebaja la gravedad del problema: nos dice dónde y cuándo podemos intervenir. Ofrecer ayuda temprana y confidencial es una medida de protección de la infancia", asegura Romero, codirector del estudio.

El entorno digital: menos frecuente, pero más persistente

En cuanto al ámbito digital, donde algunos relatos públicos sitúan gran parte de la violencia sexual contra niños y adolescentes, el estudio indica que estas conductas son más frecuentes fuera de internet (9,7%) que en el entorno digital (4,2%). Pero el entorno en línea sí que es claramente mayoritario entre quienes reportan este tipo de conductas a lo largo de la vida y en los últimos doce meses, donde un 56%, más de la mitad, afirman haberlo hecho, mientras que un 27% dicen haberlo hecho en el entorno físico. Además, la proporción de niños de menor edad es un poco más alta en las conductas en línea. Por esta razón, el estudio concluye que el entorno digital debe ocupar un lugar central en las estrategias preventivas.

Cuatro líneas de actuación para prevenir

En este sentido, el equipo del GReVIA propone cuatro líneas de actuación para prevenir las violencias sexuales de adultos contra niños y menores. Por un lado, se propone explicar con rigor que atracción y conducta no son equivalentes y, a la vez, transmitir claramente que sentir atracción no justifica ninguna conducta de violencia sexual. Por otro lado, indican que se debe incidir en la prevención y la orientación a las personas que sienten atracción hacia niños o adolescentes, con la necesaria formación de los profesionales de la salud mental, la educación, los servicios sociales, la justicia y la protección de la infancia para detectar señales de riesgo, orientar y derivar.

Finalmente, aseguran que es necesario que haya una investigación estable y periódica que permita diseñar y evaluar políticas públicas basadas en datos empíricos que se complementen con experiencias a escala internacional.

Estudio catalán en un marco global

De hecho, este estudio de la UB se ha desarrollado en el marco del programa internacional Prevention Global, en colaboración con el Centro Moore de Prevención del Abuso Sexual Infantil de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, y que también impulsa el Instituto de Investigación en Salud Mental del The Royal canadiense. El programa Prevention Global tiene dos objetivos: conocer la magnitud real del problema en varios países con un mismo instrumento de medida e identificar qué estrategias funcionan para evitar que el daño se produzca. La aplicación en España, a cargo del GReVIA, permite por primera vez situar los datos españoles en este marco comparativo internacional. 

Hasta ahora, la evidencia disponible en España procedía casi exclusivamente de datos judiciales, datos policiales y estudios de victimización, es decir, de aquello que ocurre cuando el daño ya se ha producido. Este estudio aporta una perspectiva complementaria y poco explorada: ¿qué proporción de la población adulta reconoce estas conductas y qué se asocia a ellas?, con un objetivo explícitamente preventivo: no se puede prevenir aquello que no se conoce. El estudio recoge conductas autoinformadas, con contacto físico y sin él, en el entorno físico y en el digital, e incluye los casos con adolescentes de 16 y 17 años únicamente cuando hay una diferencia de al menos diez años con la persona que responde. De esta manera, quedan fuera las relaciones sexuales consentidas entre personas de una edad similar, aunque una sea menor de edad.