[Las portadas de hoy miércoles están al fondo de la pieza]

En Rojo y Negro, Stendhal hace decir al jesuita Malagrida que "la palabra ha sido dada al hombre para esconder su pensamiento". Este martes, La Vanguardia, El Periódico (y El País) la emplean para disfrazar el origen común de sus editoriales. La operación de appeasement en que participan ambos diarios barceloneses es obvia. Siguen punto por punto el mismo guión, adaptándolo a sus públicos con buen cuidado y mucha maña. Tres rompecabezas de piezas diferentes que, una vez terminados, componen la misma imagen. Cada diario, a su estilo, ensarta cinco o seis ideas idénticas y las hace morir en la misma playa: la sentencia del Tribunal Supremo sobre el 1-O es "un antes y un después", "una oportunidad" para "devolver el conflicto catalán a la política" y encontrar "una solución dialogada", "basada en el respeto a la ley". Con esta facilidad quedan borradas las 19 propuestas de salida dialogada y legal ofrecidas por el independentismo y los 19 "no" del Estado.

Gracias a la sentencia, dicen, Catalunya puede tener un futuro. Es una suerte.

Hay condiciones, sin embargo. Condiciones que sólo se aplican al independentismo, que debe "mirar más allá" con "serenidad" y "altura de miras", y abandonar "la apuesta unilateral al margen del marco constitucional y estatutario". Por si fuera poco, es necesario que encuentre otros líderes "capaces de pactar y ceder [que] coincidan en un afán de consolidación y desarrollo del autogobierno", según La Vanguardia. "Nuevos interlocutores", dice El Periódico, que avisa: "no hay que descartar un adelanto electoral [en Catalunya]". Se les entiende perfectamente qué voto recomiendan.

Un tono más meloso

Las versiones del editorial publicadas por esos diarios barceloneses dan la impresión de un compañero de trabajo que quiere convencerte de que el recorte de sueldo (sedición) es necesario para el futuro de la empresa y, mira, aun gracias que no te han despedido (rebelión).

El País se expresa en términos despiadados y graníticos, un tanto perdonavidas, como quien dicta las condiciones de rendición al derrotado. Dedica largos párrafos a defender la sentencia, que "resulta de la estricta aplicación de las leyes penales en un Estado de derecho, no de un juicio parcial ni de una venganza", que "no es el resultado de ninguna judicialización de la política" y que "hay que entender que no ha concedido la victoria a una posición política sobre otra", etcétera.

En cambio, La Vanguardia, en tono más meloso, más blando, habla escuetamente de "la independencia y profesionalidad" del Supremo, que tenía "motivos sobrados" para intervenir contra el independentismo. Acto seguido, escribe: "España es un estado de derecho". Se alarga más, con un toque de sentimiento, sobre la dureza de la sentencia ("muy penosa para los condenados, también para sus familiares y allegados"), y llama a la protesta en la calle y al bloqueo del aeropuerto "muestras de apoyo" (sic) a los "políticos independentistas". El Periódico es más directo: sólo dice que la justicia "se vio abocada" a actuar y pasa de largo por los presos y las movilizaciones.

¿Y los presos políticos?

Otros argumentos son comunes incluso en el fraseo. ¿Los presos políticos? No pasa nada. Mirad, dicen ambos diarios barceloneses, había magistrados y políticos "halcones" que querían una sentencia todavía más dura. Mirad que la decisión del Supremo no es lo que parece, explica La Vanguardia, con cierta dulzura: "es probable que sus efectos reales no respondan exactamente a su enunciado".

¿Probable? Sí: gracias a que el Supremo no ha aceptado las condiciones penitenciarias draconianas que pedía la fiscalía (parecidas a las de los violadores), es posible atenuar el régimen penitenciario que, aleluya, gestiona la Generalitat —pero controlan los jueces. Podría interpretarse que el Supremo reserva a los jueces la capacidad de premiar y castigar a los presos según se comporten, pero el diario de los Godó lo ve más rosa: "un reo en régimen de tercer grado le basta con ir a dormir a la prisión de lunes a jueves". No hay para tanto ¿verdad? El Periódico añade que es una forma "de paliar la dureza de la sentencia" y prevenir "interferencias políticas".

Ningún diario dice nada de las largas inhabilitaciones. Menos aun se cuestionan los hechos que la sentencia da por probados ni la argumentación que justifica las penas por sedición y malversación. La sentencia es impecable y merecida. No se discute. Punto. Recuerdan, eso sí, que todavía tendrá que pasar por el Tribunal de Justicia de la UE.

Cambiar a los líderes

Los tres diarios aceptan que la sentencia no soluciona el "conflicto catalán" (El Periódico) ni calma a "una sociedad polarizada" (La Vanguardia) y que "los problemas de encaje territorial" de Catalunya "son los mismos" que antes del veredicto (El País). Los dos diarios barceloneses reconocen que se trata "de un problema político" —El País apenas lo da a entender— y La Vanguardia incluso afirma que fue "erróneamente trasladado en su día por el PP a instancias judiciales".

En cambio, los tres dejan claro que la sentencia marca el terreno de juego: ni unilateralidad ni desbordamiento de la Constitución —el derecho de autodeterminación y el referéndum no están sobre la mesa, como estaban, en potencia, en la declaración de Pedralbes que firmaron Pedro Sánchez y Quim Torra el pasado diciembre. En los editoriales, el independentismo puede saltar al campo sólo si es una opción inocua. Aquí es donde El País va de cara a gol y propone una solución: nuevo Estatut y nueva financiación "que haga justicia a Catalunya". El remedio de siempre, pero ahora "con la serenidad y la certeza de que es posible hacer las cosas de otra manera y mejor", según La Vanguardia, porque vienen unas elecciones donde se podrá votar bien y hacerlo por quienes "apuestan por una solución dialogada, atendiendo el deseo de la mayoría de los catalanes". No hace mucho, ese deseo, según las encuestas que publicaban esos mismos diarios, era decidir en un referéndum. Ahora prefieren inclinar la cabeza.

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