Como si de un incendio de verano se tratara, la pandemia vuelve a avanzar desbocada. Y ya van cinco. Para intentar controlarla, el gobierno catalán ha decidido optar por una solución de impacto: el retorno al toque de queda. 48 horas después de haber anunciado que se empezaría con restricciones menos contundentes, Pere Aragonès ha comunicado un cambio de rasante, siguiendo al modelo escogido por el gobierno valenciano. Este mismo miércoles ha trasladado al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya la petición de imponer el confinamiento nocturno, entre la 1 y las 6 de la madrugada, en los 145 municipios catalanes mayores de 5.000 habitantes donde la incidencia de la covid-19 es más grave. Son todos aquellos donde la incidencia acumulada de la última semana es igual o superior a 400 casos por cada 100.000 habitantes. También se añaden 13 municipios colindantes que a pesar de no estar en situación límite están rodeados de zonas de riesgo. En total, 158, que implican a más de 5 millones y medio de catalanes, cerca del 80% de la población. Están las más grandes, Barcelona, L'Hospitalet, Terrassa y Badalona. 

La voluntad es que pueda entrar en vigor a partir del fin de semana y la duración prevista es de 7 días prorrogables. "La situación es extremadamente frágil. Tomamos una decisión difícil pero imprescindible", ha lamentado el president, que se ha comprometido a "revertir la medida tan pronto como la pandemia lo permita".

 

Control y sanciones

Según informa presidencia, el cumplimiento del confinamiento nocturno se hará principalmente a partir de los dispositivos de Mossos d'Esquadra y policías locales, pero se vuelve a apelar a la "imprescindible responsabilidad ciudadana". Las sanciones para todos aquellos que incumplan serán las mismas que durante el estado de alarma e irán de los 300 en los 6.000€. Las excepciones son las mismas: urgencias, trabajo o servicios esenciales.

Aunque un municipio mejore la situación y salga de la zona de riesgo tendrá que esperar a que acabe la resolución y no podrá levantar automáticamente el toque de queda. Del mismo modo, para entrar si un territorio que ahora no está en el listado empeora, tendrá que esperar a la próxima revisión.

El precedente valenciano

Sin el estado de alarma -que decayó el 9 de mayo pasado- no hay margen para poder decretar un toque de queda general y homogéneo. En esta quinta ola es cada autonomía quien decide cómo proceder, siempre con el condicionante de tener que solicitar permiso a la justicia, cuando se trate de medidas que afectan derechos fundamentales. Para conseguir el aval del TSJC la petición debe estar bien fundamentada, para convencer de que son proporcionales y que aportan más beneficios para el interés general que perjuicios sobre la ciudadanía. Por ello, entre los argumentos esgrimidos, estará la situación de tensión máxima en que se encuentra la atención primaria y se acompañará de los datos relativos a la evolución de la pandemia por municipios. Hasta ahora han pedido el toque de queda el País Valencià -que ya tiene luz verde de la justicia-, Cantabria -que está a la espera- y las Canarias -que se lo han tumbado.

Primeras restricciones, a partir de este jueves

De momento, el gobierno ha obtenido ya el visto bueno de la justicia para aplicar las restricciones propuestas el lunes y empezará a implementarlas inmediatamente en las próximas horas. Concretamente, la limitación de las reuniones a sólo 10 personas, que todas las actividades de ocio, ocio, deporte y comercio acaben en las 00.30, la recomendación de que a partir de entonces se cierren los espacios públicos como parques y playas para evitar aglomeraciones y que no se beba ni se coma en grupo estando en la calle. Estas obligaciones entrarán en vigor este mismo jueves una vez se hayan publicado en el DOGC.

Los ayuntamientos de las principales ciudades catalanas han estado presionando el gobierno durante las últimas horas para que diera el paso de decretar el toque de queda. Argumentan que las primeras medidas anunciadas el lunes eran un confinamiento encubierto que trasladaba toda la responsabilidad al mundo local, falto de efectivos suficientes para garantizar que no se ocupe el espacio público a partir de la medianoche. Obligando a los ciudadanos a quedarse en casa y prohibiendo la libre circulación consideran que será menos complicado.

En la imagen principal, las calles de Barcelona vacías en pleno confinamiento nocturno vigente durante el estado de alarma. / S. Alcàzar

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