Mientras la campaña electoral atraviesa su ecuador, el Partido Popular y Podemos extreman la presión para explicar a los ciudadanos cuál es el modelo antagónico de país que defienden. Las urnas del 26-J dibujarán nuevamente un mapa político fragmentado, que forzará la necesidad de pactos con PSOE y Ciudadanos. Será entonces cuando los que han actuado como comparsas de los extremos decidirán la articulación del proyecto político-económico para España: el moderado-conservador, o de izquierdas-progresista. Pero este proyecto será patriótico –o no será– para los dos que aspiran a gobernar, a pesar de que la palabra patriotismo no signifique lo mismo para Podemos y PP.

La patria de los pueblos

Explicaba el número dos y estratega de la formación morada, Íñigo Errejón, que ningún orden se subvierte con los mismos conceptos que lo han edificado. Durante su trayectoria hasta las instituciones políticas, el relato de los podemitas ha pivotado sobre esa idea y se ha ido solidificando a partir de una serie de términos -casta, los de arriba y los de abajo, la patria ...- , cuyo significado han transformado. Ya existían antes, pero el cambio de connotación ha sido la clave para combatir su principal adversario político, que es el PP.

Sin embargo, durante los últimos días de campaña Podemos ha profundizado el clásico relato que los populares tienen "controladas las instituciones" y "secuestradas por una minoría para quienes legislan". Ahora también han dotado de significado el término patriotismo, con que articulan su proyecto para el Estado. El objetivo es dejar fuera de su noción a la casta y las corruptelas que han infectado los cimientos de los populares, el modelo a que se quieren contraponer.

"Ser patriota y sacar adelante el país, es tributar en España y no tener cuentas en paraísos fiscales", es el significado que dio al concepto su líder, Pablo Iglesias, en el último mitin de Almería. "Los antisistema son los de las cuentas en Panamá", añadía. La idea reside en que la patria es la gente y antisistema es quien no cumple los compromisos cívicos. Por ello, han extremado la campaña en el Mediterráneo, como alegoría a una región castigada por las obras urbanísticas y la corrupción. También buscan dar el vuelvo a los socialistas en uno de sus feudos históricos, el andaluz.

FOTO: Íñigo Errejón, Pablo Iglesias, Alberto Garzón / EFE

En Podemos saben que la desafección ciudadana hacia la política, que es el nicho que les ha permitido dar el hachazo al bipartidismo, aumenta por las políticas de austeridad. Lo afirmó su economista, Nacho Álvarez, el día de la presentación del polémico catálogo de IKEA. Las evocaciones a la socialdemocracia sueca han permitido al partido desnudarse en medio de la campaña, reivindicando un perfil de ciudadano más moderado. También les acercan al sorpasso.

La idea de los podemitas es la nueva socialdemocracia. Es la socialdemocracia de siempre, que aspira a hacer algo a que el PSOE no se atrevió: hacer frente a la Unión Europea, reivindicar la soberanía nacional y renegociar la senda de reducción del déficit para revertir los recortes que vendrán. Así, programas como el del partido socialista dejan de tener credibilidad para unos ciudadanos que han visto recortar su Estado del Bienestar y modificar el artículo 135 de la Constitución. Ya no sirve con promesas sobre derogar las reformas del PP, como propugnan desde Ferraz.

La solución del populismo que nutre a Podemos les ha llevado a apelar al "pueblo" o "la gente" y dar a los ciudadanos algo a lo que agarrarse en tiempos de crisis. Quieren volver a ilusionar y hacer "sonreír a un país", que es el lema de su campaña electoral. We the people, Nosotros la gente, es según Errejón el punto de partida de todas las revoluciones. Por ello, tratan de construir un patriotismo plurinacional en el interior, donde la soberanía nacional pase por delante de las presiones económicas internacionales.

Este modelo reconoce el derecho a decidir, aunque a veces es "de quita y pon", pero aspira a hermanar a los "pueblos", como reza en el lema de campaña del líder de En Comú Podem, Xavier Domènech. También es coral entre todas las regiones del Estado: por eso el cartel de la formación estatal aparece la alcaldesa Ada Colau.

FOTO: Pedro Sánchez / EFE. 

El PSOE: gobernabilidad

Deja de tener sentido entonces "echar a Rajoy" apelando a un "Sí por el Cambio", como se ha dedicado a pregonar el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante la semana y pico por los pueblos que ha visitado. Los socialistas se enfrentan a una crisis de proyecto político, mientras tratan de tapar la sangría de la brecha generacional, según la cual las generaciones socializadas tras la Transición votan a emergentes. Su votante se sitúa por encima de los 55 años y Unidos Podemos le roba el voto joven, mientras empuja al PSOE a la batalla por el centro con Ciudadanos.

En Ferraz saben que tendrán la llave de la gobernabilidad y han encontrado una vía de escape para evitar un escenario peor por el momento: que gobierne la fuerza con más apoyo en el Congreso, pero en ningún caso quirene hacer a Iglesias presidente, o entrar con Rajoy en un gobierno. Los costes de mojarse serían elevados y la abstención aún mayor para un partido que ya sufre la desmovilización de su electorado. Por ello, Sánchez se lanza al 'puerta a puerta' y hace llamamientos constantes al voto de sus fieles, mientras niega el sorpasso que le auguran las encuestas, ya sea en votos o en escaños.

Los socialistas tampoco logran emocionar con la cuestión territorial, sobre la base de un Estado Federal que no es posible sin una mayoría suficiente en el Congreso. El derecho a decidir será el escollo a salvar o limar con Unidos Podemos y En Comú Podem, si quieren articular la coalición progresista a partir del 26-J.

FOTO: Mariano Rajoy / EFE

La soberanía indivisible

Al PP no le ha sentado bien el modelo patriótico de Podemos. Dice la vicepresidenta en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, que ellos sí son "la gente", mientras parodia el catálogo de IKEA de Podemos, donde un señor coloca mal la ropa en un tendedero y otro usa el cuchillo de la cebolla para el queso. Es la misma queja que había insinuado el presidente en funciones, Mariano Rajoy, en un mitin en Alicante. Rajoy indicó que ellos sí son "un partido español", sin hacer mención a un interlocutor concreto.

Frente a las acusaciones de antipatrióticos, en Génova se erigen como defensores de la soberanía indivisible española, término que mantiene una relación con los fundamentos del Estado y roza la concepción nacional. Es decir, el patriotismo constitucional. El ejemplo son las palabras del ministro en funciones, Pedro Morenés: "No hay mejor vocación que dar la vida por la defensa de España", dijo. Este país al que se dirigen se concentra en las zonas rurales, donde han desplegado su ofensiva para entrar en 9 provincias donde los robó voto C 's.

Si Rajoy aspira a quedarse después del 26-J, deberá llegar a una cifra legitimadora de entorno de los 130 escaños, frente a los cuestionamientos de Rivera por la corrupción. En este escenario, las imágenes de Rajoy comiendo un helado, paseando por un campo de alcachofas, tomando una cerveza, o corriendo por la meseta castellana son parte de la estrategia para lograr una imagen más cercana entre los ciudadanos. El votante popular es fiel y por encima de los 65 años, pero detener la sangría joven por el lado de Ciudadanos, le puede garantizar algunos escaños más.

Rivera tampoco se modera a la hora de jugar al dominó y pasearse por Salamanca mientras aplaude a un hombre que toca la guitarra con canciones del folklore español, eludiendo el título de catalán en el resto del Estado. El tándem PP-C 's se parece en la cuestión económica y la territorial: ni derecho a decidir, ni reforma de la Constitución para incluir la plurinacionalidad. España debe cumplir los compromisos con Bruselas y seguir siendo su alumno aventajado, si el PP lidera la coalición.

FOTO: Juan Carlos Girauta i Albert Rivera / EFE

El Estado y la defensa

Pero a menudo, los patriotismos de los dos que aspiran a gobernar España, Partido Popular y Podemos, encuentran un punto de conexión. El último ejemplo de la disputa se ha producido este jueves, cuando Rajoy ha apelado a una clásica reivindicación de España, como es el hecho de que Gibraltar sea un territorio español. Y poco después, Iglesias ha afirmado por Telegram a una periodista: "por supuesto, Gibraltar español".

Y es que los ejes patrióticos del Estado también están tomando relevancia para Podemos, que quiere ganarse la credibilidad para gobernar. Los podemitas tienen entre sus filas a un ex miembro del órgano de las fuerzas armadas, JEMAD, Julio Rodríguez, que aparece en los carteles y conservan como un gran activo de la formación. En un mitin en Almería, Iglesias presentó a Rodríguez con mucho orgullo y dedicaron una parte del acto a hablar sobre cuestiones relativas a las fuerzas armadas, a partir de la etiqueta #MilitaresconDerechos.

Así las cosas, la diferencia entre el patriotismo de Podemos y el del PP pasaría por el reconocimiento de la plurinacionalidad y el derecho a decidir por parte de los primeros. Estos tratarían de construir pueblo y Estado, mientras que el PP partiría de nociones más cercanas a la soberanía indivisible española. Dos patriotismos contrapuestos con dos modelos económicos diferenciados que el PSOE y C 's tienen en sus manos.

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