Sumar, Podemos y Vox están de acuerdo en querer echar a Marruecos del Mundial 2030, pero ¿es posible?

La coincidencia es tan insólita como reveladora. Sumar, Podemos y Vox, tres formaciones situadas en las antípodas ideológicas, han llegado esta semana a una misma conclusión: Marruecos no debería seguir siendo uno de los países anfitriones del Mundial de fútbol de 2030. Los argumentos, sin embargo, son muy diferentes. Sumar pone el acento en los derechos humanos y en la crisis migratoria vivida en Ceuta; Podemos sostiene que Marruecos es una dictadura que no debería acoger grandes eventos deportivos, y Vox denuncia los "ataques a la soberanía española" y considera que Rabat "no es un socio fiable". Vox ha pedido este jueves que el Govern español exija a la FIFA la exclusión de Marruecos de la organización del Mundial de fútbol de 2030, como ya hizo Sumar este miércoles. Podemos y el partido portugués Livre también se han sumado públicamente a esta demanda, con posiciones parecidas, y reclaman excluir a Marruecos de la coorganización del Mundial. La imagen de Sumar, Podemos y Vox defendiendo una misma petición es excepcional y evidencia hasta qué punto la crisis abierta entre España y Marruecos ha traspasado el terreno diplomático. Las tres iniciativas han reabierto una pregunta que hasta ahora casi no se había planteado: ¿se puede expulsar a un país de un Mundial que ya tiene adjudicado?

¿Quién tiene la clave? La FIFA, no los gobiernos

Sin embargo, más allá de su impacto político, la posibilidad de que Marruecos deje de ser coanfitrión es hoy muy remota. No porque sea imposible jurídicamente, sino porque la decisión corresponde exclusivamente a la FIFA. Y esto significa que, por mucho que los partidos españoles eleven el tono o que el Govern decida presionar, el futuro de la organización del Mundial de 2030 se seguirá decidiendo en Zúrich, no en Madrid. Porque esta es una decisión que no depende del Govern español ni del Congreso de los Diputados. Aunque el Mundial moviliza gobiernos, administraciones y miles de millones de euros en inversiones, la competición no pertenece a los Estados, sino a la FIFA.

Fue el Congreso de la FIFA, donde están representadas las 211 federaciones nacionales, quien en diciembre de 2024 adjudicó el Mundial de 2030 a la candidatura conjunta de España, Portugal y Marruecos con tres partidos inaugurales en Uruguay, Argentina y Paraguay, para conmemorar el centenario. Por este motivo, ninguno de los tres países organizadores puede decidir unilateralmente apartar a otro. Ni el Gobierno ni el Congreso tienen competencias para modificar una candidatura ya aprobada.

¿Qué puede hacer, pues, España?

Más bien poco. El Gobierno de Sánchez podría trasladar formalmente su preocupación a la FIFA, impulsar una posición conjunta con Portugal o presionar a través de la Real Federación Española de Fútbol para que se revisaran las condiciones de la organización. Es, precisamente, lo que plantean las iniciativas registradas esta semana. Tanto Sumar como Vox instan al ejecutivo español a llevar la cuestión ante la FIFA, pero ninguna de las dos propuestas tiene capacidad para alterar por sí misma la organización del Mundial. En otras palabras, aunque el Congreso aprobara una resolución reclamando la exclusión de Marruecos, esta no sería vinculante para la FIFA.

Pero es que esta posibilidad resulta imposible de imaginar, teniendo en cuenta que el Gobierno no plantearía nunca esta proposición, teniendo en cuenta los motivos que tiene el Ejecutivo de Sánchez para proteger a Marruecos por los muchos intereses que están en juego entre los dos países, y como ha quedado bien patente en la crisis de Ceuta. De hecho, el PSOE y el PP, dos partidos con sentido de Estado, no se han manifestado a favor o en contra de la coordinación del Mundial junto con Marruecos, después de que Vox y Sumar hayan presentado sus proposiciones.

¿Existe algún mecanismo para retirar la condición de anfitrión?

Sí, pero es excepcional. La FIFA conserva la potestad de revisar las sedes si considera que un país incumple de manera grave los compromisos asumidos en materia de organización, seguridad, infraestructuras u otras obligaciones derivadas del acuerdo firmado. En los últimos años, además, el organismo ha incorporado criterios relacionados con los derechos humanos en los procesos de evaluación de las candidaturas. Ahora bien, una vez adjudicado el torneo, retirar la condición de anfitrión es una medida extraordinaria que obligaría a reorganizar buena parte del proyecto. No hay precedentes de que la FIFA haya retirado unilateralmente la organización de un Mundial a un país después de haberlo designado. El caso más parecido es el de Colombia, que había sido escogida sede del Mundial de 1986, pero renunció cuatro años antes del torneo al considerar que no podía asumir las exigencias económicas y de infraestructuras impuestas por la FIFA. El organismo reabrió el proceso y acabó adjudicando la competición a México

La polémica de la final en Casablanca

Más allá de los argumentos jurídicos y deportivos, el debate sobre el Mundial de 2030 también tiene una clara dimensión geopolítica. Marruecos se ha convertido en un aliado estratégico de los Estados Unidos, especialmente desde que Donald Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en 2020. Al mismo tiempo, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, mantiene una relación de proximidad con Trump, mientras busca consolidar el apoyo de las federaciones africanas dentro del organismo. En este contexto, el debate llega en un momento especialmente delicado. Las informaciones publicadas por The Times sobre una presunta oferta —desmentida por la FIFA— para que la final se dispute en el estadio Hassan II, actualmente en construcción, a cambio de apoyos para mantener el cargo, han alimentado las sospechas de que detrás de las decisiones sobre el Mundial no solo hay criterios deportivos, sino también equilibrios de poder e intereses políticos. Sin embargo, la polémica ha dado munición a los partidos que reclaman revisar el papel de Marruecos y ha alimentado las críticas sobre la transparencia con que se toman las grandes decisiones dentro de la FIFA.

El Gran Estadio Hassan II, que se está construyendo en la provincia de Benslimane, entre Casablanca y Rabat, tendrá una capacidad bruta de 115.000 espectadores, lo que lo convertirá en el campo de fútbol más grande del mundo cuando esté terminado, superando la capacidad del Spotify Camp Nou cuando esté totalmente terminado, que será de 105.000 espectadores, el más grande de Europa. Precisamente esta enorme capacidad es uno de los principales argumentos de Marruecos para defender que la final del Mundial de 2030 se dispute allí, frente a la candidatura del Santiago Bernabéu, que tiene 83.186 plazas.