Dice Pedro Sánchez que él no entona la arenga del y tú más. Pero sí. Lo ha vuelto a hacer este sábado en su discurso pronunciado en el arranque del comité federal del PSOE. El presidente del Gobierno ha aseverado que la alternativa a un ejecutivo socialista es el de una suma de PP y Vox que aún sería más corrupta, ahora que su partido sufre una tormenta judicial. "Limpiaremos lo que tengamos que limpiar como ya estamos haciendo", ha añadido. En su intervención inicial, Sánchez se ha dirigido al president de la Generalitat, Salvador Illa, también presente en este cónclave socialista. "Qué vueltas da la vida, Salva, ahora vemos al PP y Vox votando con el partido de Puigdemont e intentando sacarnos del gobierno con la que montaron con la amnistía", ha espetado. Por otra parte, ha negado que exista ninguna trama de financiación ilegal y ha aseverado que "a pesar de los discursos apocalípticos", gobernará no solo hasta 2027 —cuando habrá elecciones— sino también hasta 2031, convencido de que conseguirá volver a ser investido.
Sánchez ha asegurado que la vuelta del PP a la Moncloa —ahora con el apoyo de Vox— implicaría el "retorno de la corrupción sistémica" en España. Porque las irregularidades socialistas, ha dicho, están perimetradas. Ha calcado el discurso pronunciado el miércoles en el Congreso de los Diputados: el caso Ábalos y Cerdán sí es un caso de corrupción que afecta a "la antigua Secretaría de Organización" del partido y por el que se han tomado medidas, el caso Zapatero aún hay que analizarlo, pero las causas familiares de su hermano David y su esposa Begoña son ejemplos de lawfare.
Sánchez habla con Zapatero "de forma regular"
Una de las novedades del discurso de Sánchez ha sido admitir que estos días mantiene contacto con el expresidente del Gobierno "de forma regular". Ha asegurado que le consta que Zapatero "dará todas las explicaciones" necesarias sobre el caso Plus Ultra y las joyas escondidas en su despacho. Pero ha defendido que el rescate de la aerolínea fue completamente limpio, y que el Gobierno no tiene que sufrir porque no ha cometido ninguna irregularidad. Sí que ha denunciado las filtraciones a la prensa de las agendas y los mensajes personales de su antecesor en el cargo, algo "impropio de una gran democracia como la española".
Sánchez ha intentado darle la vuelta a la situación y ha dicho que en 2018 llegó al Gobierno de España "prometiendo limpiar las instituciones de Gürtels, de Kitchens, de policías patrióticas, de partidos dopados por la financiación irregular; y desde entonces hemos pasado de las palabras a los hechos". Más allá del y tú más, Sánchez ha reivindicado el pero yo diferente. Ha defendido que el "grado de tolerancia a la corrupción" se merece en la respuesta interna que dan los partidos, no en las quejas sobre las irregularidades de los demás.
"No lo habríamos tolerado nunca"
Por eso ha sacado pecho de haber fulminado a Ábalos y Cerdán cuando estallaron los casos de corrupción que afectaban a la sala de máquinas de Ferraz; no como la "connivencia" que tiene el PP con sus tramas. De hecho, ha vuelto a defender que él no sabía nada de nada, y que si lo hubiera sabido "no lo habríamos tolerado nunca". Dicho esto, ha advertido que PP y Vox "nunca serán el final de la corrupción", sino el "retorno de una corrupción sistémica". También ha señalado que el Gobierno intentará que el Congreso apruebe las medidas anticorrupción anunciadas ya hace un año, y ha animado al PP a dejar de erigirse "en Torquemadas" y a aprobarlas.