Como tantas cosas en la vida, el perfeccionismo es una característica que puede ayudar a mejorar en la vida, autoexigirse y lograr cumplir los objetivos y hacer un buen desempeño profesional. El problema es cuando se convierte en una obsesión que no permite estar a gusto con nada ni disfrutar ni valorar cualquier actividad que se lleve a cabo. Y, desgraciadamente, para algunos adolescentes en edad escolar puede convertirse en un verdadero problema.

Así ha quedado patente en un estudio llevado a cabo por expertos de la Universidad de Ottawa que relacionan un excesivo perfeccionismo con la ansiedad y la depresión. En la investigación realizaron un registro de 604 adolescentes canadienses desde los 12 a los 18 años. Los científicos examinaron el rendimiento académico y el perfeccionismo. Según ellos, el perfeccionismo es un estilo de personalidad desadaptativo que se caracteriza por altos estándares autoimpuestos que están constantemente vinculados al desarrollo de la ansiedad y la depresión.

“El alto rendimiento académico es alabado y celebrado en todo el mundo”, afirma la autora principal, la doctora Tracy Vaillancourt. “Tener un buen desempeño en la secundaria está vinculado a oportunidades académicas futuras, como asistir a la universidad, lo que aumenta las perspectivas laborales y los ingresos. Hay mucho en juego y los adolescentes sienten mucha presión”.

Los resultados mostraron que algunos de los adolescentes que obtienen buenos resultados académicos se encuentran atrapados en un círculo vicioso de logros y perfeccionismo. Específicamente, en cada punto evaluado, las calificaciones más altas condujeron a un mayor perfeccionismo.

“Aunque aparentemente obtener buenas calificaciones parece estar bien, su vínculo con un mayor perfeccionismo es preocupante porque el alto perfeccionismo a menudo conduce a un mayor agotamiento académico, menor compromiso escolar y menor rendimiento a largo plazo, así como a un aumento de la ansiedad y la depresión”, añaden.

Los resultados han sido publicados en la Revista Internacional de Desarrollo del Comportamiento y en él los expertos señalan algunos consejos para los padres. “Por mucho que siente bien obtener buenos resultados y ser elogiado por ello, los jóvenes deben aceptar que alcanzar la perfección no es posible”, inciden. Es importante que comprendan que todos tenemos fortalezas y debilidades, y eso es lo que nos hace humanos.

En la escuela, es particularmente importante que los padres y educadores fomenten entornos de autoaceptación. Ayudar a los jóvenes a comprender que las personas pueden ser aceptadas por lo que son, incluso si todavía están trabajando para alcanzar ciertas metas. Evitar presionar a los jóvenes para que sean perfectos y, en cambio, reconocer sus éxitos, incluso los más pequeños, así como su esfuerzo. Además, hay que trabajar para contrarrestar el pensamiento de todo o nada. No alcanzar la perfección no significa que uno sea un fracaso.