"Presidente, presidente", con estos gritos era recibido el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, bajo la mirada de la vieja guardia. Aplausos, baño de masas, a medida que Sánchez y los suyos subían al escenario. La gloria del líder contrastaba con el desprecio de los exdirigentes Alfredo Pérez Rubalcaba, Joaquín Almunia y José Luis Rodríguez Zapatero, los días posteriores a la victoria de primarias. El 39º congreso federal obligaba su presencia, y hoy se sentaban a su lado, flanqueándole, porque "el PSOE es el PSOE" y José Luis Rodríguez Zapatero dice que, nuevo o viejo, siempre le gusta.
En la primera fila, Rubalcaba era enfocado por las cámaras. El gesto de la cara era un poema después de haber sido uno de los estrategas de la campaña fracasada de Susana Díaz para primarias. La militancia se impuso entonces a un aparato también formado por Felipe González. Pero este estaba ausente, como consecuencia de un viaje a Colombia y ha participado en la sesión a través de un vídeo –de menos de un minuto– proyectado para todo el auditorio. "Tenemos que desarrollar una estrategia que nos permita recuperar el carácter de primera fuerza", ha pedido González al "nuevo PSOE" que no habrá visto nacer y sin citar a su líder electo.
Sánchez ha querido premiar a sus afinesy ha entrado acompañado de la que previsiblemente será la vice secretaria general del partido, Adriana Lastra, el secretario de organización, José Luis Ábalos, y la futura presidenta del PSOE, Cristina Narbona –exministra de Zapatero. También ha tenido un gesto con uno de sus barones fieles, Luis Tudanca, a quien ha hecho presidente de la mesa del plenario. "Quien iba a decir que un chico de un barrio de Burgos estaría aquí sentado, pero esta es la grandeza de nuestro partido", se confesaba emocionado Tudanca, inaugurante de la sesión.
El sentimentalismo pronto ha quedado de lado, con un grito de guerra frontal a sus dos rivales en el Congreso. Hay un nuevo PSOE que quiere parecerse a Podemos, pero al mismo tiempo, diferenciarse recuperando el legado del socialismo. "Somos la izquierda responsable, sí, pero somos la izquierda. Somos la izquierda de gobierno, sí, pero somos la izquierda. Somos la izquierda dialogante, sí, pero somos la izquierda, la que cumple y la que no pierde de vista la utopía", ha dicho el castellano-leonés. Y a Mariano Rajoy le ha avisado también de que trabajarán por "unas instituciones limpias y eficientes".
Y precisamente, sobre gobernabilidad en España viene ahora la batalla encubierta en las filas socialistas, otra vez. Díaz era la más esperada en el auditorio y, lejos de cerrar filas, ha puesto condiciones a su también secretario general. "No hay una mayoría alternativa a Rajoy", ha avisado la andaluza. El hecho es que la mano derecha de Sánchez, Ábalos, tampoco cree que la haya para construir un gobierno, ya que Podemos y Ciudadanos mantienen sus vetos. Eso hace las delicias del susanismo y proporciona calma a la Moncloa, pero "las fuerzas del cambio" sí podrían sumar para impulsar leyes que tumben las del PP.
Eso esperan al menos los sindicatos, como le han hecho llegar Pepe Àlvarez (UGT) e Ignacio Fernández Toxo (CCOO), quienes han pedido que se reviertan las políticas "neoliberales" del PP, materializadas a su parecer en la reforma laboral. "Es necesario recomponer los equilibrios laborales rotos por la reforma de 2012 y recomponer la capacidad de negociación colectiva", ha dicho Toxo. Ello pasaría por un PSOE "situado a la izquierda", a petición el líder sindical, palabras que precisamente constituyen el lema de este conclave: "Somos la izquierda".