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La salud mental se ha convertido en los últimos años en una de las asignaturas pendientes del sistema sanitario catalán y en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada cuatro personas sufrirá un problema de salud mental a lo largo de su vida. Una situación que se hace más patente aún entre los jóvenes: en los últimos 25 años, la depresión y la ansiedad han aumentado un 75% entre los adolescentes. Pero uno de los datos más preocupantes es el del suicidio juvenil. Según el Consell Nacional de la Joventut de Catalunya (CNJC), es la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años y más de un 20% de las visitas médicas de la juventud son por ansiedad o depresión, factores estrechamente ligados con el suicidio. Ahora, coincidiendo con el Día Mundial de la Salud Mental, un estudio del Hospital Sant Joan de Déu pone el foco en las mujeres jóvenes e insiste en que estudiar a las mujeres a partir de patrones masculinos puede "invisibilizar su malestar, retrasar diagnósticos y dejar fuera factores como el trauma, las violencias, los cuidados o los cambios hormonales".

La ideación suicida, más presente entre las chicas que entre los chicos

El 40,8% de las mujeres jóvenes que han participado en el estudio PROSIA-Y afirma haber tenido ideación suicida alguna vez, mientras que en el caso de los hombres jóvenes es el 24,8% de los encuestados. Una diferencia de 16 puntos, que también se mantiene en los intentos de suicidio (17,1% versus 6,6%) y en las autolesiones sin intención de morir (37,9% versus 15,4%). Los datos fueron presentados durante la jornada Mujer y salud mental: Heridas invisibles, voces visibles, en el marco de la Semana de la Salud Mental 2026, y pretenden mostrar la importancia de incorporar la perspectiva de sexo y género en la investigación de esta problemática: "Estudiar las diferencias de sexo hace visible una parte de la conducta suicida juvenil que las cifras globales no muestran", afirma la investigadora del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, Regina Vila.

Estos datos coinciden con otros estudios recientes que apuntan a un aumento sostenido de los problemas de salud mental entre las chicas adolescentes y evidencian la eficacia de los sistemas de salud mental. Esto obliga a los expertos a hacerse la pregunta sobre si estos sistemas están preparados para entender las necesidades específicas de las mujeres. Para la psiquiatra infantil y juvenil del Hospital SJD Barcelona, Marta Pardo, este fenómeno no se puede explicar a partir de una única causa. Según ella, "el aumento del sufrimiento en las chicas adolescentes probablemente es el resultado de la interacción entre factores biológicos, evolutivos, psicológicos y sociales". Una investigación realizada en Catalunya con más de dos millones de jóvenes detectó que las chicas presentaban aproximadamente el doble de nuevos diagnósticos de depresión y ansiedad que los chicos.

El trauma, escondido detrás del diagnóstico

Las expertas también ponen el foco en la necesidad de incorporar una mirada informada por el trauma y las violencias. En este sentido, la psicóloga clínica del Consorci Sanitari de Terrassa, Vanessa Narváez, advierte que muchas mujeres llegan a los servicios de salud mental con síntomas de ansiedad, depresión o estrés postraumático sin que se explore adecuadamente el contexto de violencia que hay detrás. "Podemos acabar viendo solo los problemas de salud mental que son consecuencia del maltrato y no la situación que los ha provocado", afirma.

Incorporar la perspectiva de género en la salud mental

Con todo, la psiquiatra e investigadora Judith Usall, presidenta de la International Association for Women’s Mental Health e investigadora del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, insiste en el hecho de que "incorporar la perspectiva de sexo y género es esencial para hacer una investigación más rigurosa y mejorar la atención". Un ejemplo, dice, es la "falta de evaluación sistemática del ciclo menstrual, el embarazo o la menopausia" en los estudios sobre trastornos mentales, "a pesar de que estos procesos pueden influir en los síntomas y en la respuesta a los tratamientos". La incorporación de la perspectiva de sexo y género en la investigación de la salud mental implicaría analizar tanto las diferencias biológicas, hormonales y reproductivas como los factores sociales y culturales, entre los que se encuentran la sobrecarga de cuidados, las desigualdades o la exposición a la violencia machista, tal como puntualizan desde el Sant Joan de Déu.