Si en la calle Génova estaban de fiesta mayor a cargo de DJ Pulpo cuando todavía no habían cerrado los colegios electorales, los cuarteles generales de la izquierda madrileña eran todo un funeral. Todos, sin excepción. Acostumbrados a noches electorales con un poco de color para sus crónicas, los periodistas sólo pudieron ver rostros hundidos y candidatos escondidos. El tsunami Ayuso les acababa de pasar por encima. Habían tratado de ridiculizar su fenómeno, pero el populismo de cañas, toros y ex obtuvo más votos que los tres partidos progresistas juntos. Si no haces un debate, el de las restricciones y la crisis, te lo hacen. Y el resultado ha sido el que ha sido: una Isabel Díaz Ayuso reforzadísima, más todavía de lo que pensaban, y la extrema derecha con la batuta. Todas las coordenadas se han visto cambiadas en una sola noche electoral.

Han fallado muchas cosas, no sólo las encuestas del CIS de Tezanos. Empezando por el eslogan de Unidas Podemos: "Que hable la mayoría". La mayoría ha hablado, con una participación monumental, y el resultado no ha sido el esperado: todo el mapa de la región se ha pintado de azul, excepto dos pequeños municipios. Los tradicionales municipios y distritos rojos del sur y el este también se han pasado al azul. En Leganés, Ayuso hizo un 35,8%; en Usera, un 34,5%, y en Villa de Vallecas, un 34,4%. Por poner sólo unos ejemplos. Pablo Iglesias intentó un punto de inflexión, visibilizando con luces y taquígrafos la amenaza del fascismo. Pero de nada sirvieron las cartas amenazadoras, las balas de diferentes calibres o las navajas ensangrentadas. Reflexión profunda en la izquierda sobre qué ha salido mal, qué ha fallado.

Primera consecuencia inmediata: Pablo Iglesias mejora resultados pero baja del cielo al infierno en un par de meses. Pasa de ser el flamante vicepresidente segundo del Gobierno a dejar todos sus cargos y la política. Deja paso a mejores liderazgos, Yolanda Díaz, para no ser un obstáculo. Un gesto inédito: de momento, Iglesias ha sido el único que ha asumido sus responsabilidades. En cambio, ni rastro de Pedro Sánchez, que mañana reúne la federal. El PSOE ha sufrido una derrota monumental, su peor resultado histórico en la Comunidad de Madrid. Tanto que Más Madrid le ha hecho un agridulce sorpasso. Ironías de la política, el sueño húmedo de Iglesias lo consigue Íñigo Errejón (y antes el BNG en Galicia). El candidato Ángel Gabilondo se ha resistido a ceder la silla, aunque algunos dirigentes socialistas le enseñan amablemente la salida a través de filtraciones a medios de comunicación. Durante la ejecutiva regional, el presidente del PSM le ha pedido que se aparte de la portavocía. Se ha acabado acordando una "transición ordenada".

Segunda consecuencia: La Moncloa se convierte en bunker y refugio de las izquierdas ante el tsunami Ayuso. Se había especulado mucho en la capital española con un hipotético adelanto de las elecciones generales por parte de Sánchez este otoño. Esta carta deja de ser una posibilidad para el presidente español, viendo el escenario de extrema imprevisibilidad. Iván Redondo ya ha fallado demasiadas jugadas maestras esta temporada. Este mismo miércoles, la vicepresidenta Carmen Calvo ha sido la única que ha abierto boca. Y lo ha hecho para garantizar que hay legislatura por delante. Las coordenadas han cambiado: lo que anteayer figuraba en el DAFO como una oportunidad hoy es una amenaza.

Ahora las izquierdas tienen un salvavidas a mano: lo fían todo en los fondos europeos para poder salvar los muebles en las próximas elecciones generales, cuando tengan que ser. En total, 140.000 millones de euros, que Sánchez y Yolanda Díaz tratarán de invertir en recuperación económica, en recuperación del mercado de trabajo y, también, en recuperación de las expectativas electorales. La vicepresidenta económica Nadia Calviño confía y espera que el primer desembolso semestral (16.000 millones de euros) llegue en el segundo semestre de este mismo año. El desembolso de esta lluvia de millones, eso sí, irá vinculado al cumplimiento de los 330 objetivos a los que se ha comprometido La Moncloa. Todo esto no quiere decir que deje de haber zancadillas y fuertes discusiones dentro del Consejo de Ministros, pero Díaz quiere ser más discreta que Iglesias. Que en parte es lo que puede haber llevado a la izquierda hasta donde la ha llevado.

La mayoría de la investidura

Otro elemento que aleja el espantajo de las generales anticipadas es, también la debacle del Ciutadans d'Inés Arrimadas. Si ya se estrelló en Catalunya, pasando de primera fuerza con 36 diputados a penúltima con 6, más sonoro ha sido el porrazo en Madrid, donde directamente han desaparecido. Eso diluye la tentación centrista de Sánchez con un partido en vías de extinción. La única alternativa real es la mayoría de independentistas, nacionalistas y soberanistas. El resto han pasado a ser sueños húmedos. Y los partidos catalanes tienen muchas facturas pendientes de cobrar de cuando Sánchez jugaba a la geometría variable. Empezando por la mesa de diálogo y los presos políticos.

De hecho, la carpeta de los indultos empieza a avanzar después del 4-M, como estaba previsto. Hoy mismo, el Tribunal Supremo ha dado cinco días a los condenados para presentar alegaciones al derecho de gracia. Después de este trámite, sólo faltará que Manuel Marchena emita su informe. De ahí ya saltará a la mesa del Consejo de Ministros. Será la gran prueba de fuego del independentismo para ver si Sánchez tiene realmente voluntad política de cumplir sus compromisos o no. La presión ambiental será muy elevada, pero nunca ha dejado de serlo cuando se trata de Catalunya.

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