No son días buenos para Josep Borrell. El ministro de Asuntos Exteriores está de los nervios y no es para menos. El show en la TV pública alemana, donde abandona la entrevista después de diez minutos de interrogatorio sobre Catalunya, se ha hecho público este jueves, pero según ha podido saber este diario, fue grabado hace justamente una semana, el jueves pasado. A pesar de las coacciones del ministerio para omitir aquel momento de la grabación, la televisión lo ha acabado emitiendo. Sólo tres días después de aquel incidente motivado por el conflicto en Catalunya, a Borrell le erupcionó otro volcán, el manifiesto de 41 senadores franceses de varios partidos, incluido La República Marcha de Emmanuel Macron. Ahora busca culpables y todos los dedos acusadores en el ministerio señalan al embajador en París Fernando Carderera.

La carta de los senadores corrió como la pólvora, en Catalunya, en España y más allá de los Pirineos. Los firmantes manifestaban sentirse "preocupados como europeos por los acontecimientos graves" relacionados con Catalunya, denunciaban el encarcelamiento preventivo de los líderes independentistas y "sin tomar partido sobre la independencia" pedían respeto a los derechos fundamentales. Un cóctel indigesto para Borrell, en aquel momento de viaje oficial por Sudamérica. ¿Cómo se le había podido colar un gol así en pleno despliegue diplomático contra el argumentario de los independentistas?

Al cabo de unas horas de haberse hecho público el documento, el secretario de estado español para la Unión Europea convocó al embajador francés a España. De aquella cita surgió dos comunicados. Uno de la diplomacia francesa dando apoyo a la unidad de España y mostrando "plena confianza en la capacidad democrática de España de llevar a cabo un diálogo político". El otro del propio ministerio, en el cual ya se apuntaba a la incompetencia de algunos por contrarrestar el discurso independentista. Se calificaba el manifiesto de inadmisible y se criticaba el alarmante nivel de desinformación de los senadores. Hay que recordar que desde el ministerio hace meses que trabajan para formar a sus representantes en el extranjero así como para neutralizar el cuestionamiento de la democracia española que el juicio al procés traslada a menudo a través de los corresponsales de Madrid.

Hace un par de días, el mismo Borrell salía al paso con unas declaraciones desde Argentina. Un discurso que evidenciaba la dimensión del conflicto. "Damos por cerrado el incidente con Francia", dijo, "haremos todo el posible para seguir defendiendo la democracia y la justicia españolas injustamente atacadas", añadió, "los senadores actúan a título individual, procuraremos darles toda la información para que se den cuenta de lo equivocada que es su percepción", remató.

La cuestión de fondo es: ¿y si resulta que sí que tienen la información y precisamente de ahí viene su pronunciamiento? Fuentes de la Casa de la Generalitat de Perpinyà apuntan a ElNacional.cat que "así como con la independencia tener apoyos era muy complicado, con la represión la cosa cambia, y más con las formas con que suele actuar la diplomacia española".

Carderera, de estirpe de diplomáticos, en el punto de mira

Fernando Carderera llegó a la embajada española de París el verano de 2017, en plena vorágine del 1-O. Una semana después de las cargas policiales contra los votantes, organizó un acto para defender la unidad de España durante el cual calificó el referéndum de golpe de estado.

Un año después, el mismo Carderera reprobó al alcalde de Perpinyà por haber recibido al president Quim Torra con un lazo amarillo en la solapa. Lo hizo a través de una carta en la cual tildaba a Torra de presidente anticonstitucional.

Pero es que el actual embajador es gato viejo en eso de la diplomacia. El año 2013 participó en la campaña diseñada por el exministro García-Margallo para contrarrestar la internacionalización del procés soberanista. En su etapa como embajador en Israel fue el encargado de enviar miembros de su equipo a vigilar de cerca el viaje y los contactos que hizo el president de Artur Mas.