La silla de Fernando Grande-Marlaska quedará vacía este miércoles en el Senado. El ministro del Interior no acudirá a las once de la mañana a la Comisión de Interior, donde el PP le había citado para que diera explicaciones sobre la gestión de la crisis migratoria de Ceuta. No es solo una ausencia. Es un nuevo episodio de la pugna que mantienen el Gobierno y los populares para decidir quién marca el calendario de la rendición de cuentas. El PP ha convertido su mayoría absoluta en el Senado en una de las principales palancas para apretar al ejecutivo de Pedro Sánchez. Ante la imposibilidad de controlar el Congreso, la cámara que decide la investidura y donde se construyen las mayorías parlamentarias que sostienen al Gobierno, los populares explotan su fuerza en la cámara alta para multiplicar comparecencias, comisiones e iniciativas con las que obligar a los ministros a dar explicaciones. La crisis de Ceuta ha ofrecido al PP una nueva oportunidad para aplicar esta estrategia. Marlaska había sido convocado este 12 de agosto para explicar las actuaciones del Ministerio del Interior en materia de seguridad ciudadana, la dirección de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y las competencias de extranjería después de la crisis migratoria. Pero el ministro no estará.
El Gobierno argumenta que Marlaska ya ha pedido comparecer por el mismo asunto en el Congreso y que quiere evitar "duplicidades". El ejecutivo ha planteado que cuatro ministros —Marlaska, Margarita Robles, José Manuel Albares y Félix Bolaños— comparezcan ante las respectivas comisiones del Congreso a finales de agosto. En concreto, Defensa lo haría el día 25, Presidencia el 27 e Interior y Exteriores el 28.
El PP quiere marcar los tiempos al Gobierno
La discrepancia aparentemente procedimental esconde una batalla política mucho más profunda. Para el Gobierno, comparecer ahora en el Senado y volver a hacerlo unas semanas después en el Congreso equivaldría a repetir el mismo debate. Pero para el PP, aceptar este argumento significaría permitir que sea el mismo ejecutivo quien decida dónde, cuándo y ante qué cámara se somete al control parlamentario. Y es precisamente aquí donde los populares intentan presionar a Sánchez. Desde que dispone de mayoría absoluta en el Senado, el PP ha buscado convertir la cámara alta en un contrapoder político en la Moncloa. No puede tumbar al Gobierno desde allí, pero sí dificultarle la agenda, obligarle a comparecer, prolongar debates y proyectar la imagen de un ejecutivo permanentemente bajo fiscalización.
La Constitución establece que tanto el Congreso como el Senado forman las Cortes Generales y participan en el control de la acción del gobierno. Por ello, la Presidencia del Senado rechaza la tesis del ejecutivo de que el Congreso sea, a estos efectos, una cámara que anule o sustituya el control ejercido por el Senado. El desacuerdo es, por tanto, también institucional: el gobierno defiende que dar explicaciones al Congreso es suficiente; el Senado reivindica su derecho a exigir las propias.
Ceuta da munición a Feijóo
La crisis migratoria de Ceuta ha multiplicado la presión sobre el ejecutivo y el PP no quiere dejar pasar la oportunidad. Los populares registraron peticiones de comparecencia tanto en el Congreso como en el Senado y han convocado sesiones extraordinarias en pleno mes de agosto para llevar a varios ministros ante las comisiones de la cámara alta. El objetivo político va más allá de obtener información. Si los ministros comparecen, el PP consigue situarlos durante horas ante una comisión que controla con su mayoría y someterlos a un interrogatorio político en el momento que considera más perjudicial para el Gobierno de Sánchez. Si no comparecen, los populares pueden acusar al ejecutivo de esquivar el control parlamentario. Es una pinza especialmente incómoda para la Moncloa: ir al Senado significa jugar en el terreno escogido por el PP; no ir permite al PP denunciar una 'plantada' institucional. Marlaska ha optado por la segunda vía.
Este miércoles, el ministro sí mantendrá una reunión con responsables de Protección Civil de las comunidades y ciudades autónomas y con la Agencia Estatal de Meteorología para coordinar el dispositivo relacionado con el eclipse solar de esta noche.
Robles, el precedente que presiona a Marlaska
La situación de Margarita Robles aún complica más la estrategia del Gobierno español. La ministra de Defensa también había comunicado que no podía asistir a la comparecencia prevista inicialmente en el Senado. Pero el PP asegura que, después de los contactos entre los equipos de Defensa y de la cámara alta, se acordó una nueva cita para el 18 de agosto. El ejecutivo, en cambio, ha cuestionado que esta fecha quedara definitivamente pactada. Esta diferencia no es menor. Si Robles acaba compareciendo en el Senado, los populares podrán presentarlo como la demostración de que su presión funciona y aumentar aún más el foco sobre Marlaska y Albares. El relato del PP se basaría en la premisa de que, si Defensa puede negociar una fecha con el Senado, Interior y Exteriores también pueden hacerlo.
Una batalla para decidir quién fiscaliza a Sánchez
El PP sabe que su mayoría en el Senado no le permite gobernar España, pero sí disponer de una plataforma institucional desde la que desgastar al ejecutivo. La Moncloa, a su vez, intenta impedir que esta mayoría convierta cada crisis política en una sucesión de comparecencias impuestas desde la cámara alta. El gobierno central sostiene que acudirá al Senado, pero rechaza hacerlo según los plazos que fijen unilateralmente los populares y prioriza las comparecencias en el Congreso. Así, detrás de la discusión sobre una comparecencia de Marlaska hay una cuestión mucho más elemental: quién tiene la capacidad de marcar los tiempos políticos al Gobierno.
El PP quiere demostrar que su mayoría absoluta en el Senado sirve para algo más que para aprobar mociones o retrasar leyes. Quiere convertirla en una máquina de fiscalización de Sánchez. Y el Gobierno intenta evitar que Alberto Núñez Feijóo transforme la cámara alta en el lugar donde los ministros tengan que ir cada vez que Génova decida ponerlos contra las cuerdas. Este miércoles, para empezar, el PP tendrá ante sí una silla vacía. Pero probablemente será precisamente esta ausencia la que permitirá a los populares seguir alimentando la batalla.
