Como si de una misión político- arqueológica se tratara, la protesta de los indignados del 15-M, y la votación soberanista del 9-N encontraron un peculiar eslabón perdido en el expresident Artur Mas y la disuelta Convergència i Unió, en un debate celebrado este miércoles en la Delegación del Govern en Madrid. Los protagonistas eran el politólogo y co-fundador de Podemos, Juan Carlos Monedero, y Anna Arqué, portavoz de la International Comission of European Citizens, llamados para abordar los paralelismos entre estas dos grandes movilizaciones de la sociedad civil en el siglo XXI.

"¡Pero nosotros íbamos contra Convergència"! exclamaba Mondero a modo de Eureka, para desmarcarse de las tesis de Arqué. El podemita aseguraba que las plazas ocupadas buscaban batir a la CiU de "los recortes" y el bipartidismo, en plena crisis económica y de desafección política el año 2011. Al contrario, para Arqué las consultas populares del 2009 habrían servido para forjar aliados en el Govern de Mas, "ponerles un espejo delante" y canalizar el derecho a decidir desde las instituciones. Es decir, la terminología schmittiana "amigo– enemigo" inherente a todo fenómeno político, ahora versión Arqué - Monedero. 

Pronto el choque sublimó con la visión estatocéntrica de cada uno de los ponentes. Con el recuerdo de la Semana Santa en mente, Monedero aseguró que los indignados se revelaron contra el Estado e hicieron sangrar sus "cuatro heridas": la colonial, porque muchos extranjeros perdieron el trabajo; la picaresca, como la corrupción; la social, por la pérdida de derechos con la crisis; y la territorial, con el derecho a decidir como una reivindicación inédita en un partido fundado en Madrid. Aquí se quejó de que el soberanismo "desprecia" aceptar que son un ítem dentro del pack democrático.

Ahora bien, Arqué, una de las impulsoras de consultas populares como la de Arenys, se resistía a ser una de las cuatro yagas de la pasión española del politólogo. Primero sentenció que el independentismo no buscaba ya regenerar el Estado, sino crear uno nuevo. Por tanto, no iba en contra de la Generalitat, sino que la instaba a la colaboración con la sociedad –ANC, Omnium– para hacer frente a la autoridad de Madrid. Después, dio la estocada al podemita con un dato clave: el 9-N del 2014 sí fue posterior al 15-M de 2011, pero las consultas venían de antes, del 2009. "Es que en el relato oficial no se tienen en cuenta". Sacudida a Mas.

Ágilmente, Monedero recogió el guante lanzando una bomba de oxígeno a En Comú Podem –que así como Podemos hace con el Partido Popular, siempre trata de ser el antagonista de los convergentes. "En Catalunya ha habido sectores de poder que usaron el derecho a decidir para reconvertir sus problemas. CiU era la enemiga contra la que luchábamos, y en una especie de bucle pasó a encabezar el derecho a decidir", criticaba. No satisfecho, levantó pasiones entre algún miembro del público diciendo que el partido de Jordi Pujol cae en las encuestas por la corrupción –y no por los costes del procés.

Tras una hora de diálogo, Monedero y Arqué sólo coincidieron en que tanto el 15-M, como el 9-N, sirvieron para la "politización social", según el madrileño, y de "pedagogía", para la catalana. También, en un "encuentro inédito entre las clases medias empobrecidas y populares" para Monedero, y el hecho de que el derecho a decidir pasara de ser un sentimiento individual a uno colectivo, en idea de Arqué. "Auquella gente no estábamos en partidos, sino en nuestra casa, y en las asambleas arraigó el hecho de que se podía votar por la independencia", indicaba. Pero siempre, "con ilusión".