El dolor de cabeza es una de las molestias más frecuentes en la población, pero no todos los dolores son iguales ni tienen el mismo origen. De hecho, pensar que cualquier cefalea es una migraña es uno de los errores más habituales en consulta. “En la Clasificación Internacional de Cefaleas se describen más de 200 tipos y subtipos distintos”, explica la Dra. Ainara Barguilla. Por eso, identificar qué tipo de dolor aparece, cómo se manifiesta y qué síntomas lo acompañan es clave para abordarlo correctamente.
Migraña, cefalea tensional y otros dolores frecuentes
La cefalea tensional es la más común. Suele describirse como una presión constante, “en casco” o como una banda que aprieta la cabeza. Aunque puede resultar molesta, normalmente no incapacita de forma severa.

La migraña, en cambio, es mucho más compleja. “Es una enfermedad neurológica específica, con una base genética y mecanismos biológicos concretos”, explica la Dra. Barguilla. El dolor suele ser pulsátil, intenso y localizado habitualmente en un lado de la cabeza, muchas veces detrás del ojo.
Pero lo que realmente diferencia la migraña de otros dolores es todo lo que la acompaña. Náuseas, mareo, sensibilidad extrema a la luz y al ruido o empeoramiento con la actividad física son algunos de los síntomas más característicos. “Muchos pacientes necesitan aislarse en silencio y oscuridad hasta que pasa la crisis”, señala.
En algunos casos aparece además el llamado “aura migrañosa”: síntomas neurológicos transitorios que preceden al dolor. Pueden manifestarse como destellos luminosos, líneas en zigzag o pequeñas zonas ciegas en el campo visual y suelen durar entre unos minutos y una hora.
Otro tipo frecuente es la cefalea cervicogénica, relacionada con problemas musculares o articulares del cuello. Y, aunque menos habitual, existe también la cefalea en racimos, considerada una de las más intensas. “Produce un dolor insoportable alrededor de un ojo, pero si se diagnostica correctamente puede tratarse con terapias específicas y oxígeno”, explica la especialista.
Estrés, hormonas o falta de sueño: los desencadenantes más habituales
Uno de los grandes mitos es pensar que existe una única causa detrás de la migraña. En realidad, los desencadenantes son múltiples y varían según cada persona. El estrés es uno de los factores más frecuentes, aunque curiosamente también puede desencadenarla el descenso brusco de tensión tras un periodo intenso. “El cerebro con migraña es especialmente sensible a los cambios”, explica la Dra. Barguilla.
La falta de sueño —o incluso dormir demasiado—, las fluctuaciones hormonales y el ayuno prolongado también son factores habituales. Respecto a la alimentación, aunque tradicionalmente se ha señalado al queso o al vino como desencadenantes, la evidencia actual apunta más hacia los periodos prolongados sin comer.
Las pantallas tampoco son siempre las culpables directas. “Muchas veces influyen más la fatiga visual o las malas posturas mantenidas que la pantalla en sí”, aclara.
Incluso el clima puede influir. Algunas personas notan empeoramiento con cambios bruscos de presión atmosférica, temperatura o viento. “No es sugestión: es una respuesta física de un sistema nervioso especialmente sensible a los cambios ambientales”, añade.
Cuándo el dolor de cabeza debe preocupar
Aunque la mayoría de las cefaleas no esconden problemas graves, existen señales de alarma que nunca deben ignorarse. La principal es un dolor de cabeza completamente nuevo, especialmente si aparece de forma súbita e intensa. “Ese dolor explosivo, el peor dolor de cabeza de la vida, requiere valoración médica inmediata”, advierte la Dra. Barguilla.
También debe consultarse si el dolor aparece acompañado de fiebre, pérdida de visión, debilidad, confusión o alteraciones neurológicas. Otro signo importante es un cambio radical en el patrón habitual en personas que ya sufrían migraña. Las cefaleas que aparecen tras esfuerzos físicos, tos o ejercicio también requieren estudio. En estos casos, el dolor puede ser un síntoma secundario de otro problema médico que debe descartarse.
El riesgo de abusar de los analgésicos
Otro problema frecuente es recurrir constantemente a medicamentos sin supervisión médica. Lo que muchas personas desconocen es que el abuso de analgésicos puede acabar empeorando el problema.
“Existe la llamada cefalea por abuso de medicación, que genera un círculo vicioso difícil de romper”, explica la especialista. Por eso insiste en la importancia de acudir al neurólogo para identificar correctamente el tipo de cefalea y diseñar un tratamiento específico. Actualmente, existen terapias preventivas mucho más avanzadas que permiten reducir la frecuencia y la intensidad de las crisis en muchos pacientes.
El gran mito: “Hay que aguantar el dolor”
Para la Dra. Barguilla, uno de los mensajes más importantes es desterrar la idea de que sufrir dolores de cabeza frecuentes es algo normal. “El mito más peligroso es pensar que el dolor de cabeza hay que soportarlo”, afirma. Las cefaleas recurrentes afectan al descanso, al trabajo, a las relaciones personales y a la calidad de vida.
La buena noticia es que hoy existen tratamientos eficaces y abordajes cada vez más personalizados. “El objetivo no es solo aliviar el dolor cuando aparece, sino entender por qué ocurre y ayudar al paciente a recuperar el control de su día a día”, concluye.