¿Fiebre alta significa que un niño está más grave? Mitos y verdades sobre la fiebre infantil

La temperatura por sí sola no determina la gravedad de una infección. La Dra. Ailin María Torrieri, pediatra del Hospital Universitari Dexeus, explica qué señales deben preocupar a los padres y qué mitos conviene desterrar.

La cifra del termómetro no lo dice todo

La fiebre es uno de los motivos que más preocupa a las familias, especialmente cuando el termómetro alcanza temperaturas elevadas. Sin embargo, según explica la Dra. Ailin María Torrieri, pediatra del Hospital Universitari Dexeus, la cifra debe interpretarse siempre en el contexto del estado general del niño.

Dra. Ailin María Torrieri  Pediatría (1)
Dra. Ailin María Torrieri

“El número del termómetro es solo un dato más; lo que de verdad orienta sobre la gravedad es el aspecto general del niño”, señala la especialista. Por eso, hay que observar si está activo o decaído, si responde y conecta con su entorno, si respira con normalidad, mantiene un buen color y continúa bebiendo y orinando con normalidad.

De hecho, un niño con 39 ºC que juega, sonríe y bebe puede generar menos preocupación que otro con 38 ºC que está muy decaído o presenta dificultad respiratoria. “La cifra del termómetro nunca sustituye a la exploración clínica”, recuerda la pediatra.

¿Cuanto más alta es la fiebre, mayor es la gravedad?

Es uno de los principales mitos sobre la fiebre infantil. Una temperatura elevada no permite determinar por sí sola la gravedad de una infección. Un niño puede alcanzar los 40 ºC debido a una infección vírica y encontrarse relativamente bien, mientras que otro con una temperatura más baja puede presentar signos que requieran atención médica.

La fiebre, además, es una respuesta regulada por el organismo. El cuerpo eleva la temperatura como parte de su respuesta frente a una infección y, en este contexto, “no causa daño cerebral por sí misma”, explica la Dra. Torrieri.

La especialista diferencia la fiebre de la hipertermia, como la que puede producirse en un golpe de calor. En este último caso, el organismo pierde el control de la temperatura, que puede aumentar de manera peligrosa, y sí existe riesgo de daño orgánico.

El objetivo de los antitérmicos: que el niño se encuentre mejor

Otro error frecuente consiste en intentar que la temperatura vuelva necesariamente a los 36-37 ºC. Sin embargo, el objetivo de tratar la fiebre no es perseguir una determinada cifra, sino aliviar el malestar del niño.

“La fiebre es un mecanismo de defensa, no una enfermedad en sí misma”, apunta la pediatra. Si el niño tiene fiebre, pero está cómodo, juega y come con normalidad, no es necesario administrar un antitérmico únicamente por la temperatura.

Cuando existe malestar, dolor o irritabilidad, pueden utilizarse paracetamol o ibuprofeno, siempre correctamente dosificados según el peso. En cambio, alternar ambos medicamentos de forma rutinaria no está recomendado, ya que no existe un beneficio clínico claro y aumenta el riesgo de cometer errores con las dosis.

Paños fríos, baños y abrigar al niño: ¿funcionan?

Algunas prácticas tradicionales tampoco son necesarias. Los baños o paños de agua fría pueden provocar escalofríos y aumentar el malestar. El uso de alcohol para intentar bajar la temperatura no está recomendado.

Tampoco es conveniente abrigar excesivamente al niño para intentar que “sude”. Al contrario, la recomendación es aligerar la ropa para facilitar que el organismo pueda liberar calor.

Las señales que deben hacer saltar las alarmas

Más allá de la temperatura, existen determinados síntomas que requieren una valoración médica. Entre ellos se encuentran un decaimiento intenso o dificultad para despertar, problemas para respirar, mala coloración o piel moteada, rechazo persistente de líquidos o signos de deshidratación.

También son señales de alarma las convulsiones, un llanto débil o especialmente agudo, una fontanela abombada en bebés o la aparición de manchas en la piel que no desaparecen al presionarlas con un vaso.

Asimismo, la fiebre que se prolonga durante más de cuatro o cinco días sin una causa clara debe ser valorada por un profesional.

Menores de tres meses: una situación especial

La edad es especialmente importante cuando se trata de fiebre. En los bebés menores de tres meses, una temperatura elevada requiere valoración médica aunque aparentemente el pequeño se encuentre bien.

En esta etapa, el sistema inmunitario todavía es inmaduro y existe un mayor riesgo de infecciones bacterianas graves. Además, los bebés pequeños pueden presentar una infección relevante sin mostrar signos evidentes de alarma.

Por este motivo, la evaluación del lactante febril menor de tres meses se basa en protocolos específicos que tienen en cuenta su edad exacta y otros factores de riesgo, además de recurrir, cuando corresponde, a pruebas complementarias.

Que baje la fiebre no siempre significa que el problema haya terminado

También es importante no confundir la desaparición temporal de la fiebre con la resolución de la enfermedad. Un antitérmico puede hacer que la temperatura descienda, pero lo que realmente debe tranquilizar a los padres es que el niño recupere su comportamiento habitual.

“Lo que de verdad tranquiliza es que el niño recupere su comportamiento habitual: que juegue, que beba, que esté reactivo”, explica la Dra. Torrieri. Si continúa excesivamente somnoliento, presenta dificultad para respirar, rechaza líquidos o cuesta despertarlo, debe consultarse aunque ya no tenga fiebre.

Tres mitos que conviene desterrar

La Dra. Torrieri resume tres de las creencias más extendidas sobre la fiebre infantil: que cuanto más alta es la fiebre, mayor es la gravedad; que una fiebre no tratada puede “quemar” el cerebro; y que alternar varios antitérmicos es más eficaz o seguro que utilizar uno correctamente dosificado.

La clave, por tanto, no está únicamente en mirar el termómetro, sino en observar al niño en su conjunto. El estado general, su capacidad para relacionarse, respirar, beber y mantenerse activo son datos fundamentales para valorar cómo evoluciona y decidir cuándo es necesario consultar con un profesional.