España responde a Marruecos: "Ceuta y Melilla son españolas y europeas"

El Gobierno español ha respondido con contundencia a la nueva ofensiva política de Marruecos sobre Ceuta y Melilla. Después de que el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, reclamara abrir con Madrid un mecanismo específico para abordar el futuro de las dos ciudades y conseguir que "vuelvan al seno de la patria", el Ministerio de Asuntos Exteriores ha trasladado a Rabat que "Ceuta y Melilla son dos ciudades españolas" y que España rechaza y rechazará "taxativamente" cualquier planteamiento que cuestione su soberanía. La respuesta en forma de comunicado ha sido enviada por canales diplomáticos, según fuentes del departamento que dirige José Manuel Albares, que no han precisado si el ministro ha hablado directamente con su homólogo marroquí. Madrid ha querido, además, añadir un segundo elemento al mensaje: Ceuta y Melilla no solo forman parte de España, sino también del territorio de la Unión Europea. Exteriores recuerda que ambas ciudades forman parte de la integridad territorial y de la soberanía españolas "reconocidas internacionalmente" y son frontera exterior de la UE. Esta dimensión europea no es menor. El mismo Ministerio de Exteriores ha insistido durante las últimas semanas, a raíz de la crisis migratoria de Ceuta, que ambas ciudades están integradas en el sistema europeo de fronteras y tienen un régimen específico dentro de Schengen.

La réplica española llega después de que Ouahbi elevara el tono de la reivindicación marroquí. En una entrevista en la televisión pública 2M, el ministro de Justicia defendió que Marruecos tiene un "derecho histórico y geográfico" sobre Ceuta y Melilla y propuso formalizar un espacio de negociación con España. Ouahbi plantea crear una especie de "comisión de diálogo" bilateral dedicada específicamente a las dos ciudades, con el objetivo de encontrar una "solución definitiva" a su situación. El destino que imagina Rabat, sin embargo, deja poco margen a la interpretación: según el ministro, esta solución debería permitir que Ceuta y Melilla "vuelvan al seno de la patria" marroquí. "No es posible guardar silencio" sobre esta cuestión, sostuvo Ouahbi, que advirtió que seguirá formando parte del diálogo entre los dos países. Es un paso más respecto a las declaraciones que él mismo había hecho recientemente, cuando ya había advertido que Ceuta y Melilla seguían "sobre la mesa" y que Marruecos no renunciaba a reivindicar los territorios que considera suyos.

Marruecos insiste en considerar las dos ciudades autónomas españolas como parte de su patria, a pesar de que ni Ceuta ni Melilla han formado parte del Estado marroquí contemporáneo. La fórmula del "retorno" utilizada por Ouahbi responde a la narrativa territorial de Rabat, pero tiene un encaje histórico controvertido: Ceuta es de soberanía ibérica desde 1415 —primero portuguesa y después española— y Melilla está vinculada a la Corona de Castilla desde 1497, muchos siglos antes de la independencia del Marruecos contemporáneo en 1956. Pero Marruecos no construye su reivindicación sobre la idea de que las ciudades hubieran pertenecido anteriormente al Reino de Marruecos moderno, sino sobre una concepción histórica más amplia. Rabat considera el Estado marroquí heredero de los antiguos sultanatos y dinastías que gobernaron territorios del Magreb antes del protectorado francés y español, y sostiene que Ceuta y Melilla son enclaves coloniales europeos dentro de lo que considera su espacio territorial natural. Por eso habla de "retorno" o de "recuperación", aunque esta terminología expresa la narrativa política marroquí, no un hecho histórico indiscutible.

Madrid rechaza incluso entrar en esta negociación

La respuesta española intenta cortar de raíz este planteamiento. No se trata solo de que Madrid discrepe de la pretensión marroquí: el gobierno español rechaza que la soberanía de Ceuta y Melilla sea una cuestión susceptible de negociación. "Rechazamos y rechazaremos taxativamente cualquier planteamiento diferente respecto de Ceuta y Melilla", ha comunicado Exteriores a Rabat. Esto significa que el mecanismo de diálogo propuesto por Ouahbi nace, al menos desde la posición oficial española, sin recorrido: Madrid no acepta que exista un contencioso territorial pendiente que se tenga que resolver bilateralmente.

El gobierno español sitúa la cuestión en un terreno completamente diferente del que plantea Rabat. Para Marruecos, Ceuta y Melilla son territorios que deberían ser "retornados"; para España, son territorio español con plena continuidad jurídica y política y, por lo tanto, su soberanía no está abierta a discusión.

La UE, el segundo muro de la respuesta española

El énfasis de Exteriores en el carácter europeo de las dos ciudades tiene también una lectura diplomática. El gobierno de Pedro Sánchez intenta situar cualquier eventual presión marroquí no solo en el marco de las relaciones Madrid-Rabat, sino también en el de las relaciones entre Marruecos y la Unión Europea. Ceuta y Melilla forman parte del territorio de la UE y las normas del sistema Schengen se aplican también a sus fronteras, aunque dispongan de un régimen específico de control. España aplica un doble filtro: uno en la frontera terrestre con Marruecos y otro en la salida hacia la Península. Albares ya había reforzado este argumento durante su visita a Ceuta el 11 de agosto, cuando reafirmó el compromiso del Govern con la "soberanía y la integridad territorial de España" y anunció que Madrid buscaría más apoyo europeo para las dos ciudades.

Una reivindicación que reaparece en plena crisis de Ceuta

El momento elegido por el ministro marroquí añade tensión política a sus palabras. La reclamación llega pocas semanas después de la entrada masiva de migrantes en Ceuta del 30 de julio, que ha situado de nuevo la frontera con Marruecos en el centro de la política española y europea. Desde entonces, Madrid y Rabat han necesitado mantener una cooperación intensa para gestionar los retornos y estabilizar la frontera. El mismo Ministerio de Exteriores ha destacado el trabajo diplomático conjunto con Marruecos para facilitar las devoluciones de las personas que habían entrado irregularmente.

Es precisamente en medio de esta relación de cooperación necesaria pero cargada de desconfianza que Ouahbi vuelve a poner Ceuta y Melilla sobre la mesa. La respuesta española busca dejar claro dónde está la línea roja: Madrid puede negociar con Rabat sobre inmigración, fronteras, seguridad o cooperación bilateral, pero considera que la soberanía de Ceuta y Melilla no forma parte de esta agenda. Por eso, ante la propuesta marroquí de abrir una negociación sobre su “retorno", España ha optado por una respuesta corta pero cargada de significado político: Ceuta y Melilla son españolas, forman parte de la Unión Europea y su soberanía no se negocia.

La nueva ofensiva de Rabat llega, además, en un momento en que Marruecos se siente especialmente reforzado por el apoyo de Estados Unidos. Washington no ha reconocido ninguna soberanía marroquí sobre Ceuta y Melilla, pero algunas formulaciones surgidas en el Congreso estadounidense han encendido las alarmas en España. Un informe parlamentario reciente las describe como ciudades "administradas por España" situadas "en territorio marroquí" y recuerda la reivindicación histórica de Rabat. El texto no es vinculante ni avala el traspaso de las ciudades, pero representa un lenguaje especialmente sensible después de que Estados Unidos ya reconociera la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Para Rabat, este alineamiento estratégico con Washington puede reforzar la tentación de volver a situar Ceuta y Melilla en la agenda internacional.