Recuperar la visión sin implantes, sin cirugía y sin modificar los genes. Lo que hasta hace pocos años parecía ciencia ficción acaba de dar un paso adelante gracias a un equipo de investigación liderado desde Catalunya. Un consorcio científico encabezado por el Institut de Bioenginyeria de Catalunya (IBEC) ha desarrollado una nueva generación de fármacos activados por la luz que han conseguido restaurar la percepción visual en ratones ciegos. El estudio, publicado en la prestigiosa revista Journal of the American Chemical Society (JACS), abre una nueva vía para tratar enfermedades degenerativas de la retina como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) o la retinitis pigmentaria (RP), que afectan a 200 millones de personas en todo el mundo y representan las principales causas de discapacidad visual y ceguera. Sin embargo, los investigadores advierten que todavía se trata de una investigación en fase preclínica y que serán necesarios ensayos en humanos antes de poder hablar de un futuro tratamiento.
¿Cómo es posible recuperar la visión sin regenerar el ojo?
La clave de la investigación es una disciplina relativamente nueva conocida como fotofarmacología. En lugar de intentar reparar las células fotorreceptoras de la retina que se han perdido —las detectoras de luz de la retina—, esta tecnología utiliza moléculas capaces de encenderse o apagarse cuando reciben luz. Los investigadores han creado unos compuestos bautizados como prosthe6, que actúan como una especie de "prótesis moleculares". Su función es sustituir parcialmente el papel de los fotorreceptores destruidos por la enfermedad y volver a poner en marcha el circuito visual que todavía se conserva en la retina. En otras palabras, el fármaco no hace que los fotorreceptores vuelvan a crecer, sino que permite que el resto del sistema visual aproveche la información lumínica para volver a enviar señales al cerebro.
Los compuestos Prosthe6 actúan sobre un tipo específico de células de la retina llamadas células bipolares ON, que normalmente reciben las señales de los fotorreceptores, las células del ojo encargadas de detectar la luz. Al actuar sobre una proteína (mGlu6) presente en esta parte preservada de la retina, los compuestos Prosthe6 pueden asumir la función de los fotorreceptores que se han perdido. Cuando la luz entra en el ojo, estas moléculas responden cambiando de forma, hecho que desencadena señales a la retina de una manera muy parecida a la de la visión natural.
El trabajo se basa en más de una década de investigación y se ha llevado a cabo en colaboración con el equipo liderado por Pedro de la Villa, de la Universidad de Alcalá (UAH), así como con personal investigador del Institut de Química Avançada de Catalunya (IQAC-CSIC), la Universitat de Barcelona (UB), el Instituto Ramón y Cajal de Investigación en Salud (IRYCIS), la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y la Fundació Eduard Soler.
Los ratones ciegos recuperan un comportamiento natural
Para comprobar si el tratamiento funcionaba, los investigadores observaron uno de los comportamientos más instintivos de los ratones: evitar los espacios iluminados y refugiarse en la oscuridad. Los animales que habían perdido completamente la visión recuperaron este reflejo después de recibir el tratamiento, sin necesidad de entrenamiento previo y utilizando únicamente niveles habituales de luz ambiental, comparables a los de un día nublado o a la iluminación de un interior. Esto representa uno de los aspectos más destacados del estudio, ya que muchas tecnologías experimentales requieren fuentes de luz mucho más potentes. "Nuestro objetivo era restaurar la visión mediante un mecanismo molecular que se pareciera lo más posible al funcionamiento de una retina sana", explica la investigadora postdoctoral del IBEC y coprimera autora del trabajo, Rosalba Sortino. "En lugar de esquivar el procesamiento visual de la retina, queríamos reactivarlo justo en el mismo punto del circuito retinal donde normalmente actúan los fotorreceptores que se han perdido", añade.
Un tratamiento mucho más sencillo que otros
Actualmente, se están investigando diversas estrategias para combatir la ceguera causada por la degeneración de la retina. Algunas pasan por la terapia génica y otras por implantes electrónicos capaces de estimular las neuronas del ojo. La propuesta desarrollada por el IBEC busca simplificar este proceso. Los nuevos compuestos son solubles en agua y, según los resultados obtenidos hasta ahora, pueden administrarse tanto mediante una inyección intraocular como con un simple colirio, evitando cirugías complejas o modificaciones genéticas.
Todavía no es una cura contra la ceguera
A pesar de los resultados esperanzadores, los mismos investigadores insisten en que no se trata de una cura. "Estas moléculas no curan la ceguera porque no eliminan la causa que ha destruido los fotorreceptores", señala Pau Gorostiza. "Pero son sorprendentemente eficaces para restaurar la visión con un enfoque muy sencillo y potencialmente fácil de usar". Es una diferencia importante: el tratamiento no evita que la enfermedad continúe avanzando, pero podría permitir recuperar parte de la función visual aprovechando las células de la retina que todavía se mantienen intactas.
El próximo reto: probarlo en personas
Después de los buenos resultados en animales, los investigadores ya han patentado la tecnología y trabajan para llevarla a los ensayos clínicos en humanos a través de la empresa derivada (spin-off) Eyelumina. "Convertir esto en una terapia es un proceso largo y complejo", afirma Gorostiza. "Pero los resultados muestran que existe una posibilidad realista de restaurar una visión de alta calidad mediante fármacos, de una manera no invasiva y reversible, y con un mecanismo independiente de la enfermedad de la retina o de la mutación genética concreta, lo que permitiría llegar a la mayoría de los pacientes". Si los futuros estudios confirman la seguridad y la eficacia del tratamiento en humanos, esta estrategia podría convertirse en una alternativa menos invasiva y más asequible para millones de personas afectadas por enfermedades degenerativas de la retina. De momento, el descubrimiento representa un nuevo ejemplo del potencial de la fotofarmacología: una disciplina que, literalmente, aspira a controlar los medicamentos con un interruptor de luz.