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Ya hace prácticamente un mes que se produjo la entrada masiva de migrantes desde Marruecos hasta Ceuta. Según los cálculos oficiales, en aquella jornada entraron en territorio español —bien bordeando el espigón o nadando— hasta 80.000 personas. Al día siguiente, buena parte había hecho el mismo camino a la inversa y volvieron a casa, pero también hubo muchos que decidieron quedarse en la ciudad autónoma. Sus vecinos estaban acostumbrados al goteo constante de personas que elegían esta vía para entrar en el Estado, pero nunca se había registrado una entrada de estas características que ha dejado una ciudad al límite y que se encuentra ya a punto de estallar.

Ahora, el Gobierno español hace lo imposible para intentar encontrar una posición común sobre la labor del CNI los días previos a esta entrada masiva después de la desavenencia entre Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska. Y mientras tanto, a los vecinos de Ceuta se les empieza a acabar la paciencia y reclaman soluciones inmediatas que les permitan recuperar la normalidad después de semanas con la ciudad patas arriba. Esta llegada multitudinaria ha colapsado los servicios; no hay espacio para poder dormir en centros de acogida y los que se han creado nuevos tampoco pueden asumir este volumen de personas. Por eso, los migrantes duermen en la calle o en la playa: la crisis no es a puerta cerrada, sino que afecta de lleno el día a día de los vecinos. Parte de estos migrantes que malviven desde hace semanas lejos de casa, pero no quieren volver, han ido protagonizando altercados que suponen todavía más gasolina para una población que se siente desamparada. Hechos como la emboscada a un vehículo con cuatro militares que ha acabado con 18 detenidos —aparte de noticias falsas que también se extienden como la pólvora por las redes— incrementan la sensación de inseguridad de unos ciudadanos agotados.

Una imagen que se podría repetir muy pronto

El Gobierno español ha estado en la diana de las críticas del partido de la oposición por no haber estado a la altura de las circunstancias, un sentimiento que también se ha compartido desde el PSOE de Ceuta, donde ha habido críticas al Ejecutivo estatal. Con miles de personas durmiendo en la calle y con los servicios sobrepasados, las críticas a Pedro Sánchez y su equipo se han extendido por toda la ciudad, donde se empieza a agotar la paciencia. Sin ir más lejos, este miércoles, miles de personas salieron a la calle a pedir la expulsión de los migrantes que continúan malviviendo en la ciudad autónoma. La protesta fue ante la sede del Gobierno español en el territorio, a quien exigen dimisiones. Los insultos a los migrantes y a los ministros fueron una constante durante la protesta. El mes largo que tardará Sánchez en dar explicaciones en el Congreso es el paradigma de la lentitud que ha caracterizado al Gobierno español en la toma de decisiones ante una crisis migratoria sin precedentes y que puede acabar suponiendo un precio muy alto para el Ejecutivo.

Con todas las encuestas apuntando hacia un gran auge de la extrema derecha en toda España, las imágenes de miles de personas entrando en Ceuta han sido gasolina para partidos como Vox —también el PP— que han aprovechado para hacer campaña desde un territorio que tildan de invadido. Después de la manifestación por las calles de la ciudad, una parte de los manifestantes ha intentado expulsar a los migrantes que permanecen en la playa de El Trampolín, que se ha convertido en una especie de campamento improvisado durante estas jornadas difíciles. La UIP tuvo que intervenir en este enfrentamiento y, mientras el gobierno ceutí hace un llamamiento a manifestarse para defender la ciudad, pero con sensatez, ante la falta de soluciones y la lentitud en la toma de decisiones desde Madrid (la comparecencia de Sánchez en el Congreso no será hasta un mes después de esta entrada masiva), situaciones como la de este miércoles se pueden ir multiplicando.

Medidas tomadas desde Madrid que indignan a los vecinos

Los medios locales de Ceuta recogen este sentir de la población local. Por ejemplo, desde El Faro de Ceuta explican la indignación ciudadana que ha generado la decisión del gobierno español de designar los polideportivos de la ciudad un espacio para acoger migrantes. "La intención de emplear todos los polideportivos de Ceuta para acoger migrantes ha supuesto un golpe duro para los ceutíes", recoge el diario, recogiendo la opinión de deportistas de la ciudad que advierten que todo ello tendrá efectos negativos sobre sus equipos. Es un ejemplo real de decisiones tomadas desde Madrid que han acabado echando más leña al fuego. El diario también ha advertido de los efectos sobre los niños de Ceuta, que durante las vacaciones de verano, que muchos pasaban en las playas de la ciudad, han visto llegar a miles de personas a sus calles. "Durante semanas en que muchos menores han visto restringida su actividad, eliminar los espacios deportivos supondría un perjuicio especialmente grave", advertían desde Ceuta. Ante la cascada de críticas, el Gobierno acabó dando marcha atrás.