Respirar es la esencia de la vida. Conseguir volver a hacerlo de forma autónoma es, estos días, la batalla de los millares de enfermos críticos de coronavirus. Aunque el combate es largo, duro y difícil, "la mayoría salen adelante", revela a ElNacional.cat la subdirectora asistencial y responsable del área de críticos de la Vall d'Hebron, Rocío Cebrián. Con ella nos zambullimos en la UCI más importante de España, con más de 200 camas, la mayor parte de ellas ocupadas por pacientes de Covid-19. En el centro trabaja un inagotable ejército de 7.000 profesionales. La UCI se encuentra al 90% de ocupación.

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Antes de la invasión de la pandemia, la Vall d'Hebron disponía de 56 plazas de UCI para adultos. En poco más de dos semanas han cuadruplicado su capacidad hasta 222. En un par de días esperan haber multiplicado el espacio por seis y llegar a unos 330 box. "Crecimos muy rápido", explica Cebrián. La estrategia de ampliación fue por fases. Lo primero fue liberar espacio anulando todos los casos programados. El siguiente paso, habilitar la antigua UCI, que hacía un año que se había reconvertido en un almacén. Después se arreglaron y equiparon las áreas de reanimación de las salas de operaciones. Ahora están ultimando la adecuación de otras zonas diáfanas que acostumbran a servir para hacer formación. 

Pero de nada serviría ampliar espacios sin disponer de suficientes profesionales al pie del cañón. El centro ha reestructurado los turnos: guardia de 24 horas, dos días de descanso y vuelta a la guardia. A la vez, se han reforzado los equipos con personal de otras áreas -anestesiólogos, pediatras, cirujanos plásticos, traumatólogos, maxilofaciales- y cuatro excompañeros jubilados hace menos de un año se han reincorporado a la trinchera.

"Cuando empezó la pandemia era una incertidumbre, ahora tenemos la seguridad de que podemos hacerle frente". En la Vall d'Hebron empiezan a ver la luz, pero a pesar de mostrarse confiada, Cebrián advierte que es imprescindible no bajar la guardia y controlar al milímetro el periodo de desconfinamiento para hacerlo secuencial.

Criterio de selección: la capacidad de supervivencia

Ahora mismo, en la Vall d'Hebron, quedan libres alrededor del 10% de las camas de la unidad de críticos. Suele ser el porcentaje habitual, "el problema es el volumen total de pacientes". Tal como ha pasado a nivel nacional, casi todo, el 90%, está ocupado por enfermos de coronavirus. Son unos 200, cuatro de ellas, embarazadas. "La entrada de paciente crítico que no es Covid-19 ha bajado en picado": Cebrián lo argumenta: "la UCI tiene pacientes que llegan de dos vías, o programados o urgentes; ahora hemos parado los programados y sólo entran las urgencias, como ictus o infartos".

La estancia media de un paciente de Covid-19 que ingresa en el UCI es de unos 20 días. De ahí el riesgo de saturación, que en el centro confían en que no llegará. "Todavía no hemos llegado al pico, se ralentiza el incremento, pero siguen llegando críticos", afirma Cebrián. A lo largo de la semana el ritmo de ingresos ha sido de unos 10 al día, mientras que las altas son unas 5 diarias.

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La gran pregunta, estos días, es en base a qué criterio se abre la puerta de un box de UCI a un enfermo o se le cierra el paso. La doctora Cebrián explica que, como siempre han hecho, se analiza cada caso de forma individual y que lo que prima es la capacidad de recuperación del paciente. "No hay un criterio por edad, sino que el equipo valora si el paciente podrá sobrevivir o no a todo el tratamiento".

Prácticamente todos los que ingresan en UCI por Covid-19 necesitan ventilación mecánica porque sufren una neumonía. Para poder intubarlos se les tiene que sedar y durante todo el tiempo que tienen que estar con respiración asistida se les mantiene inconscientes. "Una máquina respira por ellos y se les alimenta por vena". En el caso de las pocas embarazadas que han ingresado en UCI, en la mayoría de casos se les ha tenido que provocar el parto. El acceso es restringido y cada día se pasa información telefónica a los familiares. Desde el centro insisten que la mayoría de infectados de coronavirus sufrirán "un cuadro gripal leve" y que en estos casos no tienen que ir a urgencias. El síntoma de alarma para presentarse en el hospital tiene que ser que les cueste respirar, siempre que eso vaya acompañado de otros factores propios de una afectación respiratoria, "tos, fiebre, mocos o dolores musculares".

La factura emocional y el aprendizaje

"Nos encontramos ante una catástrofe nunca vista, ni el 17 de agosto", confiesa desde la primera línea de la trinchera la doctora Cebrián. Explica que "los profesionales están mentalizados" y que ya empiezan a conocer el virus". El propio servicio de psicología del centro dedica buena parte de sus esfuerzos a dar apoyo a us profesionales. Los equipos de protección son como una armadura de guerra. Hacen sudar, dejan marcas en la piel, dificultan la comunicación. Pero los estragos no son sólo físicos. "Eso no nos olvidaremos nunca".

Como en todas las facetas de la vida, del sufrimiento siempre se extraen lecciones. "Hemos aprendido que hay otras formas de trabajar que mantendremos", explica Cebrián, que pone el foco en la telemedicina. Para hacer frente a la pandemia han cambiado la manera como se organizaban y muchas consultas se pueden hacer ya de manera telemática. "Es una manera de funcionar que nos quedaremos, aprovecharemos los cambios que hemos llevado a cabo para que la actividad ambulatoria se pueda reanudar mejor".

El otro aprendizaje, el que les anima a persistir en la guerra contra el coronavirus, es la fuerza del trabajo en equipo. "Los sanitarios somos vocacionales y lo hemos demostrado, somos capaces de hacer frente a la catástrofe, es extraordinario poder trabajar estos días".