Ayer se bromeaba aquí diciendo que los diarios de la derecha madrileña intentarían culpar a Pablo Iglesias de la confusión sanitaria en que el gobierno de la presidenta Isabel Díaz Ayuso ha dejado a la comunidad de Madrid. Bien, la realidad ha resultado mucho peor y el premiado no ha sido Iglesias sino el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a quien se acusa de pasividad, abandono y mala intención. Resulta que el inactivo de Sánchez ha convocado a Ayuso a un encuentro, hoy, para pactar la intervención directa del ministerio de Sanidad en la gestión de la pandemia en la autonomía madrileña. Según los datos de este miércoles —que las portadas no consideran—, la incidencia de casos por cada 100.000 habitantes en 14 días es de 259 en el conjunto de España, mientras que en Madrid es de 659. Tú mismo.

La Moncloa habla de "cogobierno", que es el relato benevolente que hace circular para proteger la imagen de Madrid, tan a menudo confundida con la de España. Están a punto de llegar los primeros 90.000 millones del fondo de reconstrucción europeo y es mal momento para líos. Fabricar estos cuentos es hoy parte del trabajo de los gobiernos, de la misma manera que descubrirlos y exponerlos es el trabajo de los medios. Si vives en Madrid, tristemente, verás que los diarios impresos de tu ciudad —salvo El País, que hoy afloja el tono— no te explican lo del "cogobierno" ni el desastre de la gestión de Ayuso, sino que culpan a La Moncloa de que Madrid sea una de las grandes fiestas europeas de la Covid-19. Hasta los diarios de Barcelona te informan mejor.

Sin embargo, es difícil que engañen a la gente. Les pasará lo mismo que a los grandes medios impresos barceloneses, que han escondido lo mejor que han sabido la moción de censura a la junta de Josep Maria Bartomeu y, de repente, se ven obligados a explicar que existía y suma más de 20.000 firmas de socios (a Barto lo votaron 25.000). Aunque no hay partidos en el estadio, pese a la pandemia, que no ha arrancado la Liga, a pesar del silencio —omertà mafiosa— de la gran prensa y la prensa deportiva de la ciudad, los opositores han triunfado. Pensar que las cosas no existen si no se habla de ellas es fatal en tiempos de redes sociales y grupos de Whatsapp. Más bien es una vía segura para caerse por el barranco.

Cosa parecida ocurre con el juicio que se sigue en el Supremo contra el muy honorable Quim Torra. Hace días que el tam-tam mediático de los diarios, incluidos casi todos los de Barcelona, es que el president se ha metido él solo en un enredo por no descolgar una pancarta, como queriendo decir: mira qué corto y obstinado. Es un razonamiento que aprobaría el tío Tom, que distinguía entre "amos buenos" y "amos malos", o aquellos siervos de la gleba de la vieja Rusia, que decían pestes de los boyardos provinciales y confiaban que el zar, cuando se enterara, lo resolvería todo, como un buen padre, castigando a los gobernadores... que él mismo había nombrado para asfixiar a campesinos y artesanos.

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